Desde 1977, las sondas Voyager de la NASA viajan por el vacío portando el Disco de Oro, una cápsula del tiempo con la esencia de la humanidad. Sin embargo, estas naves son lentas para los estándares cósmicos. Hoy, la comunidad científica plantea una alternativa revolucionaria: aprovechar la llegada de objetos interestelares como 3I/ATLAS para que actúen como «taxis» de alta velocidad hacia otras estrellas.

¿Se podría utilizar un objeto como 3I/ATLAS para enviar un «Disco de Oro» a otros sistemas estelares?

Crédito: MysteryPlanet.com.ar.

La diferencia de rendimiento es abismal. Mientras que la Voyager 1 se aleja de nosotros a 17 kilómetros por segundo —tardando unos 28.000 años en cruzar la frontera de la Nube de Oort—, el objeto 3I/ATLAS viaja a una velocidad asombrosa de 60 kilómetros por segundo.

«Si lográramos interceptar un objeto similar y depositar en él nuestra “botella en el mar cósmico”, este alcanzaría el espacio interestelar alrededor del año 10.000 d.C., ganándole la partida a la Voyager por casi 20.000 años de diferencia», precisa el astrofísico de Harvard Avi Loeb.

Pero este planteamiento nos lleva a una sospecha inevitable: ¿y si no somos los primeros en tener esta idea?

El mensajero que ya está aquí

Existe la posibilidad de que 3I/ATLAS ya esté portando un «Disco de Oro» de otra civilización. Bajo esta premisa, una táctica lógica para una inteligencia alienígena sería programar la liberación de pequeñas sondas o mensajes al pasar cerca de Júpiter. Al ser el planeta más masivo y visible de nuestro sistema, funciona como el faro ideal para cualquier observador externo. Aún así, en el inusual caso que así sea, nuestra falta de preparación y estrechez de miras simplemente impediría que lo detectemos.

CUBIERTA DEL DISCO DE ORO DE LAS VOYAGERS -- Abajo a la izquierda, hay un haz de líneas que parten radialmente de un mismo punto. Ese punto de referencia es el Sol, las líneas indican la dirección de los púlsares más significativos cercanos a nuestro sistema solar y, en sistema de numeración binario, la secuencia de pulsos de cada uno. Este apartado constituye nuestra «dirección» en el universo. Una civilización técnicamente avanzada, con conocimiento de los púlsares, podría interpretarlo.

Esta ceguera voluntaria es lo que Loeb define como la falta de una «mentalidad de Cisne Negro». El astrofísico argumenta que la ciencia actual no está acostumbrada a buscar eventos con implicaciones sociales tan masivas como el contacto extraterrestre, prefiriendo a menudo ignorar las anomalías que tiene delante de sus ojos.

La clave está en la «anticola»

«Tener un visitante desconocido en nuestro patio trasero requiere que estemos alerta, especialmente cuando su cola parece salir de su frente en lugar de su espalda», comenta Loeb, refiriéndose a la extraña anticola observada en 3I/ATLAS.

Análisis de la imagen de 3I/ATLAS en su máximo acercamiento a la Tierra el 19 de diciembre de 2025. La fila superior muestra los mapas de brillo en diferentes bandas de longitud de onda. La fila inferior presenta el mapa de brillo obtenido mediante el filtro de gradiente Larson-Sekanina, destacando un prominente chorro de anticola en dirección al Sol (hacia la parte inferior izq.). Su aspecto se asemeja al de un cohete alejándose del Sol. Crédito: Toni Scarmato.

Para confirmar o eliminar este «Cisne Negro» de la ecuación, el análisis de los datos en los próximos meses será determinante. La clave reside en el espectro del chorro de esa anticola, que se extiende un millón de kilómetros hacia el Sol:

  • Origen natural: Se confirmaría si se detecta la sublimación de hielos comunes como CO2, CO o H2O, moviéndose a velocidades de cientos de metros por segundo.
  • Origen tecnológico: Se consideraría si la composición química resulta anómala y la velocidad de escape es significativamente mayor, lo que sugeriría un propulsor artificial en lugar de simple gas evaporado.

De no hallarse una firma tecnológica clara, Loeb asegura que revisará a la baja su escala de probabilidad sobre el origen artificial del objeto. Sin embargo, mientras los datos llegan, la posibilidad de que 3I/ATLAS sea un emisario o el prototipo ideal de vehículo definitivo para nuestro propio legado interestelar sigue siendo una de las fronteras más emocionantes de la ciencia actual.

Por MysteryPlanet.com.ar.

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