3. El gobierno no puede mantener secretos: Es realmente asombroso como se hacen muchas afirmaciones concernientes a la supuesta incapacidad del gobierno para mantener secretos. La gente que hace tales suposiciones usualmente no tiene ningún conocimiento acerca de nuestros sistemas de seguridad, y solamente son conscientes de algunos de los secretos que han sido revelados. Los ejemplos típicos son el derribamiento del U-2 de Gary Powers sobre Rusia que probó que los aviones de EE.UU. habían violado el espacio aéreo Soviético y la liberación de todo tipo de información acerca del escándalo de Watergate sobre una variedad de actividades domésticas de la CIA. El razonamiento es que si hubiera alguna información restringida sobre OVNIs, ésta habría sido encontrada por los investigadores de los medios de prensa. Algunos directivos relativamente prestigiosos de la NASA o de otras organizaciones creen que si hubiera algo escondido sobre OVNIs, ellos lo sabrían. Por supuesto, una consideración más cuidadosa indicaría que la mayoría de los secretos que son llevados a la luz pública, son llevados en forma intencional por los “Gargantas Profundas” de la escena política y de que no hay manera de saber cuanto está escondido a partir de lo poco que ha salido a la luz.

El solo hecho de que haya habido tan solo un Daniel Ellsberg liberando documentos clasificados gubernamentales (para el caso se trataba de documentos políticos desactualizados), debería indicar que las barreras para liberar información secreta son muy altas en verdad. Las penas son muy duras, tales como la muerte y pena perpetua, confiscación de todos los beneficios y pensiones, multas de 10.000 dolares, etc. Todas las personas con acceso a material restringido tienen que firmar declaraciones de que ellos nunca jamás revelaran aquella información. Toda la gente con altos permisos de acceso a material restringido sabe que el requisito principal para el acceso a la información es el sistema “need to know”, el cual prohíbe el acceso a las personas que no necesitan saber la información para realizar sus labores, no importando su nivel de autorización para acceso a la información. Aquellos que si tienen “need to know” y tienen la información no hablan. El Senador Barry Goldwater admitió que él le había solicitado a Curt Lemay ver los archivos OVNI pero que le había sido negada la petición y se le había dicho que no preguntara de nuevo.

Las revelaciones de Watergate no tienen, por supuesto, ninguna relación con la liberación de información clasificada, acceso a material clasificado, o cualquier cosa relacionada con la seguridad nacional. Las sanciones involucradas se relacionaron con violación civil no asociada a seguridad militar o gubernamental.

Ha habido también declaraciones ingenuas al respecto de que no hay razón posible para un encubrimiento gubernamental excepto el miedo al pánico (lo cual ignora completamente el profundo significado militar de que los platillos voladores puedan violar cualquier espacio aéreo, y el beneficio potencial para cualquiera que pueda duplicar sus características de vuelo). Algunos científicos académicos incluso han sugerido que dado que ellos están recibiendo contribuciones federales por su trabajo, deberían saber acerca de todo lo que ocurre bajo seguridad. Igualmente absurdas son las afirmaciones hechas por periodistas que dicen que dado que ellos saben de todo lo que está pasando, sabrían todo acerca de cualquier cosa restringida que tenga que ver con los OVNIs.

Una crítica mucho más detallada sobre estas actitudes se puede ver en la referencia 20. Al final de cuentas, esta claro que los OVNIs representan información vital de inteligencia, un tipo de Watergate Cósmico para todas las agencias gubernamentales y de inteligencia.

4. Los OVNIs violan las leyes de la física y la tecnología asociada a ellos es imposible: Algunas de las críticas (provenientes usualmente de los académicos en física y astronomía quienes saben casi nada en un sentido práctico acerca de diseño u operación de propulsión espacial o atmosférica) incluyen las siguientes afirmaciones ingenuas: tomaría demasiado tiempo o demasiada energía llegar hasta acá desde otro sistema estelar; una vez aquí, ninguna nave podría evitar hacer estampidos sónicos; ninguna nave con seres vivos a bordo podría realizar giros bruscos en ángulo recto; ninguna nave podría moverse a varios miles de kilómetros por hora sin incendiarse casi instantáneamente; ninguna nave podría moverse hacia adelante y luego hacia atrás sin darse la vuelta; ninguna nave podría literalmente volar en círculo alrededor de un cohete o de un avión de alto rendimiento; ninguna nave tridimensional real podría parecer que desaparece repentinamente de la vista o de la pantalla del radar, etc. Todas estas falsas suposiciones están basadas en asumir injustificadamente la forma en que deberían conseguirse ciertos objetivos y son tan útiles como el hecho de señalar que es imposible viajar confortablemente desde San Francisco (California) hasta Sydney (Australia) en una bicicleta. Esas suposiciones muestran que uno puede demostrar que cualquier meta es imposible si uno hace cualquier suposición lo suficientemente inapropiada.

