Mystery Planet es un sitio web que ofrece noticias y artículos sobre ciencia y misterios. Para estar al tanto de todo lo que publicamos, además de seguirnos en nuestras redes sociales o suscríbete a nuestro boletín de noticias, te invitamos a nuestro canal de Telegram.
El debate sobre la presencia de objetos no identificados en las proximidades de la Tierra ha tomado un giro estrictamente académico y de alta tensión. En el centro de la polémica se encuentran el conocido astrofísico de Harvard, el profesor Avi Loeb, y la doctora Beatriz Villarroel, investigadora principal del proyecto VASCO (Vanishing and Appearing Sources during a Century of Observations).

Debate entre astrofísicos. Avi Loeb (Universidad de Harvard) vs Beatriz Villarroel (Universidad de Estocolmo).
La controversia gira en torno a una serie de misteriosos puntos de luz detectados en placas fotográficas del Palomar Sky Survey en la década de 1950, años antes de que la humanidad lanzara su primer satélite artificial. Mientras que algunos sugieren que estos destellos temporales podrían ser evidencia de fenómenos anómalos no identificados (UAPs) o artefactos de origen no humano en órbita, una nueva propuesta intenta desmontar esta hipótesis por completo.
El profesor Avi Loeb ha publicado un análisis donde sostiene que estas anomalías no son más que ruido instrumental provocado por partículas energéticas. Para ilustrar su punto, Loeb recurrió a los archivos desclasificados de la misión Apollo 11 de 1969, recordando que Buzz Aldrin reportó ver «pequeños destellos dentro de la cabina, espaciados por un par de minutos» mientras intentaba dormir, causados por el impacto de rayos cósmicos en su retina.
Según los cálculos de Loeb, cada placa fotográfica de la época estuvo expuesta durante aproximadamente una hora, recibiendo cerca de 60.000 impactos de partículas.
El astrofísico comparó la resistencia a su teoría con el dogmatismo religioso del pasado: «El Sol no empezó a girar alrededor de la Tierra solo porque el Vaticano defendiera firmemente esa noción durante siglos. La investigación científica no se trata de detectar señales, sino de eliminar el ruido».
La doctora Beatriz Villarroel respondió con firmeza, argumentando que el modelo de los rayos cósmicos es físicamente incompatible con los patrones específicos descubiertos por su equipo. La investigadora fue contundente al declarar que «Avi está equivocado», sosteniendo su postura en tres evidencias empíricas:
Dear @ProfAviLoeb . I very much enjoyed reading your text. I appreciate the respectful critique and the ideas you bring to the discussion. I would just like to point out that neither the deficit in the Earth's shadow at 42,000 km altitude nor Kevin Cann's anticorrelation of…
— Beatriz Villarroel (@DrBeaVillarroel) May 16, 2026
El intercambio también ha destapado tensiones sobre el escepticismo y el crédito en la comunidad científica. El explorador Dennis Asberg, CEO de OceanX y amigo de Villarroel, intervino públicamente para defender el rigor del proyecto VASCO frente a las críticas despectivas.
«Durante años, Beatriz Villarroel y el equipo de VASCO han dedicado una enorme cantidad de tiempo a analizar datos históricos de muestreos del cielo, revisando material, comparando observaciones y publicando artículos de manera científica y transparente. Así es como se supone que debe funcionar la ciencia».
Honestly, what is happening right now around Beatriz Villarroel and the VASCO team’s work is becoming difficult to ignore.
For years, Beatriz Villarroel and the VASCO team have spent enormous amounts of time analyzing historical sky survey data, checking and rechecking material,…
— Dennis Asberg (@dennis_asberg) May 19, 2026
Asberg señaló la ironía de que algunos investigadores se muestren cómodos especulando con posibilidades extraordinarias cuando beneficia a sus propios proyectos, pero adopten un tono personal y despectivo cuando otro equipo presenta datos anómalos revisados por pares. «El fenómeno en sí es lo que importa aquí. No el ego. No el prestigio», concluyó.
Para resolver el enigma, Loeb insiste en mirar hacia el futuro con instrumentos modernos, como la cámara de 3.2 gigapíxeles del Observatorio Vera C. Rubin. Argumenta que si los UAPs estuvieran allí todavía —como sondas alienígenas de vigilancia— habrían sido detectados por el aparato de vigilancia actual o por los astronautas de la reciente misión Artemis II.
Avi is wrong. Because (1) there is a deficit of these point sources in the Earth's shadow at 42,000 km (2) if these were cosmic rays, we would see an increase of these point sources with geomagnetic activity, while we see a decrease in (3) these point sources avoid the ecliptic.
— Beatriz Villarroel (@DrBeaVillarroel) May 17, 2026
Sin embargo, el debate sigue abierto. Mientras la ciencia oficial busca demostrar que las luces de la década de 1950 son solo interferencias del siglo pasado, los defensores de la hipótesis anómala no descartan escenarios más complejos.

Placas fotográficas históricas tomadas antes del lanzamiento del Sputnik 1 —el primer satélite artificial de la historia—, han revelado la presencia de tres fuentes de luz (transitorios) que aparecen y desaparecen en el transcurso de una hora en una pequeña imagen. Esto sucedió en julio de 1952, al mismo tiempo que se daba una oleada OVNI sobre Washington D.C..
Entre estas posibilidades se contempla que los destellos fotográficos hubieran registrado un evento de visita astronómica genuino, como naves nodrizas o sondas espaciales liberando flotas de objetos en nuestra órbita. Este tipo de comportamiento técnico evoca directamente las grandes oleadas de avistamientos históricos en la Tierra, como la acontecida en julio de 1952 sobre los cielos de Washington D.C., dejando la incógnita de si la astronomía de mediados de siglo llegó a capturar el rastro físico de estas oleadas.
Por MysteryPlanet.com.ar.
¿Te gustó lo que acabas de leer? ¡Compártelo!
Artículos Relacionados