En busca del Primer Gigante

Cuando en la Tierra reinaban todavía los grandes saurios, aparecieron los primeros mamíferos. Eran como ratones pequeños y traían novedades encantadoras: peluditos, tibios, vivaces, con ojillos nerviosos y aguda nariz inquisitiva. Sus hembras poseían unas glándulas de las que brotaba el gran invento, ¡la leche!

Comenzaba de verdad a existir la mamá en la faz del planeta. Por primera vez había criaturas que desde el instante de nacer se iniciaban en la noción primordial de la ternura expresada en tibieza, leche, olor y arrullo.

Andaban asustados casi todo el tiempo. Si tenían que salir huyendo a escape, su única esperanza de salvación consistía en su habilidad para correr en ángulos cerrados y cambiar bruscamente de dirección, porque lo que es en línea recta…

Los pasos seniles de un brontosaurio decrépito lo hacían avanzar a unos seis metros por segundo, es decir, recorría 100 metros en menos de veinte segundos; no la marca de un campeón olímpico, pero sí la carrera a máxima velocidad de un hombre común de unos treinta años. Y el anciano brontosaurio en cuestión podía mantener su velocidad por horas y horas. ¡lmaginémonos ahora la velocidad que debe haber alcanzado un joven y atlético Tyranosaurus Rex estimulado por el deseo de desayunar!

Los grandes saurios tenían Botas de Siete Leguas, como el gigante del cuento, por la sola longitud de sus pasos. Pero no nos interesan aquí los grandes saurios. Como gigantes resultan demasiado fósiles. Lo que sí resulta interesante es que de aquellos primeros mamíferos, animalejos diminutos, fueron naciendo cachorros cada vez más grandes.

Grabado inglés del siglo XVIII, época en que la gente aún creía en la subsistencia de los gigantes.

Hasta que llegó el Mioceno, hace cosa de 25 millones de años; y la Tierra pareció conmovida por la moda de mamíferos gigantes. Apareció el gran Mamut con el Mastodonte, el Megaterio, el Dinoterio y el Milodón. El Rengífero, un arcaico pariente de los ciervos, más grande que un gran caballo, cuernos de 4 metros. El gran Oso de las Cavernas, de 5 a 6 metros de alto cuando se alzaba sobre las patas traseras.

Los caballos crecieron desde el tamaño de un perrito fox terrier hasta la alzada, comparativamente enorme y majestuosa, de un “pony” de las Shetland o un “mampato” de Chiloé, en el sur de Chile. Claro que después los caballos siguieron creciendo, y los ponys y mampatos de hoy parecen juguetes al lado de un percherón de tiro pesado.

De estos animales enormes, muchos sobrevivieron el paso de los siglos y más siglos, tanto, que aún existían en la Tierra cuando el hombre apareció. Y de éstos, varios siguieron existiendo cuando el ser humano ya había evolucionado hasta convertirse en el hombre moderno, hace unos diez mil años.

Uno de ellos fue el jabalí gigante, que tenía una calavera de un metro con sesenta centímetros de largo. Debe haber sido tan grande como un elefante menudo, pero endiabladamente ágil y dotado de una fuerza formidable. Además tenía un carácter tan malvado e irascible como los jabalíes de hoy.

De esto dan testimonio las tradiciones y leyendas de los primeros griegos que relatan los destrozos causados por tales bestias, el número de valientes cazadores que perecieron intentando darles muerte hasta que llegaba un héroe especial, bendito por los dioses, que conseguía atraparlos. Teseo, el héroe aqueo, mató a uno de esos jabalíes.

Cuando los hombres de nuestros días se enteraron de esas leyendas creyeron que sólo se trataba de fantasías y exageraciones. Pero en la década de 1950 los paleontólogos encontraron numerosos restos fosilizados de estos monstruos, que corresponden muy bien a la descripción hecha por los poetas griegos que, al parecer, no eran ni mentirosos ni exagerados. Quizás sólo un poco aficionados a las alegorías y parábolas.

De los grandes mamíferos prehistóricos, llamados también “antediluvianos”, el Megaterio hallado en el Cerro Blanco, en las cercanías de Santiago de Chile y el Milodón hallado en una inmensa caverna en la región magallánica, vivieron hace unos diez mil años también, y posiblemente su extinción se haya debido a que eran presa demasiado lerda para los siempre hambrientos inmigrantes humanos.

