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La química de los átomos cuenta historias sobre el origen del cosmos. En nuestro sistema solar, los isótopos de los elementos mantienen proporciones constantes, actuando como una huella dactilar que identifica a todos los cuerpos nacidos de la misma nube de gas original. Sin embargo, el objeto interestelar 3I/ATLAS acaba de romper este esquema con una firma química nunca antes vista.
Dos investigaciones recientes han analizado el material que compone a este visitante. La primera, liderada por Martin Cordiner con datos del telescopio espacial James Webb, detectó que el agua en 3I/ATLAS está enriquecida con deuterio a niveles diez veces superiores a los de cualquier cometa conocido en nuestro vecindario.
Además, las proporciones de isótopos de carbono en el dióxido de carbono y el monóxido de carbono de 3I/ATLAS son inusuales. Estos datos sugieren que el objeto se formó en un entorno gélido, con temperaturas inferiores a los 30 grados Kelvin, en una región de la galaxia pobre en elementos pesados hace unos 10.000 o 12.000 millones de años.
Un segundo estudio encabezado por Cyrielle Opitom, utilizando el Very Large Telescope en Chile, llegó a conclusiones similares tras medir los isótopos de nitrógeno y carbono en el cianuro del objeto. Ambos trabajos coinciden en que el visitante interestelar es el fragmento de un sistema planetario ancestral surgido en las primeras etapas de la Vía Láctea.
Sin embargo, Avi Loeb ha identificado una contradicción matemática que pone en duda toda esta interpretación. Según el astrofísico de Harvard, si estos objetos provinieran de estrellas antiguas y pobres en metales, simplemente no habría suficiente materia prima en la galaxia para explicar la enorme cantidad de ellos que se detectan cruzando el espacio.

Mapas de líneas espectrales para 3I/ATLAS, observados con el instrumento NIRSpec del telescopio Webb: Panel superior (a): agua (H2O) a 2.7 micrómetros; panel central (b): dióxido de carbono (CO2) a 4.3 micrómetros; y panel inferior (c): monóxido de carbono (CO) a 4.7 micrómetros. Los recuadros (arriba a la derecha) muestran los respectivos espectros de líneas. La esquina inferior izquierda indica la dirección del Sol y la velocidad del núcleo (v). Crédito: M. Cordiner et al. 2026.
Los datos del telescopio espacial Hubble indican que 3I/ATLAS tiene un radio de 1.3 kilómetros. Al calcular la densidad de objetos similares en el espacio interestelar, Loeb concluye que las estrellas señaladas como cunas del visitante carecen de los elementos pesados necesarios para haber fabricado semejante población de fragmentos sólidos.
Al respecto, el científico ha sido categórico en su análisis técnico sobre esta discrepancia de masa.
«Este cálculo implica que las estrellas de baja metalicidad no alcanzan el presupuesto de masa necesario por al menos tres órdenes de magnitud y no pueden dar cuenta de la población interestelar de objetos similares a 3I/ATLAS, incluso si expulsaran todos sus elementos pesados al espacio interestelar», escribió en reacción a los nuevos estudios. «O bien el radio inferido o la densidad numérica de la población están sobreestimados, o su asociación con estrellas pobres en metales es incorrecta».

Proporciones isotópicas observadas en la columna de gas alrededor de 3I/ATLAS en comparación con las observaciones de la Vía Láctea y el sistema solar para la relación entre deuterio (neutrón más protón) e hidrógeno (un solo protón): D/H (arriba) e isótopos de carbono 12C/13C (abajo). Crédito: M. Cordiner et al. 2026.
En términos de logística galáctica, las estrellas antiguas poseen apenas una fracción de la materia pesada necesaria. Para que la teoría del origen antiguo sea válida, cada una de esas estrellas tendría que haber sido capaz de expulsar al espacio mil veces más materia de la que sus propios discos planetarios podían contener.
Esta tensión entre la química detectada y la física de las masas sugiere que algo fundamental se nos escapa. O bien nuestras mediciones de la cantidad de objetos interestelares son exageradas, o estamos interpretando mal las señales isotópicas que nos llegan desde 3I/ATLAS.
Mientras más información recolectamos sobre este viajero, más desconcertante se vuelve su naturaleza. Como bien señala Loeb, el estudio de estos visitantes sigue siendo como una caja de bombones: cada nuevo dato revela un sabor inesperado que desafía nuestras teorías previas sobre la formación de los mundos.
Por MysteryPlanet.com.ar.
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