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El ejercicio de mirar hacia el futuro siempre ha sido una mezcla de optimismo tecnológico y temores sociales. Gracias a la labor de archivo de Paul Fairie, investigador de la Universidad de Calgary y autor del próximo libro The Press Gallery, hoy podemos asomarnos a la mente de quienes, en 1926, intentaron adivinar cómo sería nuestro presente.
A continuación, presentamos una selección de estas visiones centenarias, analizando qué tan cerca —o qué tan lejos— estuvieron de la realidad de 2026.
En 1926, un simposio de mujeres predijo que el matrimonio se convertiría en un «acuerdo de negocios» fácilmente cancelable, similar a un compromiso actual.
Un economista de Maryland aseguró que para 2026 la carne de res desaparecería, siendo reemplazada por una dieta puramente vegetal.
«Los automóviles serán maravillosos, pero no podrán moverse». Esta predicción advertía que habría tantos vehículos que la movilidad colapsaría.
Sir Kingsley Wood predijo que la expectativa de vida llegaría a los 100 años y que alguien de 75 sería considerado «relativamente joven».
El reverendo Basil G. Boucher visualizó un hogar donde el servicio doméstico desaparecería para ser reemplazado por botones que lo harían todo.
Se predijo que el estadounidense del futuro abandonaría la ambición desmedida por el dinero y que los políticos serían reemplazados por funcionarios técnicos seleccionados por competencia.
El Dr. Samuel C. Prescott sugirió que los estudiantes de 2026 se alimentarían de sustitutos basados en soya, maní y bananas.
El Dr. Dingle predijo que la medicina avanzaría tanto que estar enfermo sería visto como una negligencia personal, castigable por no tomar «frijoles vitamínicos».
David Dietz advirtió que en 2026 el planeta tendría tanta gente que «solo habría lugar de pie» si no se resolvían los problemas de combustible y comida.
Algunos médicos pensaron que quitar amígdalas, apéndices y hasta el intestino grueso de forma preventiva, junto con vacunas, curaría todos los males.
Se predijo que las grandes ciudades desaparecerían porque la gente preferiría vivir en el campo y viajar 200 millas en avión o helicóptero hasta su oficina.
Se profetizó que el Jazz moriría y sería reemplazado por algo llamado «Buzz».
La idea de que en 2026 tragaríamos un «tabloide» (pastilla) del tamaño de una moneda y seguiríamos trabajando, eliminando las cenas sociales.
Esta es quizás la predicción más asombrosa: un instrumento para hablar y ver a la otra persona a través de grandes distancias, haciendo imposible mentir sobre dónde se está.
La última predicción de 1926 es la más filosófica: el progreso material superará cualquier fantasía, pero el ser humano seguirá siendo el mismo.
Cien años después, rodeados de inteligencia artificial y vuelos espaciales, seguimos lidiando con los mismos miedos, amores y dilemas éticos que nuestros bisabuelos en 1926. El mundo cambió radicalmente, pero nosotros, en esencia, seguimos siendo los mismos.
Por MysteryPlanet.com.ar.
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@D>: Tal cual pascual. Malthusianismo puro y duro, la doctrina anglosajona protestante por excelencia.
Responder
12:25
No hay sobrepoblación, hay escasez artificial y la voluntad de acumular a personas en espacios pequeños, como ciudades, a fin de reforzar esa sensación y reunir al ganado para manipular con mayor facilidad, reforzando la sensación de falta de espacio y escasez, además de la pérdida de autonomía y autosustento propios del campo. La sobrepoblación es uno de los mayores inventos del capitalismo, y de los más efectivos