Durante décadas, la ciencia sostuvo que un invierno prolongado y helado mató de hambre a los dinosaurios tras el impacto de un asteroide hace 66 millones de años. Sin embargo, un nuevo estudio científico revela un final mucho más rápido y aterrador: tormentas de fuego globales que habrían calcinado incluso a las criaturas de piel más gruesa en tan solo un par de horas.

Tormentas de fuego 17 veces más calientes que el límite mortal: la verdadera pesadilla que extinguió a los dinosaurios

Crédito: MysteryPlanet.com.ar.

El cataclismo ocurrió cuando una gigantesca roca espacial de unos doce kilómetros de diámetro colisionó en la actual península de Yucatán, en México. El choque alteró para siempre el rumbo de la vida en la Tierra, marcando el fin de la era de los dinosaurios y dejando espacio únicamente para aquellos organismos capaces de refugiarse bajo tierra o en aguas poco profundas.

Lluvia de fuego

Hasta ahora, se sabía que el choque evaporó rocas e impulsó enormes nubes de gas y vapor rocoso hacia la alta atmósfera. Al enfriarse, este vapor formó diminutas gotas de roca sólida llamadas esférulas, las cuales cayeron de regreso a la superficie como una lluvia incandescente de meteoritos. La fricción de estas partículas contra el aire generó un pulso masivo de calor.

Sin embargo, investigaciones previas estimaban que este calor no era suficiente para hacer que la vegetación ardiera de forma espontánea. Todo cambió cuando, en 2023, la geología descubrió una capa adicional de polvo extremadamente fino procedente del vapor rocoso que no llegó a condensarse.

Al incorporar esta capa de polvo a las simulaciones, los investigadores de la Universidad de Purdue descubrieron que funcionó como una manta aislante sobre la atmósfera. Esta cubierta atrapó la radiación y amplificó el calor sobre la Tierra, multiplicando por 3.5 la intensidad térmica en comparación con los cálculos anteriores.

Efecto del polvo fino sobre el flujo de radiación en la superficie global. Crédito: B.C. Johnson et al., 2026.

El resultado fue una radiación térmica hasta 17 veces superior al límite letal para la vida sensible, desencadenando incendios forestales espontáneos a escala planetaria.

«Estamos en un escenario en el que podríamos haber acabado esencialmente con todo en las primeras dos horas», explicó Brandon Johnson, científico planetario de la Universidad de Purdue y autor principal de la investigación publicada en la revista Journal of Geophysical Research: Biogeosciences.

Del infierno abrasador al invierno global

Precisamente, este hallazgo reactiva el debate sobre si la extinción masiva fue causada directamente por ese golpe térmico inmediato o por las secuelas que vinieron después. Según los autores, el impacto inicial tuvo un papel devastador mucho mayor de lo que se creía.

«Este trabajo nuestro apoya la idea de que realmente fue el impacto lo devastador para la vida terrestre y lo que causó la extinción masiva», añadió Johnson.

Hace 66 millones de años, el asteroide Chicxulub, de entre 10 y 15 km de ancho, se estrelló en la península de Yucatán, en México, y cambió la vida en la Tierra para siempre. El reinado de los dinosaurios llegó a su fin, y solo las criaturas que lograron refugiarse en madrigueras o aguas poco profundas sobrevivieron para pasar a la posterior era de los mamíferos.

Y aquí es donde entra la paradoja: este mismo polvo que atrapó el calor y desató el infierno fue el responsable de la posterior helada planetaria. Al igual que un termo mantiene la sopa caliente pero también preserva el café frío, una vez que la lluvia de esférulas cesó y las llamas se apagaron, las densas nubes de polvo bloquearon la luz solar durante años.

«Parece contradictorio, pero en realidad es el mismo efecto», señaló el investigador en relación con la dualidad entre el infierno inicial y el posterior invierno de impacto.

Las claves geológicas de la supervivencia

Por su parte, el paleontólogo Alfio Alessandro Chiarenza, del University College London, destacó la importancia de seguir analizando el registro geológico en otras regiones del planeta para confirmar la magnitud de los incendios.

«Podría ser que con el tiempo encontremos el registro de incendios forestales completamente globales. Simplemente no lo tenemos hasta ahora», comentó Chiarenza.

Comprender si los animales murieron quemados en cuestión de horas o si sucumbieron gradualmente al hambre durante décadas resulta fundamental para entender cómo responden los ecosistemas ante catástrofes extremas.

«Sería fantástico descubrir qué animales sobrevivieron justo en el momento del impacto y cuáles eran sus características biológicas. Esto finalmente podría decirnos por qué algunos animales lo lograron cuando otros, como los dinosaurios, no», concluyó el especialista.

Fuente: AGU. Edición: MP.

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