Para el ciudadano común, Groenlandia es una inmensa masa de hielo en el extremo norte de los mapas escolares. Sin embargo, para los estrategas militares en Washington, es el «portaaviones de tierra y hielo» más importante del planeta.

¿Por qué EE.UU. «necesita» anexarse a Groenlandia si ya tiene presencia militar allí?

A medida que la administración de Donald Trump intensifica su presión para adquirir la isla, surge una pregunta obligatoria: ¿Por qué buscar la anexión soberana si Estados Unidos ya tiene una presencia militar allí y Groenlandia es parte de la OTAN?

El engaño de Mercator

Como muestra la proyección polar (el mapa «real» del mundo), la importancia de Groenlandia no es económica en primera instancia, sino geométrica. La mayoría de los mapas que consumimos usan la proyección Mercator, que distorsiona las distancias polares.

Si trazamos una línea recta —una ruta de «Gran Círculo»— desde la península de Kola en Rusia —donde Moscú concentra sus silos de misiles intercontinentales, bases de submarinos y bombarderos estratégicos— hacia cualquier punto de los Estados Unidos continentales, el camino pasa obligatoriamente sobre Groenlandia.

En un eventual intercambio estratégico, Groenlandia es el «techo» donde se libraría la batalla. La física de la interceptación de misiles dicta que el mejor punto para neutralizar un proyectil es en su apogeo (el punto más alto de su trayectoria), y ese punto está, literalmente, sobre el suelo groenlandés.

El factor China y el Paso del Norte

No se trata solo de Rusia. China ya se autodefine como una «potencia casi ártica» y busca consolidar su «Ruta Polar de la Seda».

El control de la costa noreste de Groenlandia permite a EE.UU. vigilar no solo el comercio que pronto superará en eficiencia al canal de Suez, sino también el movimiento de submarinos chinos hacia el Atlántico Norte a través de la llamada GIUK Gap (la brecha entre Groenlandia, Islandia y el Reino Unido).

¿Por qué no es suficiente ser aliados?

Es cierto: Groenlandia es parte del Reino de Dinamarca, miembro fundador de la OTAN, y EE.UU. ya opera la Base Espacial Pituffik (antes Thule) bajo un tratado de 1951. Aun así, para la actual administración estadounidense, ser «invitados» no basta por tres razones:

Vista aérea de la base aérea de Pituffik o base aérea de Thule. Crédito: US Space Force.

  • Soberanía sobre recursos: Groenlandia posee 39 de los 50 minerales críticos que EE.UU. considera esenciales para su seguridad nacional y su transición tecnológica. En este sentido, la isla podría representar la pieza definitiva en la estrategia energética de Washington, consolidándose como «la fruta del postre» tras los recientes movimientos para asegurar beneficios petroleros en Venezuela.
  • Libertad de acción: Ser dueño del territorio eliminaría la necesidad de negociar cada expansión militar con el gobierno autónomo de Nuuk o con Copenhague.
  • La nueva Doctrina Monroe: Bajo la visión de Trump, el Hemisferio Occidental debe estar bajo control directo de Washington para evitar que China «compre» influencias mediante inversiones en infraestructuras danesas.

La retórica de la «seguridad nacional»

En los primeros días de enero de 2026, el presidente Trump ha elevado el tono, pasando de la sugerencia económica a la urgencia estratégica. Tras la captura de Nicolás Maduro y el reciente giro geopolítico en el hemisferio sur, el mandatario ha vuelto a poner el gélido Ártico en su mira como el próximo objetivo prioritario.

«Necesitamos Groenlandia para una situación de seguridad nacional. Es así de estratégico. En este momento, Groenlandia está cubierta de barcos rusos y chinos por todas partes... Dinamarca no puede manejar la tarea», declaró Trump el pasado 4 de enero a bordo del Air Force One.

«Vamos a conseguirla. De una forma u otra, vamos a conseguirla. La Unión Europea nos necesita para tener seguridad, y ellos lo saben. Hablemos de Groenlandia de nuevo en 20 días», añadió al ser consultado sobre si esto podría implicar una acción unilateral ante la negativa danesa.

Por su parte, el secretario de Estado, Marco Rubio, confirmó el 6 de enero de 2026 que la administración está evaluando «una gama completa de opciones» para la adquisición, subrayando que la compra es la vía preferida, pero que la seguridad de los Estados Unidos «no es negociable».

Conclusión

El mapa polar no miente: quien controla Groenlandia controla la defensa del hemisferio norte. Aunque la idea de una anexión en pleno siglo XXI parece un anacronismo, para Washington es una pieza de ajedrez que define quién dominará el Ártico en los próximos cien años. Mientras Dinamarca y Groenlandia responden con un rotundo «no está a la venta», el mapa estratégico sigue señalando que, para EE.UU., la isla ya no es un aliado exterior, sino un componente necesario de su propia frontera nacional.

Por MysteryPlanet.com.ar.

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 1 comentario
Comentarios
Ene 10, 2026
15:55
#1 Juaquin:

Continua la dominacion a nivel planetario.

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