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De a poco se va pavimentando el camino hacia robots humanoides creados a nuestra imagen y semejanza.
Si accidentalmente tocas un objeto ardiendo, retiras la mano antes de que tu cerebro procese conscientemente lo que está pasando. Este acto reflejo, mediado por la médula espinal, es una defensa biológica crucial para evitar daños graves. Hasta ahora, los robots carecían de esta capacidad; cualquier estímulo debía viajar a su unidad central de procesamiento (CPU), ser analizado y transformado en una orden de movimiento, un retraso que en el mundo real puede significar la destrucción de un componente costoso o un accidente.
Frente a este desafío, un equipo de científicos en China ha dado un paso histórico hacia la creación de máquinas más seguras y «conscientes» de su entorno. Según un estudio publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), han desarrollado una piel electrónica robótica neuromórfica (piel-ERN) que permite a los humanoides sentir tacto, detectar daños e incluso experimentar una versión robótica del dolor para reaccionar de forma instintiva.
La piel-ERN no es un simple parche de sensores de presión. Su diseño de cuatro capas imita la jerarquía del sistema nervioso humano. La capa superior actúa como una epidermis protectora, mientras que debajo se encuentran circuitos que funcionan como nervios artificiales.
El sistema opera mediante un flujo constante de información. Cada 75 a 150 milisegundos, la piel envía un pequeño pulso eléctrico a la CPU del robot. Mientras este pulso se mantenga, el robot «sabe» que todo está en orden. Si la piel se corta o se daña, el pulso se interrumpe inmediatamente, lo que permite al robot localizar la herida con precisión y alertar sobre la necesidad de mantenimiento.
Sin embargo, la tecnología no se limita al autodiagnóstico; su verdadera distinción aparece en la gestión de estímulos intensos. Cuando la piel recibe un toque normal, envía señales a la CPU para su procesamiento habitual. Pero cuando el impacto supera un umbral de fuerza predeterminado —lo que el sistema interpreta como dolor—, la piel genera un pico de alto voltaje que viaja directamente a los motores del brazo.

Piel electrónica modular y neuromórfica capaz de percibir activamente el dolor y las lesiones en aplicaciones robóticas. Crédito: Xinge Yu, Universidad de la Ciudad de Hong Kong.
Al saltarse el procesamiento de la CPU, el robot genera un reflejo local instantáneo, retirando el miembro de la fuente de daño en milisegundos, tal como lo haría un humano.
«Nuestra piel electrónica presenta una arquitectura de inspiración neuronal que permite una detección táctil de alta resolución, detección activa de dolor y lesiones con reflejos locales, y una reparación modular de liberación rápida», explican los autores en su artículo de PNAS.
Según el equipo, este avance es fundamental para la próxima generación de robots de servicio empáticos que deberán interactuar de forma segura en hogares y hospitales.
Además de sus capacidades sensoriales, la piel-ERN resuelve uno de los mayores problemas de la robótica actual: el mantenimiento. Gracias a un diseño basado en parches magnéticos, la piel es modular. Si una sección se daña irremediablemente, el propietario puede simplemente «desprender» la parte afectada y colocar una nueva en cuestión de segundos, de forma similar a como se unen las piezas de Lego.
El siguiente paso para los investigadores es aumentar la sensibilidad de la piel, permitiendo que los robots puedan procesar múltiples estímulos táctiles simultáneos sin confundirse, acercándolos cada vez más a una interacción verdaderamente humana con el mundo físico.
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