Tras casi 14 años de misión en una de las regiones más hostiles del entorno terrestre, la sonda Van Allen A de la NASA completó su viaje final. El reingreso a la atmósfera ocurrió durante la mañana del miércoles 11 de marzo, marcando el cierre de una etapa clave para la comprensión de nuestro vecindario espacial.

Sonda de la NASA que estudió los cinturones de Van Allen cae a la Tierra sobre el océano Pacífico

¿Qué son los cinturones de Van Allen? Son regiones de radiación intensa atrapadas por el magnetismo terrestre. Actúan como una barrera natural que protege la vida en la Tierra, pero su estudio es vital para la navegación espacial, ya que pueden dañar gravemente los instrumentos de las sondas y satélites que los atraviesan. Crédito: MysteryPlanet.com.ar.

La Fuerza Espacial de los Estados Unidos confirmó que la nave, de unos 600 kilogramos de peso, se desintegró sobre el océano Pacífico oriental. El evento se registró exactamente a las 6:37 a.m. (hora del este), en una zona remota donde las probabilidades de afectar áreas pobladas eran prácticamente nulas.

Aunque se esperaba que la mayor parte de la sonda satelital se consumiera por la fricción y el calor extremo del reingreso, la NASA señaló que algunos componentes más resistentes podrían haber sobrevivido al descenso. Estos restos habrían caído en mar abierto, cumpliendo con las proyecciones de seguridad de la agencia.

Misión extendida

Las sondas Van Allen, lanzadas en agosto de 2012, fueron diseñadas originalmente para una misión de apenas dos años. Sin embargo, su extraordinaria durabilidad permitió que operaran hasta finales de 2019, recolectando datos sin precedentes sobre los anillos de partículas cargadas que rodean nuestro planeta.

Uno de los hallazgos más sorprendentes durante su vida operativa fue la detección de un tercer cinturón de radiación transitorio, el cual aparece durante periodos de intensa actividad solar. Estos descubrimientos han sido fundamentales para proteger tanto a satélites como a astronautas de las tormentas geomagnéticas.

Un ciclo solar que rompió cálculos

Originalmente, los científicos estimaron que la sonda permanecería en órbita hasta el año 2034. No obstante, el actual ciclo solar ha resultado ser mucho más activo de lo previsto; el aumento de la radiación solar expandió la atmósfera terrestre, incrementando la resistencia sobre la nave y acelerando su caída definitiva.

Se esperaba que la sonda se precipitara a la Tierra en 2034 (órbita roja).

A pesar del final de la sonda A, su legado continúa siendo vital para las predicciones de navegación y telecomunicaciones actuales. Por su parte, la sonda gemela Van Allen B permanece todavía en órbita, aunque se espera que siga los pasos de su compañera y reingrese a la atmósfera en algún momento después de 2030.

Fuente: NASA. Edición: MP.

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