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Un equipo de investigadores de la Universidad de Zúrich y el NCCR PlanetS ha puesto en duda la clasificación tradicional de los planetas más externos de nuestro sistema solar. Según su estudio más reciente, la composición interna de Urano y Neptuno podría ser mucho más rocosa y menos gélida de lo que la comunidad científica ha creído durante décadas.
Tradicionalmente, los planetas del sistema solar se dividen en tres categorías: los cuatro rocosos (Mercurio, Venus, Tierra y Marte), los dos gigantes gaseosos (Júpiter y Saturno) y los dos «gigantes de hielo» (Urano y Neptuno). Sin embargo, el nuevo modelo sugiere que estos dos últimos podrían no encajar tan perfectamente en su etiqueta.
El estudio no afirma de manera categórica que los planetas sean exclusivamente rocosos, sino que desafía la idea de que el hielo sea la única posibilidad dominante. Esta nueva interpretación es coherente con descubrimientos recientes en otras regiones del sistema solar, como el hecho de que el planeta enano Plutón posee una composición dominada principalmente por rocas.
«La clasificación de gigante de hielo es una simplificación excesiva, ya que todavía entendemos muy poco sobre Urano y Neptuno», explica Luca Morf, estudiante de doctorado en la Universidad de Zúrich y autor principal del artículo publicado recientemente en la revista Astronomy & Astrophysics.
Para corregir esto, el equipo desarrolló lo que caratuló como un «enfoque agnóstico»: un proceso de simulación único que no depende de suposiciones previas, combinando la física teórica con datos empíricos.

Urano podría ser un gigante de hielo (izquierda) o un gigante de roca (derecha) según los supuestos del modelo, afirman los investigadores. Crédito: Keck Institute for Space Studies/Chuck Carter.
Este planteamiento se traduce en una ejecución técnica muy específica: en lugar de partir de una base fija, el análisis arranca con un perfil de densidad aleatorio del interior planetario que luego se ajusta calculando el campo gravitatorio consistente con las observaciones. Este ciclo se repite de forma iterativa hasta que los modelos coinciden plenamente con los datos captados por las misiones espaciales.
«Es algo que sugerimos por primera vez hace casi 15 años, y ahora finalmente tenemos el marco numérico para demostrarlo», revela Ravit Helled, profesora de la Universidad de Zúrich e iniciadora del proyecto.
La investigación también arroja luz sobre los extraños campos magnéticos de estos mundos. Mientras que la Tierra tiene polos magnéticos definidos (Norte y Sur), Urano y Neptuno presentan múltiples polos.
El modelo sugiere la existencia de capas de «agua iónica», un estado de la materia donde el agua se comporta de forma conductora debido a presiones extremas. Estas capas generarían «dinamos» magnéticos en ubicaciones que explican por qué estos planetas no tienen un campo dipolar simple.
Además, el estudio determinó que el campo magnético de Urano se origina a una mayor profundidad que el de Neptuno.
A pesar del avance, los investigadores admiten que aún queda incertidumbre sobre cómo se comportan los materiales bajo las condiciones extremas de presión y temperatura en el corazón de un planeta.
«Tanto Urano como Neptuno podrían ser gigantes de roca o de hielo dependiendo de las suposiciones del modelo. Los datos actuales son insuficientes para distinguirlos, por lo que necesitamos misiones espaciales dedicadas que revelen su verdadera naturaleza», concluye Helled.
Este estudio no solo redefine nuestra visión de los vecinos más lejanos, sino que guía la futura investigación científica sobre la formación de planetas en condiciones extremas.
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