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Un antiguo satélite espía estadounidense, desplegado durante los años más tensos de la Guerra Fría, acaba de explotar repentinamente en la órbita terrestre sin dejar pistas claras sobre lo sucedido. El artefacto, que permaneció inactivo durante décadas, se fragmentó a unos 775 kilómetros de altitud, generando una nube de escombros que enciende las alarmas por el riesgo que representa para otras naves espaciales.
Se trata del USA 32, conocido también como Farrah III, una nave cilíndrica con forma de «lata de atún gigante» que fue lanzada por la Oficina Nacional de Reconocimiento (NRO) en 1988. Su misión, desclasificada a principios de este año, consistía en interceptar señales de radio y radar soviéticas desde el espacio. Apodado en honor a la actriz Farrah Fawcett, el artefacto había dejado de funcionar hace décadas y giraba en silencio alrededor de la Tierra.
El pasado 17 de septiembre, Space-Track, el brazo de observación satelital de la Fuerza Espacial de Estados Unidos, anunció que la nave sufrió una repentina fragmentación cuatro días antes, el 13 de septiembre. La explosión dio origen a una cantidad aún no determinada de escombros. La empresa privada s2a systems logró fotografiar el fragmento restante más grande, mientras que las simulaciones de Spaceweather.com indican que los restos se dispersaron en un gigantesco anillo alrededor del planeta en menos de 24 horas.
Las causas del incidente siguen siendo un misterio. Aunque las colisiones con otros satélites o basura espacial suelen predecirse con días o semanas de anticipación, no se registró ningún alerta previo, por lo que cobra fuerza la posibilidad de que una roca espacial no detectada impactara la nave a gran velocidad.
Some recordings of USA 32 (#19460), whose fragmentation in LEO on 13 Sep 2026 at approximately 2113 UTC was confirmed by U.S. Space Forces–Space (S4S). By the time of the recordings, a large number of fragments had already dispersed over a wide section of the track. pic.twitter.com/gjRxCTPz2o
— s2a systems (@s2a_systems) September 16, 2026
La hipótesis principal se orienta hacia un fallo por desgaste estructural acumulado a lo largo del tiempo. Tras casi cuatro décadas expuesto a las extremas condiciones de la órbita terrestre baja, los componentes internos del satélite podrían haber cedido, un patrón similar al retiro imprevisto del satélite NOAA-17 en 2021.
«Las naves espaciales antiguas llevan baterías y restos de propulsor. Después de 38 años de calentamiento y enfriamiento, un tanque presurizado o una celda de batería en el USA 32 simplemente podría haber reventado», explicaron voceros de Spaceweather.com.
Tampoco se descarta el impacto de algún tipo de armamento antisatélite. Si bien las autoridades militares de Estados Unidos revelaron recientemente la existencia de armas en órbita y se conoce que países como China y Rusia poseen tecnologías afines, actualmente no hay pruebas de un ataque. Por ello, los expertos señalan que «puede que no haya nada siniestro en este evento».
Determinar el origen exacto requerirá rastrear la trayectoria de cada fragmento hacia el punto inicial de la detonación, un trabajo de ingeniería inversa que podría demorar meses o años.
Más allá del motivo de la explosión, la mayor preocupación radica en los efectos de la nube de escombros. La región donde ocurrió la detonación alberga más de 200 satélites y ya acumulaba una peligrosa densidad de basura orbital tras el choque entre naves estadounidenses y rusas registrado en 2009.
Esta concentración de objetos lleva a los especialistas a advertir que «la amenaza de colisión es real» para las plataformas en funcionamiento, sobre todo mientras no se logre identificar y catalogar la totalidad de los fragmentos flotantes.

Una simulación de Spaceweather.com sugiere que los restos de la explosión podrían haberse dispersado a lo largo de la trayectoria orbital del satélite en las 24 horas posteriores a su fragmentación.
A pesar de este peligro latente, el incidente no ha interferido por ahora con las operaciones ni con los lanzamientos previstos, como la reciente misión de reabastecimiento rusa hacia la Estación Espacial Internacional (EEI) o las pruebas orbitales del Starship de SpaceX. Esta tregua se debe a que la EEI gira a unos 400 kilómetros de altitud, prácticamente a la mitad de la distancia donde ocurrió la explosión.
Sin embargo, esta franja de seguridad podría reducirse con el tiempo. A medida que la gravedad terrestre y el arrastre atmosférico empujen los fragmentos hacia órbitas más bajas, tanto la EEI como la estación espacial china Tiangong podrían verse obligadas a realizar maniobras de evasión para evitar un impacto destructivo.
Semejante vulnerabilidad evidencia los peligros de un espacio cada vez más saturado. El caso del USA 32 vuelve a encender las alarmas sobre la acumulación incontrolada de chatarra orbital y el riesgo de desencadenar el síndrome de Kessler, un punto de no retorno donde las colisiones en cadena harían imposible enviar nuevas misiones al espacio.
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11:09
Me pregunto, ¿Por qué esos satélites, "supuestamente inactivos" no son removidos?
Vean este video: https://www.youtube.com/shorts/XG4MJrMgQRk