Una característica que todos estos argumentos parecen compartir es la de evitar cuidadosamente enfrentar los hechos tecnológicos que indican que ciertos objetivos que son inalcanzables con cierta técnica, pueden ser alcanzados usando otra. Los pequeños computadores rápidos, baratos, tamaño de bolsillo, y operados por baterías podrían ser imposibles de construir con las versiones miniaturizadas de sistemas de engranajes de los años 1950s, pero son fácilmente obtenibles usando los recientemente desarrollados microcircuitos integrados. Los viajes interestelares que involucran cohetes a propulsión química bruta o aceleraciones limitadas a 1 G (corresponde a una medida de la aceleración y equivale a un aumento de velocidad de 34 Km/hora por cada segundo transcurrido) o la misma nave realizando ambos tipos de viajes atmosféricos y espacial, podrían no ser prácticos. Sin embargo, el uso de un sistema de propulsión atmosférica de sistema magneto-aerodinámico (como los usados en los módulos de excursión terrestre) y sistemas nucleares para viaje espacial, entregan una nueva visión sobre la plausibilidad de todos los aspectos técnicos de los platillos voladores. Adicionalmente, cualquier estudio del desarrollo tecnológico en los últimos 100 años revela varios hechos importantes:

•El progreso técnico casi siempre viene principalmente de mejorar los sistemas viejos tanto como sea posible hasta que su límite inherente es alcanzado, para luego cambiar completamente el método usado para alcanzar el objetivo. El progreso proviene de realizar las cosas en forma diferente y en una forma impredecible. Los lásers no son simplemente ampolletas mejoradas. Los cohetes de propulsión a fusión nuclear en los cuales trabajé a los principios de los 1960s no son simplemente mejores cohetes químicos.

• Cada generación de académicos, en particular, parece pensar que toda la ciencia ya ha sido descubierta y con ella toda la ingeniería y que no hay otra interpretación que aquella que han sugerido ellos. También se confunden al no aprender de las proclamaciones del pasado acerca de la imposibilidad de una gran gama de objetivos que han sido obtenidos luego. Es tentador recordar la vieja noción de que: “Aquellos que pueden, hacen. Aquellos que no pueden, enseñan”.

• Casi todos los desarrollos tecnológicos han venido de ingenieros prácticos en vez de los ruidosos negativistas de la academia. Uno sólo tiene que pensar en el Dr. Campbell, un célebre astrónomo canadiense, quien calculó a principios de los 1940s (Ref. 21) que la carga inicial de combustible químico capaz de llevar al hombre a la Luna de ida y vuelta habría de ser de un millón de millones de toneladas. Por supuesto, él hizo tan “inteligentes” suposiciones como que el vuelo debería estar limitado a 1 G de aceleración; que todo el cohete sería de una sola etapa lanzado desde la superficie de la Tierra, cargado en la Luna, lanzado en la Luna y desacelerado químicamente en vez de aerodinámicamente. Él hizo toda una gama de otras suposiciones inapropiadas de manera que terminó equivocado en sus cálculos por un factor de 300 millones dado que ¡hicimos llegar a tres astronautas a la Luna de ida y vuelta con un cohete químico cuya carga inicial era de solo 3.000 toneladas!

Los cohetes nucleares serían por lejos mucho más sofisticados y difíciles de desarrollar. Pero el potencial es enorme. Un cohete de fusión apropiadamente diseñado, por ejemplo, sería capaz de propulsarse expeliendo partículas que tengan 10 millones de veces más energía por partícula que aquellas expelidas en un cohete a propulsión química y que podría usar isótopos fácilmente disponibles cerca de cualquier estrella.

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