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Rusia está decidida a reclamar su antiguo trono en la exploración del sistema solar. El Kremlin ha confirmado que se prepara para regresar a la abrasadora superficie de Venus con el lanzamiento de la ambiciosa misión Venera-D, programada para el año 2036.

Representación artística de la misión Venera-D, el proyecto de Rusia para explorar Venus. Crédito: MysteryPlanet.com.ar.
Este proyecto, que ha estado en desarrollo desde 2003, no se limita a una simple sonda orbital. Se trata de un despliegue multi-vehículo que incluye un aterrizador, un globo atmosférico y un orbitador. Según informaron medios estatales, el objetivo central es reconectar con el legado de la Unión Soviética, que hasta hoy sigue siendo la única potencia que ha logrado operar con éxito en la superficie venusiana.
El viceprimer ministro Denis Manturov destacó que el estudio de la Luna y Venus ocupa actualmente un lugar central en las ambiciones de Roscosmos. «Recordemos que en 1970 nuestro país logró aterrizar con éxito en otro planeta, y ese fue Venus. Probablemente nos moveremos primero en esa dirección», afirmó en una entrevista reciente citada por la agencia TASS.
Venus es conocido por sus condiciones infernales: temperaturas que alcanzan los 480 grados Celsius y una presión atmosférica 90 veces superior a la de la Tierra. Sin embargo, el interés científico ha renacido tras el hallazgo de posibles biofirmas, como fosfina y amoníaco, en sus densas nubes de ácido sulfúrico.
Uno de los objetivos críticos de la Venera-D será investigar si estos gases son producto de vida microbiana. La misión intentará resolver el misterio que rodea a estos biomarcadores que, en años recientes, han generado intensos debates en la comunidad científica internacional.
Originalmente, este proyecto se planteó como una colaboración con la NASA. Sin embargo, tras la invasión de Ucrania en 2022, la agencia estadounidense cortó la mayoría de sus vínculos con los proyectos espaciales rusos, obligando a Roscosmos a seguir adelante de manera independiente.
Rusia no está sola en este renovado interés por el «gemelo malvado» de la Tierra. La NASA sigue adelante con sus proyectos VERITAS y DAVINCI, que recientemente sobrevivieron a las amenazas de recortes presupuestarios en Estados Unidos.
Por su parte, la Agencia Espacial Europea (ESA) también tiene misiones en desarrollo, mientras que la India planea su propio debut en Venus para 2028. Incluso el sector privado busca adelantarse: la empresa Rocket Lab y el MIT pretenden lanzar una sonda pequeña tan pronto como este mismo año.
Con la misión Venera-D, Rusia busca demostrar que aún posee la capacidad tecnológica para sobrevivir en el entorno más hostil del sistema solar, retomando una racha histórica que comenzó en la década de 1960 y culminó en 1983 con la exitosa Venera 16.
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