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Un objeto de fabricación humana impactará a gran velocidad contra la superficie de la Luna este 5 de agosto. Se trata del tramo superior de un cohete Falcon 9 de SpaceX que, tras cumplir su cometido espacial, ha quedado a la deriva y ahora provocará un choque de enormes proporciones en el paisaje lunar.
El fragmento espacial corresponde al cohete que lanzó la nave Blue Ghost-1 de la empresa Firefly en enero de 2025. En esa misma misión viajaba el módulo robótico Resilience, de la compañía japonesa ispace. Ahora, la etapa del cohete fuera de control terminará su trayecto estrellándose violentamente cerca de los cráteres Einstein y Bell, en el extremo occidental del satélite.
Según una investigación realizada por un equipo internacional y publicada en el servidor arXiv, la colisión podría generar una columna de escombros e iluminación tan brillante que resultaría observable desde la Tierra mediante telescopios de alta sensibilidad.
Utilizando simulaciones físicas avanzadas, científicos como William Jo, de la Universidad de Texas en Austin, calculan que la columna de material expulsado por el choque podría alcanzar entre 75 y 100 kilómetros de altitud.
«Nuestros cálculos sugieren que la pluma debería ser varios órdenes de magnitud más brillante que el fondo del cielo nocturno durante los primeros minutos tras el impacto. Por lo tanto, debería ser visible, aunque insisto en que este es un caso nominal. El evento real se verá diferente y los números son optimistas, pero el punto central es que el destello inicial no es lo más importante», explicó Jo al medio especializado Space.com.
El verdadero valor del choque reside en la oportunidad sin precedentes que ofrece para la investigación espacial. Los objetos fabricados por el ser humano, al ser cuerpos huecos, reaccionan de forma muy distinta a los asteroides o cometas densos al momento de estrellarse.
«Observar este choque nos da una oportunidad idónea para impulsar la ciencia de las plumas de eyección y calibrar los modelos teóricos con un evento real, algo crucial para todo lo que enviemos a la Luna en el futuro», destacó el investigador.

Una animación que predice la evolución de la densidad de columna del material eyectado, representada sobre la superficie lunar en el lugar de impacto previsto cerca del cráter Einstein. Crédito: William Jo et al.
Sin embargo, el especialista advirtió sobre la atención de la comunidad astronómica durante el evento: «Mi preocupación es que la mayoría de los observadores se queden solo con el destello de una fracción de segundo y no sigan la pluma de eyección, que es la parte que realmente debería ser visible y donde reside la ciencia».
Por su parte, un análisis dirigido por Benjamin Fernando, del Laboratorio Nacional Los Álamos en Nuevo México, sostiene que el evento servirá para ensayar protocolos de localización de impactos lunares aplicables a futuros experimentos sísmicos. Además, permitirá estudiar cómo el polvo en suspensión representa un riesgo potencial para misiones tripuladas.

Una fotografía de SpaceX de una de las segundas etapas del Falcon 9 de la empresa, tomada en 2022. Se espera que una segunda etapa similar impacte contra la Luna este 5 de agosto de 2026. Crédito: SpaceX.
En el estudio, Fernando y su equipo señalaron que «se determinó que el alcance balístico máximo de las partículas expulsadas es de poco menos de 1000 kilómetros, una distancia lo suficientemente significativa como para representar un peligro para los futuros astronautas o la infraestructura en gran parte de la superficie lunar».
La NASA también aprovechará la ocasión a través de su sonda Lunar Reconnaissance Orbiter (LRO). La nave orbitará sobre la zona de impacto aproximadamente una semana antes y una semana después del choque, lo que permitirá a los científicos comparar imágenes detalladas del terreno y analizar las dimensiones exactas del nuevo cráter formado.
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