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Tras su reciente paso cercano al Sol (perihelio), nuevas imágenes del 9 de noviembre de 2025 muestran un comportamiento dramático: chorros de material que se extienden millones de kilómetros en el espacio. Sin embargo, un nuevo análisis cuantitativo sugiere que la hipótesis de que 3I/ATLAS es un cometa natural se enfrenta a un problema fundamental.
El análisis, asumiendo que 3I/ATLAS es un cometa, revela una contradicción insalvable entre el tamaño observado del objeto y la energía necesaria para producir los chorros vistos.
Las imágenes post-perihelio muestran jets o chorros masivos que, para un cometa natural, implicarían una pérdida de masa de 5 mil millones de toneladas al mes. Esta pérdida de masa es consistente con la aceleración no gravitacional que mostró el objeto al acercarse al Sol.
El problema surge al calcular la energía solar necesaria para sublimar tal cantidad de material (principalmente CO2, según datos del telescopio Webb). Los cálculos indican que para generar esa pérdida de masa, 3I/ATLAS necesitaría tener un área de superficie de más de 1.600 kilómetros cuadrados.

Una imagen apilada de 3I/ATLAS, tomada entre las 5:08 y las 5:22 UT del 9 de noviembre de 2025, mediante una combinación de 5 exposiciones, cada una de 3 minutos de duración, con dos telescopios. La dirección hacia el Sol está hacia la esquina inferior izquierda. Crédito: Frank Niebling y Michael Buechner.
Esto implicaría un diámetro de 23 kilómetros. Sin embargo, las imágenes directas del Telescopio Espacial Hubble tomadas en julio de 2025 limitan el diámetro máximo del objeto a solo 5.6 kilómetros.
En resumen: el área de superficie requerida para explicar los chorros es, como mínimo, 16 veces más grande que el área de superficie real del objeto.
Este drástico aumento en la actividad —la pérdida de masa en el perihelio fue 10.000 veces mayor que la observada en agosto de 2025— sugiere una explicación natural para resolver la paradoja: 3I/ATLAS se ha desintegrado.
Si el objeto fue «diezmado» por el calor del Sol, rompiéndose en al menos 16 fragmentos (o muchos más), el área de superficie total expuesta al Sol aumentaría drásticamente. Esto proporcionaría la superficie necesaria para la sublimación masiva observada.

Imagen de 3I/ATLAS obtenida el 8 de noviembre de 2025 por los astrónomos M. Jäger, G. Rhemann y E. Prosperi. El objeto interestelar muestra una compleja y anómala estructura de chorros que emanan de él tras el perihelio.
«Bajo esta hipótesis, las impresionantes imágenes de los chorros no serían más que los “fuegos artificiales” resultantes de la explosión del cometa. Se espera que, en las próximas semanas, la fuerza de marea del Sol separe visiblemente estos fragmentos, de forma similar a lo que ocurrió con el cometa Shoemaker-Levi 9 en 1994», explica el astrofísico Avi Loeb en un artículo de opinión sobre las nuevas imágenes del objeto interestelar.
El momento de la verdad para esta teoría llegará pronto. El 19 de diciembre de 2025, 3I/ATLAS tendrá su máximo acercamiento a la Tierra. En ese momento, los telescopios terrestres, junto con el Hubble y el Webb, podrán diagnosticar su integridad.
«Si las observaciones revelan que 3I/ATLAS no se desintegró y mantuvo su integridad como un solo cuerpo, la hipótesis del cometa natural quedaría descartada», sentencia Loeb.
El análisis señala que, en ese escenario, «tendremos que considerar que es algo más que un cometa natural».
«Los propulsores tecnológicos (químicos, iónicos o de otro tipo) requieren velocidades de escape mucho mayores y, por lo tanto, una pérdida de masa mucho menor para producir los mismos chorros», concluye el astrofísico.
Este misterio se suma a la anomalía estadística que ya representaba 3I/ATLAS: su enorme tamaño (un millón de veces la masa de Oumuamua) y su órbita lo convierten en un hallazgo con una probabilidad de origen natural de uno entre cien millones.
Por MysteryPlanet.com.ar.
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