El milodón magallánico estaba dentro de una caverna que daba muestras de haber sido albergue de seres humanos. Resulta lícito preguntarse si no habrá sido llevado hasta allí por un grupo de felices cazadores. Claro que, admitámoslo, esos cazadores tendrían que haber sido fantásticamente forzudos. Deberían haber tenido verdaderas fuerzas de gigante para arrastrar hasta su albergue, montaña arriba, una presa de varias toneladas.

Pero no nos adelantemos a los hechos. Estamos todavía en busca del primer Gigante, y más vale que lleguemos a él de inmediato. El más antiguo gigante conocido por la ciencia murió hace unos trescientos mil años en lo que hoy es el Sur Este de China. Sus restos fueron encontrados por el célebre paleontólogo oriental Dr. Pei Wen Chung. Se encontraban en satisfactorio estado de conservación y pertenecían a un hombre bastante joven… ¡de tres metros cuarenta centímetros de alto! A su lado, un campeón watusi habría parecido un chiquilín escuálido.

Hasta los gigantes crecen

Era un descubrimiento portentoso. Pero pronto fue sobrepasado por otro hallazgo hecho por militares franceses pocos años después en la región de Agadir, al Norte de Africa. Allí los arqueólogos encontraron un taller de la Edad de la Piedra Tallada, paleolítico avanzado, donde se apreciaban los utensilios y herramientas comunes a los demás yacimientos o “estaciones” arqueológicas de dicha Edad de Piedra. La única diferencia estaba en el tamaño de los utensilios, armas y herramientas… ¡que era veinte veces mayores que las normales! De acuerdo a sus dimensiones y su peso, debían haber sido hechas y usadas por hombres cuya estatura seria entre 4 metros 20 y 4 metros 60 centímetros. Al lado de estos gigantes moros, el gigante chino se habría visto como un niñito.

Cuesta imaginarse la enormidad de un gigante de 4 metros y medio, sobre todo porque la ilusión difundida por el cine, con fantasiosos geniales como Walt Disney, nos han habituado a la imagen de gigantes de treinta metros de alto. La verdad es que un gigante de Walt Disney es por completo un absurdo físico y biológico en nuestro planeta. De haber existido un gigante así, se habría derrumbado y roto su esqueleto bajo la mole de su propia carne. No habría podido dar un paso. Habría caído, quizás de espaldas, y pronto su carne aplastada habría estallado en llagas, mientras que la piel tensa de la parte superior se habría rasgado, junto con las membranas de los órganos. El desdichado habría perecido miserablemente víctima de su propia enormidad, inmovilizado como una ballena azul varada en la costa.

Pero cuatro metros y medio es un tamaño realmente portentoso en términos humanos. Ningún caballero armado de lanza, espada y armadura resplandeciente habría tenido ni la más remota posibilidad de enfrentarlo. El gigante habría visto al caballero más o menos de la misma manera como Ud. podría ver a un niñito de tres años montado en su triciclo.

Y sin embargo, ante los ojos espantados de la Ciencia, todavía faltaba algo más por descubrir. Estaba en Gargayán, Filipinas.

Se trataba de un gigante prehistórico cuyos dientes delanteros, los incisivos, tenían cada uno cinco centímetros de ancho por quince de largo. Con infinitos cuidados fueron desenterrando los huesos ennegrecidos por la humedad y el tiempo que los habían puesto frágiles. Eran huesos humanos y humano también era el cráneo. Lo que no era humano en absoluto era el tamaño del difunto: ¡cinco metros con dieciocho centímetros de esqueleto! En vida, aquel gigante debe haber alcanzado una estatura de cinco metros cuarenta centímetros.

Ahora los gigantes del Agadir eran los llamados a parecer niños al lado del recién aparecido en la escena científica de los gigantes.

Las proporciones del gigante filipino no diferían sustancialmente de las proporciones de los humanos comunes de la misma época. Su capacidad craneana era mezquina pero indiscutiblemente humana y con posibilidades de desarrollar una cultura.

Publicado el 29 de enero de 2010 1 comentario
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 1 comentario
Comentarios
sep 11, 2016
23:45
#1 Anonimo:

Esta Genial loco, los aliens tenian contacto con ellos, saludos y buen trabajo.

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