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La ciencia ficción nos ha hecho creer que el universo está lleno de atajos. Desde Star Trek hasta Interstellar, la idea de un agujero de gusano como un túnel para cruzar galaxias en segundos es un pilar del entretenimiento. Sin embargo, una nueva investigación sugiere que hemos vivido un malentendido de casi un siglo.
Según el profesor Enrique Gaztañaga, astrofísico del Instituto de Cosmología y Gravitación de la Universidad de Portsmouth, estos «puentes» no son portales a otros mundos, sino algo mucho más extraño: espejos donde el tiempo fluye al revés.
El concepto original, planteado en 1935 por Albert Einstein y Nathan Rosen, nunca tuvo la intención de describir un método de transporte espacial. Gaztañaga y su equipo explican que estos físicos buscaban una forma de reconciliar la gravedad con el mundo microscópico de las partículas. Fue décadas después cuando la cultura popular tomó esos «puentes» matemáticos y los bautizó como agujeros de gusano, alimentando la fantasía de los viajes interestelares que la propia relatividad de Einstein, en realidad, prohíbe.

Analogía 2D con un agujero de gusano (puente de Einstein-Rosen). (a) camino largo a través del espacio normal (rojo) (b) camino corto a través del agujero de gusano (verde).
En este nuevo estudio, los investigadores proponen que el famoso puente de Einstein-Rosen es una conexión entre dos «flechas del tiempo». En nuestro día a día, sentimos que el tiempo solo avanza hacia el futuro, pero las leyes fundamentales de la física permiten que también corra hacia atrás. El puente sería el punto de unión donde estas dos direcciones se encuentran.
Lejos de ser un túnel físico, esta estructura actuaría como un espejo cuántico. Gaztañaga y su equipo señalan que el puente es necesario para que el sistema físico esté «completo». En situaciones extremas, como cerca de un agujero negro, no basta con mirar hacia adelante; la descripción matemática del universo exige incluir también la versión del tiempo que fluye en sentido opuesto.

Esta imagen muestra cómo se divide el espacio-tiempo en diferentes regiones. Las líneas curvas representan el flujo del tiempo: en el lado derecho avanza de forma normal, mientras que en el lado izquierdo fluye en sentido opuesto. Las líneas de colores marcan los 'horizontes' o límites que separan el pasado, el futuro y estos dos universos paralelos que se reflejan como en un espejo. Crédito: E. Gaztañaga et al., Classical and Quantum Gravity, 2026.
Esta reinterpretación cambia por completo nuestra visión del cosmos. No existen los atajos espaciales porque el puente es temporal, no geográfico. Lo que antes veíamos como un pasaje hacia otra galaxia es, en realidad, la evidencia de que el tiempo tiene una estructura mucho más compleja y reversible de lo que nuestra percepción humana nos permite notar a simple vista.
Este hallazgo también ofrece una respuesta elegante a la famosa paradoja de Stephen Hawking. El célebre físico afirmaba que los agujeros negros destruían la información de todo lo que caía en ellos, algo que aterra a los científicos porque rompe las leyes de la física.
No obstante, de acuerdo al modelo de Gaztañaga, la información no se destruye: simplemente cambia de «carril». Al llegar al borde del agujero negro, la información deja de avanzar en nuestra dirección del tiempo y empieza a evolucionar en la dirección opuesta a través del espejo temporal.

Gargantua, el ficticio agujero negro con una masa 100 millones superior a la de nuestro sol que aparece en 'Interstellar'. La película está basada en un libro escrito por el astrofísico y nobel Kip Thorne.
Además, esta teoría plantea un origen distinto para nuestro hogar. El Big Bang podría no haber sido el inicio de la nada, sino un «rebote» cuántico. Nuestro universo podría haber nacido de la contracción de un cosmos anterior, y los agujeros negros serían los puentes entre esas distintas épocas.
Si lo anterior es cierto, parte de la misteriosa «materia oscura» que buscamos hoy podrían ser reliquias, restos de ese universo previo que sobrevivieron al gran rebote.
Fuente: The Conversation. Edición: MP.
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7:25
El problema esta en la perspectiva limitante de la Tierra. Para empezar el tiempo a nivel cuántico no existe, y la distancia tampoco. La realidad física como la entiende la ciencia humana es una onda estacionaria generada por la conciencia. Es por eso que el universo se puede considerar infinito, pues es tan grande como la conciencia pueda crear. El "agujero de gusano" es la parábola matemática derivada del hecho de no comprender la no existencia del tiempo ni el espacio. El universo es conjunto de estados vibracionales entrelazados y en constante evolución. Cada cosa en él tiene una "firma" vibracional y si dicha firma se impone en otro punto del universo (sea por conciencia o por imposición mecánica, como el experimento Philadelphia), este se materializa en ese punto. No se puede resolver sin comprender la no existencia del tiempo y el espacio, esto es más parecido a una matriz o proyección del mundo real, que en este planeta es llamado astral y en su mayoría no se considera un espacio real por no ser demostrable empíricamente, que es la gran trampa de la ciencia. Hay muchísimas cosas que existen y no se pueden demostrar empíricamente, ni aquí ni en civilizaciones con millones de años de avance científico delante del terrestre