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La realidad supera a la ficción, pero en los pasillos de la inteligencia estadounidense durante la Guerra Fría, la línea entre ambas se borró por completo.
Imagina la escena: es una noche cerrada en La Habana de 1962. Los habaneros caminan por el Malecón cuando, de repente, las nubes bajas sobre el Caribe se iluminan con un resplandor sobrenatural. Una figura gigantesca se forma en el cielo. Es Jesucristo. Y está hablando. Su mensaje es claro y atronador: Fidel Castro es el Anticristo y el pueblo cubano debe derrocarlo.
Parece el guion descartado de una película de ciencia ficción de serie B o una teoría de conspiración moderna extraída de un foro de internet. Sin embargo, no es ni lo uno ni lo otro. Esta alucinación colectiva manufacturada fue una propuesta real, documentada (aquí) y discutida en las oficinas más altas del gobierno de los Estados Unidos.
Para entender cómo una idea tan descabellada llegó a ponerse sobre papel, hay que entender el contexto. A principios de los años 60, la obsesión de Washington con Fidel Castro era absoluta. Tras el fracaso de la invasión de Bahía de Cochinos, la administración Kennedy autorizó la Operación Mangosta, una campaña masiva de guerra encubierta dirigida por el general de la Fuerza Aérea Edward Lansdale. El objetivo era simple: derrocar al régimen comunista a cualquier precio.

Contraataque de las Fuerzas Armadas Revolucionarias Cubanas apoyadas por tanques T-34 cerca de Playa Girón durante la invasión de Bahía de Cochinos, 19 de abril de 1961.
En ese clima de desesperación, la CIA y el Pentágono abrieron la puerta a la creatividad sin filtros. Se buscaban soluciones no convencionales para un problema que las armas convencionales no habían podido resolver. Fue entonces cuando Lansdale, un hombre conocido por su pensamiento lateral en operaciones psicológicas, presentó el plan que pasaría a la historia con el sarcástico nombre en código: Elimination by Illumination (Eliminación por Iluminación).
Aunque hoy en día algunos teóricos se refieren a esto como un «holograma de la CIA», la tecnología de la época no permitía proyecciones láser sofisticadas. El plan era analógico, rudimentario, pero psicológicamente astuto.
La propuesta técnica consistía en utilizar un submarino de la Armada estadounidense que emergería sigilosamente cerca de la costa de La Habana, justo por debajo del horizonte visual. Aprovechando una noche con nubes bajas, el submarino dispararía proyectiles de estrellas (star shells) y bengalas de alta intensidad diseñadas para dispersar la luz de manera difusa. El objetivo era crear un resplandor masivo y figuras amorfas en las nubes que, mediante la pareidolia y la sugestión religiosa, los observadores interpretarían como una aparición divina.
Pero el plan no se detenía en lo visual. Para completar la performance, se sugirió el uso de aviones militares volando por encima de la capa de nubes, equipados con altavoces de potencia industrial —similares a los usados en operaciones psicológicas en Vietnam— para proyectar una voz retumbante hacia la ciudad.
La idea era simple: convencer a una población profundamente católica de que Dios había elegido bando en la Guerra Fría.
El plan llegó a los escritorios del Grupo Especial (Aumentado), el comité encargado de supervisar las operaciones contra Cuba. Según los testimonios recogidos años más tarde por el Comité Church del Senado, la reacción osciló entre la incredulidad y la risa nerviosa.

Edward Geary Lansdale (1908-1987) fue un militar de la Fuerza Aérea de Estados Unidos y la Agencia Central de Inteligencia (CIA). Alcanzó el grado de mayor general y se retiró en 1968.
La propuesta se desmoronó no por falta de ética —en esa misma época la CIA planeaba envenenar el traje de buceo de Castro o poner talio en sus zapatos para que se le cayera la barba—, sino por falta de viabilidad. Los críticos del plan señalaron lo obvio: ¿Qué pasaba si el viento dispersaba las nubes? ¿Qué ocurría si la gente simplemente veía bengalas y no a Jesús? Y peor aún: ¿Qué sucedería con la reputación de Estados Unidos si el «milagro» era desenmascarado como un truco de feria con pirotecnia barata?
El riesgo de que la operación se convirtiera en una broma mundial era demasiado alto. Lansdale fue discretamente invitado a archivar la idea y centrarse en sabotajes más tradicionales.
El proyecto del «falso Jesús» sobre Cuba permanece como un testimonio fascinante de hasta dónde puede llegar la mente humana bajo la presión de la guerra ideológica. Nos recuerda que, detrás de los trajes oscuros y los informes clasificados, las agencias de inteligencia a veces operan en un terreno donde la lógica se suspende en favor de la esperanza de una solución mágica.
The CIA wanted to holographically project Jesus in the skies above Havana Cuba 👀🚨so what does this mean for many of the UFOs we see? pic.twitter.com/DcHEAbA1yd
— American Alchemy (@AmericanALCHMY) December 10, 2025
Aunque el cielo de La Habana nunca se iluminó con la imagen de un mesías anticomunista, el simple hecho de que el documento exista nos obliga a preguntarnos: si esto es lo que sabemos que planearon hace 60 años, ¿qué ideas descartaron —o aprobaron— que aún no conocemos?
Por MysteryPlanet.com.ar.
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