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Patrick M. Shober, investigador de la NASA en ciencias planetarias, ha descubierto una nueva lluvia de meteoros cuyo origen estaría en un objeto espacial aún no identificado.
A través de un estudio publicado el mes pasado, Shober analizó millones de observaciones captadas por redes de cámaras automáticas en Canadá, Japón, California y Europa. Entre la inmensidad de datos, logró identificar un grupo de 282 meteoros que no pertenecen a ninguna lluvia conocida, sino a un flujo de escombros recientemente formado.
Este hallazgo es inusual porque los meteoros suelen provenir de cometas, esos «copos de nieve sucios» que liberan gas y polvo al acercarse al Sol. Sin embargo, este nuevo flujo tiene un origen distinto: un asteroide que se está «horneando» literalmente hasta romperse.
El flujo de escombros sigue una órbita extrema que lo sitúa cinco veces más cerca del Sol que nuestro planeta. Según Shober, el calor solar es tan intenso que está agrietando la superficie de la roca espacial, liberando gases atrapados y provocando que el objeto se desmorone en pedazos.

Este diagrama muestra el radiante: el punto en el cielo nocturno desde el cual parecen originarse los meteoros de la lluvia recién descubierta. Crédito: Patrick Shober/NASA JSC.
«Estamos presenciando esencialmente un asteroide oculto que se hornea hasta hacerse pedazos», explica el investigador. La resistencia de estos fragmentos al entrar en nuestra atmósfera indica que son más robustos que el material de un cometa, pero lo suficientemente frágiles como para ceder ante el estrés térmico del astro rey.
Identificar estos «cometas de roca» es fundamental para la ciencia. Los meteoros funcionan como sondas naturales que permiten estudiar objetos que son completamente invisibles para los telescopios convencionales. Este descubrimiento ayuda a entender por qué los meteoritos que caen en la Tierra son tan diversos y revela poblaciones de asteroides cercanos que hasta ahora habían pasado desapercibidos.
Aunque el asteroide «progenitor» de esta lluvia aún no ha sido localizado, la comunidad científica tiene puestas sus esperanzas en el futuro cercano. La misión NEO Surveyor de la NASA, cuyo lanzamiento está previsto para 2027, será la herramienta ideal para dar caza a esta roca esquiva y fortalecer nuestras estrategias de defensa planetaria.
Fuente: The Conversation. Edición: MP.
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