En la gélida noche del 27 de junio de 1980, lo que parecía ser una jornada habitual en un campo de Villa Italia, cerca de Rafaela, se transformó en uno de los expedientes ufológicos más impactantes de la provincia de Santa Fe. La experiencia, que involucró a tres testigos directos, combina el avistamiento de naves de gran porte, la presencia de entidades de apariencia humana y una serie de evidencias físicas que, tras 46 años, continúan desafiando toda explicación lógica.

«Se llevaron 45.000 litros de agua y al perro»: el asombroso encuentro cercano del tercer tipo en un campo de Santa Fe, Argentina

Crédito: MysteryPlanet.com.ar.

De acuerdo a lo relatado en el canal del investigador local Ignacio Donetti, todo comenzó cuando Carolina Leiva, que en ese entonces tenía solo 9 años, fue sorprendida por un resplandor que confundió con un relámpago. Al asomarse por los grandes ventanales de la propiedad, se encontró frente a frente con un objeto colosal a escasos metros de distancia.

«Era un plato grandísimo, un plato volador que estaba al frente mío», relató la testigo, describiendo una estructura chata e inmensa rodeada de luces potentes que permanecieron en silencio durante casi dos horas.

Sin embargo, el asombro nocturno fue solo el preludio de un encuentro aún más desconcertante ocurrido a la mañana siguiente. Carmen, la tía de Carolina, observó en el parque a una mujer joven de cabello suelto y ojos claros, impecablemente maquillada y vestida con ropa sumamente liviana, a pesar de que la temperatura se encontraba bajo cero. La mujer estaba acompañada por dos «niños pequeños» que jugaban en una montaña de tierra, ignorando por completo el clima extremo de la zona.

Esta descripción ha alimentado, con el paso de los años, la hipótesis de que los visitantes podrían haber sido entidades de tipo nórdico o incluso híbridos humano-alienígenas. Su asombrosa inmunidad térmica, sumada a una belleza «demasiado perfecta» y una actitud impasible ante la presencia de extraños, coincide con patrones reportados en otros encuentros cercanos donde se presume una labor de observación o aclimatación biológica.

La interacción con estos visitantes, en este caso, fue mínima y cargada de misterio. Cuando Carmen intentó invitarlos a pasar para protegerse del frío, la mujer se limitó a responder de manera parca que estaban bien allí. Carolina, por su parte, recuerda haber sentido una mirada profunda que le impedía incluso hablar. Poco después, la mujer y los niños se alejaron hacia el fondo del predio y desaparecieron sin dejar rastro de su paradero.

Evidencia física

Las huellas físicas del episodio fueron contundentes y documentadas por el investigador Eduardo Ficarotti, quien también participo en el programa de Donetti. Según él, en el suelo aparecieron marcas circulares de dos metros de diámetro con el pasto completamente quemado y una extraña protuberancia triangular. A esto se sumó un fenómeno inexplicable en la pileta del predio: el nivel del agua descendió bruscamente, registrándose una pérdida de 45.000 litros en una sola noche, sin que existieran filtraciones que justificaran tal faltante.

El misterio se completó con la desaparición definitiva del perro que vivía en el lugar, que inicialmente mostró señales de miedo y rechazo ante los visitantes antes de esfumarse para siempre.

Aunque se realizaron múltiples relevamientos in situ para analizar el caso, la ciencia no pudo cerrar el interrogante. Para los protagonistas, lo vivido en aquel campo santafesino fue una realidad irrefutable que marcó sus vidas y que hoy se mantiene como un pilar del misterio regional.

Por MysteryPlanet.com.ar.

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