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En una reciente columna para el Financial Times, John Glass, líder del Grupo de Biología Sintética en el Instituto J. Craig Venter, ha lanzado una seria advertencia sobre una tecnología emergente que, aunque aún no existe, podría representar un riesgo catastrófico para la vida en la Tierra: la vida especular.
Según Glass, en las próximas décadas, los científicos probablemente tendrán la capacidad de construir organismos cuyas moléculas son imágenes espejo de las que se encuentran en la naturaleza. Este avance, que representa una ruptura radical con la biología sintética tradicional, podría traer consigo peligros sin precedentes.
La biología sintética, el campo de especialización de Glass, se ha centrado durante décadas en la ingeniería de células y bacterias para crear vacunas, biocombustibles y productos farmacéuticos. Sin embargo, la vida especular utilizaría componentes completamente diferentes a los de cualquier forma de vida conocida. Por ejemplo, su ADN se enrollaría hacia la izquierda, en contraposición al nuestro, que lo hace hacia la derecha.
Si bien la investigación en células especulares ha sido limitada, los esfuerzos para construir un «ribosoma especular» —la fábrica de proteínas de la célula— ya están en marcha. Una vez logrado esto, sería relativamente sencillo crear bacterias especulares, la forma más simple de esta nueva vida.
Aquí es donde, según Glass, se abriría la caja de Pandora. Estas bacterias podrían evadir nuestros sistemas inmunológicos, ser inmunes a nuestros medicamentos y escapar de los controles naturales del ecosistema.
John Glass es profesor, líder del Grupo de Biología Sintética del JCVI y director del campus de La Jolla, California, en el Instituto J. Craig Venter.
«Nuestro sistema inmunológico produce respuestas de anticuerpos muy débiles, o nulas, contra las moléculas especulares», explica el científico. Una infección bacteriana de este tipo podría ser equivalente a sufrir múltiples inmunodeficiencias a la vez.
En el medio ambiente, estos organismos serían resistentes a depredadores naturales como virus y amebas, lo que les permitiría propagarse sin control, alterar las cadenas alimenticias y causar infecciones letales en múltiples especies. «Áreas contaminadas podrían volverse irreversiblemente inhabitables, comprometiendo nuestra agricultura y el mundo natural. Un número inmenso de personas, animales y plantas podrían ser aniquilados», advierte el científico.
Afortunadamente, la comunidad científica ha reconocido estos peligros antes de llegar a un punto de no retorno. Glass destaca una reunión histórica en el Instituto Pasteur de París, donde más de 150 científicos, legisladores y expertos de la OMS y la ONU se congregaron para discutir la amenaza de la vida especular.
El consenso general fue la necesidad de una regulación estricta y leyes que prohíban su creación. Glass coincide y subraya la urgencia de actuar. «El desarrollo de leyes puede requerir años. Las agencias de financiación pueden crear barreras concretas hoy», afirma, mencionando que la Fundación Alfred P. Sloan ya ha declarado que no apoyará investigaciones destinadas a crear organismos especulares.
Louis Pasteur fue el pionero en teorizar sobre la vida especular. En esta imagen se observan modelos de cristales derechos e izquierdos de tartrato de amonio, realizados por el químico y microbiólogo francés durante sus estudios de cristalografía y su descubrimiento de la disimetría molecular. Crédito: Instituto Pasteur/Museo Pasteur.
Durante el próximo año, se llevarán a cabo reuniones en instituciones de prestigio como las Academias Nacionales de Ciencias de EE.UU., la Universidad de Manchester y Harvard para establecer «líneas rojas» que protejan al planeta sin frenar los beneficios de otras áreas de la biología sintética.
Glass compara este momento con la crisis del ozono, cuando los investigadores se unieron para prohibir los clorofluorocarbonos. No obstante, ahora existe una oportunidad aún más rara: prevenir una amenaza global antes de que cause daño. «La solución es clara: debemos optar por no construir vida especular y aprobar leyes para asegurar que nadie pueda hacerlo», concluye...
La pregunta no es si podemos prevenir la amenaza, sino si actuaremos mientras todavía tenemos tiempo.
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