La meseta de Guiza vuelve a sacudir los cimientos de la arqueología convencional tras la reciente publicación de documentos e ilustraciones inéditas procedentes de los archivos de la Fundación Edgar Cayce.

En el círculo, el médium estadounidense Edgar Cayce (1910). Crédito: MysteryPlanet.com.ar.

Las imágenes, que nunca antes habían salido a la luz pública, ofrecen datos detallados sobre la ubicación y las vías de acceso a la mítica «Pirámide de los Registros». Según las lecturas psíquicas del célebre «Profeta Durmiente», este espacio subterráneo albergaría los archivos históricos de la Atlántida, trasladados a Egipto antes de los últimos cataclismos en el 10.500 a.C.

Aunque Cayce detalló la existencia de una «Pirámide de los Registros» o «Salón de los Registros», la idea de un monumento subterráneo ya contaba con antecedentes visuales, como un gráfico publicado en 1913 por la revista The Sphere basado en las excavaciones de George Reisner. Sin embargo, aquellas ilustraciones carecían de explicaciones estructurales profundas. Las precisas descripciones de Cayce han permitido a los investigadores contemporáneos reducir el área de búsqueda actual a un radio concentrado de apenas 50 metros.

Cayce no fue el primero en sugerir una pirámide subterránea. Existía, al menos, una referencia visual a una de ellas en la imagen de 1913 publicada por The Sphere, supuestamente basada en las excavaciones de George Reisner.

¿ADN extraterrestre como registro?

La documentación que ahora ve la luz fue depositada en los archivos de la Asociación para la Investigación y la Ilustración (ARE) a finales de la década de 1970. En aquellos años, Hugh Lynn Cayce, hijo del profeta, colaboraba activamente con el Stanford Research Institute (SRI) y el egiptólogo Zahi Hawass en la realización de estudios sísmicos en torno a la Esfinge.

Los planos revelados demuestran que el verdadero propósito de estas investigaciones científicas era la localización exacta de la pirámide subterránea, un proyecto que incluso despertó el interés de la CIA tras los experimentos de visión remota de Ingo Swann.

Sección transversal que muestra la pirámide sepultada incorporada al montículo existente al noreste de la Esfinge.

Los mapas archivados muestran un túnel que se origina en el hombro derecho de la Esfinge y avanza en dirección noreste hacia la pirámide sepultada bajo el pueblo de Nazlet El Samman. Esta ruta coincide de forma exacta con la zona investigada en 2010 por el documentalista William Brown, quien localizó el acceso justo debajo de un establo de caballos de su propiedad. Según las lecturas originales de Cayce, existe un pasaje que conecta la garra derecha del monumento con la entrada de la cámara, advirtiendo que el recinto está protegido por guardianes y exige una profunda comprensión espiritual para ser transitado.

Plano del área de la Esfinge, modificado a partir del de Salim Hassan (Excavaciones, VIII, Lám. XVI).

La búsqueda de este legado histórico dio un giro trágico en 2010, cuando una excavación ilegal en la aldea de Nazlet El Samman descubrió una tumba profunda a 150 metros de la Gran Esfinge. El hallazgo terminó en un desastre provocado cuando el pozo colapsó, sepultando vivos a seis trabajadores. Testigos locales denunciaron que el derrumbe fue intencional con el fin de silenciar a quienes presenciaron el descubrimiento y extraer de prisa un extraño sarcófago cuyo contenido conmovió profundamente a las autoridades policiales de la zona.

En algún momento después de que se tomaran estas fotos (1979), toda la zona se llenó de arena y desechos, hasta que en 2010 Bill Brown organizó el «Proyecto de Limpieza de Cuevas», descubriendo al menos cinco entradas sepultadas. Tres de estas fueron pronto selladas con cemento y camufladas en la roca madre, mientras que las otras dos fueron cerradas con puertas metálicas bajo llave. La tumba que se muestra aquí en la década de 1970 está, probablemente, detrás de una de esas cinco entradas, ninguna de las cuales podemos examinar hoy en día.

Es precisamente a partir de este incidente donde cobra sentido la hipótesis del ADN. Los testigos del pueblo afirmaron que la momia hallada en el sarcófago era de origen no humano. Al cruzar este relato con las lecturas de Cayce, los investigadores plantean que el código genético de un ser de estas características podría haber sido considerado, en sí mismo, un registro biológico de información pura.

Bajo esta perspectiva, el Salón de los Registros no consistiría únicamente en un conjunto de textos antiguos, sino en una combinación de soportes físicos que incluirían las 32 tablillas de piedra descritas por el profeta, inscripciones en los muros de roca, códigos arquitectónicos e incluso tecnología de almacenamiento en cristales de cuarzo o agua estructurada, funcionando de manera similar a los discos duros de la informática moderna.

Mapa aéreo de la Esfinge y el túnel que conecta con la Pirámide de los Registros subterránea, publicado con permiso de los archivos de la Asociación para la Investigación y la Ilustración. (EdgarCayce.org)

Evidencias científicas y escaneos del subsuelo

A pesar del escepticismo institucional, múltiples investigaciones científicas independientes han acumulado pruebas sobre estas anomalías subsuperficiales. En su tesis de 1991, el arqueólogo Mark Lehner confirmó que el equipo del SRI detectó en 1977 un vacío característico de un pozo vertical en el lado sur de la Esfinge. Trabajos previos dirigidos por Emile Baraize en 1925 ya habían documentado una apertura forzada en el cuerpo del monumento que albergaba fragmentos de una colosal estatua de Osiris, lo que sugiere que exploradores del pasado conocían la existencia del pozo e intentaron acceder a la red subterránea.

Representación de la posición original de la estatua de Osiris sugerida por Baraize, de Archaeology of an Image, Mark Lehner.

El entramado de túneles también aparece reflejado en mapas históricos de 1932 dibujados por Emile Dantine durante las excavaciones profundas del profesor Selim Hassan. Estos gráficos, que sirvieron de base para publicaciones posteriores de H.C. Randall Stevens y Harvey Spencer Lewis, señalan conexiones directas entre la Esfinge y las tres pirámides principales, enlazando además con el Pozo de Osiris. Adicionalmente, misteriosas perforaciones cilíndricas detectadas en el Templo de la Esfinge la década pasada apuntan a que investigadores pioneros, como Marjorie Hansen, realizaron sondeos motivados directamente por las lecturas de Cayce.

Harvey Spencer Lewis.

La tecnología de teledetección moderna ha terminado por consolidar estas sospechas. En 2004, un escaneo geofísico de Glen Dash identificó claras anomalías estructurales a lo largo de la ruta del túnel ilustrado por la ARE. Dos años más tarde, el doctor Abbas Mohamed Abbas documentó mediante radar de penetración terrestre un complejo entramado subterráneo al este del Templo del Valle, describiéndolo formalmente como un sistema de transporte oculto.

Crédito: Glen Dash, Ancient Egypt Research Associates.

Actualmente, la Fundación de Rescate Arqueológico recopila fondos para solicitar los permisos oficiales ante el Ministerio de Turismo y Antigüedades de Egipto. El plan contempla la utilización de sensores no invasivos y perforaciones de núcleo en la zona del establo, un área que no compromete la estructura de los monumentos visibles y que promete revelar el descubrimiento arqueológico más importante de la historia humana.

Referencia:

Por Trevor Grassi para MysteryPlanet.com.ar.

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