Los datos de la misión espacial Gaia han revelado una gigantesca onda expansiva que agita el disco de nuestra galaxia, probablemente causada por un evento masivo en su pasado.

Una ola colosal se propaga por la Vía Láctea, según datos de la misión Gaia

Se muestra una ilustración de una galaxia espiral vista de canto. Revela el fino disco de la galaxia y el bulbo central vistos de perfil. Superpuesta hay una visualización de datos, con colores que van del azul al rojo. Crédito: ESA/Gaia/DPAC, S. Payne-Wardenaar, E. Poggio et al (2025).

Los astrónomos han descubierto una colosal onda que se propaga por el disco exterior de la Vía Láctea, gracias a las mediciones de alta precisión de la misión Gaia de la ESA. Este fenómeno, similar a las ondas concéntricas que se forman al lanzar una piedra a un estanque, está alterando el movimiento de las estrellas a decenas de miles de años luz del Sol.

Si bien hace décadas que sabemos que el disco de la Vía Láctea está «alabeado» (curvado en los bordes) y que, como descubrió Gaia en 2020, también «tiembla» con el tiempo, este nuevo hallazgo revela una perturbación a una escala mucho mayor.

Visualizando la onda galáctica

La capacidad única de Gaia para medir la posición y las velocidades tridimensionales de las estrellas ha permitido a los científicos crear mapas sin precedentes de nuestra galaxia.

En las nuevas visualizaciones, se puede observar la onda desde una perspectiva lateral. Esta vista revela el alabeo: la parte «izquierda» de la galaxia se curva hacia arriba y la «derecha» hacia abajo. Pero también muestra la nueva onda: en las zonas rojas, las estrellas se sitúan por encima del disco alabeado, y en las azules, por debajo.

Esta imagen consta de dos lados. Lado izquierdo: Se muestra una vista superior de una galaxia espiral. Tiene un bulbo central brillante con varios brazos espirales que irradian hacia afuera. Superpuesta en la parte inferior de la galaxia hay una visualización de datos, con colores que van del azul al rojo. Una etiqueta que dice 'Sol' marca una ubicación específica dentro de esta superposición. Lado derecho: Se presenta una vista de canto de la misma galaxia espiral. Revela el fino disco y el bulbo central de la galaxia vistos de perfil. Puntos de colores están dispersos a lo largo del disco, representando los mismos datos que la superposición del lado izquierdo. Crédito: ESA/Gaia/DPAC, S. Payne-Wardenaar, E. Poggio et al (2025).

«Lo que hace esto aún más convincente es nuestra capacidad, gracias a Gaia, de medir también el movimiento de las estrellas dentro del disco galáctico», afirma Eloisa Poggio, astrónoma del Istituto Nazionale di Astrofisica (INAF) en Italia y líder del equipo.

La onda se extiende por una porción enorme del disco galáctico, afectando a estrellas que se encuentran a distancias de entre 30.000 y 65.000 años luz del centro galáctico.

Como «la ola» en un estadio

Lo que confirma que se trata de una onda en movimiento, y no de una estructura estática, es el análisis de las velocidades de las estrellas.

«La parte intrigante no es solo la apariencia visual de la estructura de la onda en el espacio 3D, sino también su comportamiento ondulatorio cuando analizamos los movimientos de las estrellas dentro de ella», explica Poggio.

El equipo observó que el patrón de los movimientos verticales (representados por flechas blancas en la imagen) está ligeramente desplazado horizontalmente en relación con el patrón de las posiciones de las estrellas (los colores rojo y azul).

La imagen presenta un fondo oscuro con una línea horizontal delgada y brillante que se extiende por el centro. Este es el disco de nuestra galaxia. Por encima y por debajo de esta línea, numerosas flechas blancas apuntan hacia arriba y hacia abajo. Estas flechas varían en longitud y se distribuyen uniformemente a lo largo de la línea. Dispersos entre las flechas hay pequeños puntos rojos y azules. La visual se asemeja a una visualización de datos astronómicos, ilustrando las posiciones y los movimientos de las estrellas en nuestra galaxia. Crédito: ESA/Gaia/DPAC, S. Payne-Wardenaar, E. Poggio et al (2025).

Poggio lo compara con «la ola» que hace el público en un estadio. Si viéramos esa ola congelada en el tiempo, algunas personas estarían de pie (la cresta de la ola, en rojo), otras se estarían sentando (la onda ya pasó) y otras se estarían preparando para levantarse (la onda se acerca).

En esta analogía, las personas con el mayor movimiento vertical hacia arriba (los que apenas empiezan a levantarse) están justo delante de la cresta (la gente que ya está de pie). Esto es exactamente lo que Gaia ha medido en la Vía Láctea, confirmando que la perturbación se está propagando.

El misterio de su origen

Para rastrear este movimiento, el equipo se centró en estrellas gigantes jóvenes y estrellas Cefeidas, que son brillantes y fáciles de medir a grandes distancias. Los científicos creen que el gas del disco galáctico también participa en esta onda, y que las estrellas jóvenes «recuerdan» el movimiento del gas del que nacieron.

El origen de este «terremoto» galáctico sigue siendo un misterio. Una colisión pasada con una galaxia enana es una de las posibles explicaciones, pero se necesita más investigación para confirmarlo.

Los datos del satélite de observación estelar Gaia de la ESA muestran que el disco galáctico alabeado de la Vía Láctea precesa, o se tambalea, de forma similar al movimiento de una peonza. Crédito: Credits: Stefan Payne-Wardenaar.

Este fenómeno es distinto de la conocida «Onda de Radcliffe», un filamento de gas mucho más pequeño (9.000 años luz de largo) y situado mucho más cerca del Sol. «Las dos ondas pueden estar relacionadas o no. Por eso queremos investigar más», añade Poggio.

Se espera que el próximo gran catálogo de datos de Gaia proporcione mapas aún más precisos que ayuden a desvelar los secretos de estas dinámicas estructuras en nuestra galaxia.

Fuente: ESA. Edición: MP.

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