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En un discurso ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, Donald Trump le restó importancia a los temores sobre el disruptivo avance tecnológico y sugirió un cambio de nombre: reemplazar la denominación «inteligencia artificial» por «superinteligencia».
El mandatario argumentó que el adjetivo «artificial» genera un sesgo negativo en la percepción pública. «El uso de la palabra artificial hace que la inteligencia parezca falsa. Hace que suene falsa y no es falsa; de hecho, es asombrosa», sostuvo durante su intervención.
Asimismo, expresó su deseo de formalizar esta modificación en la terminología oficial. «A partir de este momento, todos los documentos de Estados Unidos y, con suerte, los del mundo, se cambiarán para utilizar el término mucho más preciso de súper en lugar de artificial», afirmó, agregando entre risas: «Veamos si tengo algún poder. Tal vez sí, tal vez no. Lo sabremos muy pronto».
Trump también aprovechó la oportunidad para cuestionar a los sectores que advierten sobre los riesgos existenciales del sector, comparándolos con los pronósticos climáticos de años anteriores. «Son las mismas personas que decían que todos estaríamos muertos en 12 años debido al calentamiento global. Son los mismos que ahora dicen que la IA nos va a matar a todos, que los robots nos van a atacar y que todo va a ser un desastre total», sentenció.
Sin embargo, las declaraciones del líder político se dan en un escenario marcado por una frenética competencia internacional hacia la Inteligencia Artificial General (IAG, o AGI por sus siglas en inglés), donde las principales potencias y empresas tecnológicas buscan alcanzar la supremacía del sector.
Frente a la postura optimista de la Casa Blanca, voces dentro de la propia industria han comenzado a encender las alarmas. Recientes dimisiones de investigadores de alto nivel en compañías pioneras como OpenAI y Anthropic han puesto en evidencia la preocupación por la falta de salvaguardas y la velocidad desmedida en los desarrollos.
Expertos del sector señalan que la prisa por dominar el mercado está llevando a asumir riesgos innecesarios, llegando a advertir de manera categórica que la carrera actual «está jugando con nuestras vidas». Mientras la política debate cómo etiquetar la tecnología, el debate de fondo sobre el control de la «superinteligencia» sigue más abierto que nunca.
Por MysteryPlanet.com.ar.
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10:18
Respeto las opiniones de otros, pero tengo la mía. No creo que un cambio de nombre resuelva nada.
PERO HAY QUE PENSAR que si los EE UU dejan la carrera, los chinos y otros van a seguir, sin importarles las consecuencias.