Lo que las autoridades locales calificaron inicialmente como un fatal accidente de tráfico en Alabama, hoy se observa bajo una lupa distinta: la de una serie de desapariciones y decesos que afectan a la élite científica de Estados Unidos.

Un ingeniero nuclear de la NASA que falleció en un «accidente» se suma a la lista de científicos «silenciados»

Crédito: MysteryPlanet.com.ar.

La muerte de Joshua LeBlanc, un ingeniero nuclear de la NASA de apenas 29 años, ha dejado de ser un simple informe policial para convertirse en el epicentro de una inquietante investigación federal.

El incidente ocurrió en julio de 2025 en las cercanías de Huntsville. El ingeniero fue hallado en el interior de su Tesla, el cual se habría salido misteriosamente de la carretera e impactado contra varios árboles antes de estallar en llamas. La intensidad del fuego fue tal que el vehículo y el cuerpo quedaron irreconocibles, obligando a los peritos forenses a trabajar durante días para confirmar la identidad del ocupante.

Sin embargo, las circunstancias previas al choque son las que alimentan las sospechas. Horas antes del accidente, su familia había denunciado su desaparición, alertando que LeBlanc había dejado su cartera y su teléfono en casa, algo totalmente impropio de su carácter metódico.

Según el perfil de LinkedIn de LeBlanc, trabajó en la NASA durante aproximadamente cinco años y medio, desempeñándose como líder de equipo para la Maduración de Instrumentación y Control (I&C) de Propulsión Nuclear Espacial (SNP) de la agencia.

El sistema de seguridad del vehículo, conocido como «Sentry Mode», reveló que el Tesla estuvo estacionado durante cuatro horas en el aeropuerto de Huntsville la mañana de su muerte. Según sus allegados, el ingeniero no tenía planes de viajar ni motivos para estar en dicho lugar, y durante ese tiempo permaneció totalmente incomunicado.

LeBlanc ocupaba un cargo estratégico en la NASA. Como líder de equipo en instrumentación y control, trabajaba directamente en el programa DRACO, una tecnología de propulsión térmica nuclear diseñada para permitir misiones tripuladas a Marte y exploraciones profundas en el sistema solar. Su trabajo era fundamental para el próximo gran salto de la humanidad hacia el espacio.

¿Otro más para la funesta lista?

Este caso ha encendido las alarmas al compararse con una tendencia mayor. Desde el año 2022, se han registrado al menos 12 casos similares de científicos vinculados a la energía nuclear y la tecnología aeroespacial que han muerto o desaparecido. Nombres como Amy Eskridge, Carl Grillmair y el general William Neil McCasland forman parte de esta lista que muchos ya califican como científicos «silenciados» —algunos hasta incluyen al investigador y escritor David Wilcock, quien trabajó como director de tecnología avanzada de Stavatti Aerospace, una compañía aeroespacial—.

Desde la Casa Blanca ya se ha reconocido la gravedad de la situación. El presidente Trump, tras una reunión de alto nivel sobre el tema, declaró ante la prensa: «Espero que sea algo aleatorio, pero lo sabremos en la próxima semana y media. Acabo de salir de una reunión sobre ese tema».

LeBlanc no se presentó a su trabajo como ingeniero eléctrico en tecnologías aeroespaciales en la NASA, donde colaboraba en proyectos de propulsión nuclear, algo totalmente inusual en él. Crédito: Dignity Memorial.

El FBI ha confirmado que está liderando una investigación conjunta con el Departamento de Energía y el Departamento de Guerra para encontrar una conexión lógica entre esta docena de casos de científicos fallecidos o en paradero desconocido. En un comunicado oficial, la agencia afirmó: «El FBI encabeza el esfuerzo para buscar conexiones entre los científicos desaparecidos y fallecidos. Estamos trabajando con socios federales y locales para encontrar respuestas».

Mientras la investigación avanza, muchos sospechan que estamos ante una operación de inteligencia a gran escala para silenciar a expertos que tuvieron contacto con información o material aeroespacial relacionado con los ahora llamados fenómenos anómalos no identificados. Una operación posiblemente desencadenada por las recientes denuncias sobre programas de recuperación y encubrimiento de tecnología no humana.

Fuente: NY Post. Edición: MP.

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