Mystery Planet es un sitio web que ofrece noticias y artículos sobre ciencia y misterios. Para estar al tanto de todo lo que publicamos, además de seguirnos en nuestras redes sociales o suscríbete a nuestro boletín de noticias, te invitamos a nuestro canal de Telegram.
La búsqueda de inteligencia extraterrestre (SETI) ha mirado tradicionalmente a las estrellas lejanas, esperando captar una transmisión de radio. Sin embargo, una nueva y provocadora investigación sugiere que quizás hemos estado buscando en el lugar equivocado. El profesor Alex Ellery, de la Universidad de Carleton, postula que sondas alienígenas autorreplicantes podrían no solo haber visitado nuestro sistema solar, sino estar operando aquí ahora mismo.
Esta idea, que desplaza el foco de SETI hacia nuestro propio vecindario cósmico, resuena con las recientes y controvertidas hipótesis de científicos como Avi Loeb, quien ha sugerido que objetos interestelares anómalos, como el enigmático 3I/ATLAS, podrían ser de naturaleza tecnológica.
La propuesta de Ellery se basa en una teoría del matemático John von Neumann de 1949: el «constructor universal». Se trata de sondas capaces de usar materias primas para construir réplicas de sí mismas.
Ellery, ingeniero y mecánico aeroespacial del Centro de Investigación de Autorreplicación (CESER), argumenta que esta es la forma más eficiente de explorar la galaxia. Una civilización avanzada podría lanzarlas y, en cuestión de eones, estas se propagarían por toda la Vía Láctea.
Según explica el profesor, la motivación principal para una civilización sería la supervivencia: escapar de la muerte de su estrella, evaluar amenazas militares o huir de riesgos tecnológicos. Estas sondas robóticas tendrían ventajas clave:
Si estas sondas están aquí, ¿dónde buscar? Ellery es claro: aunque el cinturón de Kuiper es vasto e inexplorado, la Luna sería la base de operaciones ideal.
El estudio detalla que las sondas buscarían asteroides y lunas rocosas ricas en silicatos y metales para replicarse. La Luna ofrece el entorno perfecto para establecer bases de fabricación.
Entonces, ¿qué deberíamos buscar? No naves espaciales evidentes, sino tecnofirmas sutiles. Ellery señala que estas operaciones de fabricación probablemente serían alimentadas por reactores nucleares. Dichos reactores dejarían firmas isotópicas anómalas en el suelo lunar, específicamente ratios inusuales de elementos como el Torio-232, Neodimio-144 o Bario-137.
Incluso sugiere que las sondas podrían haber dejado «regalos»: artefactos tecnológicos, quizás un «constructor universal», enterrados junto a depósitos de recursos en la Luna, diseñados para ser encontrados solo cuando la civilización local (la nuestra) alcance el nivel tecnológico para explotar esos mismos recursos.
La propuesta de Ellery de buscar artefactos dentro de nuestro sistema solar converge con la línea de pensamiento de Avi Loeb, el astrofísico de Harvard que dirige el Proyecto Galileo.
Loeb ha ganado notoriedad en los últimos años por desafiar a la comunidad científica al sugerir que el primer visitante interestelar conocido, Oumuamua, podría haber sido una suerte de «vela solar alienígena». De manera similar, ha señalado las características peculiares de otros objetos, como 3I/ATLAS (detectado en julio de este año), como potencialmente anómalos y dignos de un escrutinio más profundo bajo la hipótesis de que podrían ser tecnología extraterrestre.

Avi Loeb ha sugerido que el objeto interestelar 3I/ATLAS (foto) podría ser una nave alienígena soltando sondas para estudiar nuestro sistema solar. Crédito: Qicheng Zhang/Observatorio Lowell, AZ.
Mientras Loeb se enfoca en objetos que transitan por nuestro sistema, Ellery va un paso más allá: sugiere que la tecnología alienígena podría no solo estar de paso, sino haberse establecido aquí hace mucho tiempo, esperando sigilosamente.
A medida que la humanidad se prepara para regresar a la Luna con el programa Artemis y desarrollar la minería espacial, la investigación del profesor de Carleton plantea una nueva y emocionante directriz: mientras buscamos recursos, quizás deberíamos buscar también las huellas de nuestros posibles predecesores galácticos.
¿Te gustó lo que acabas de leer? ¡Compártelo!
Artículos Relacionados