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Durante las primeras horas del martes (28 de julio), la tranquila costa de Río Gallegos —ciudad situada en la provincia de Santa Cruz, en el extremo sur de la Patagonia argentina— se convirtió en el escenario de un desconcertante evento aéreo. Diversos residentes que transitaban por la zona de la costanera observaron durante casi una hora una serie de puntos luminosos que cambiaban de color, se alineaban y trazaban figuras geométricas en el firmamento nocturno.
El fenómeno captó de inmediato la atención de los presentes, quienes desenfundaron sus teléfonos móviles para registrar la escena. Sin embargo, la filmación se vio entorpecida por un hecho singular: según relataron los testigos, cuatro dispositivos utilizados para grabar la escena sufrieron fallas simultáneas y «se tildaron» mientras intentaban enfocar los resplandores en la altura.
A pesar de las complicaciones técnicas, los testimonios orales reflejaron la perplejidad vivida en el lugar. «Se formó un triángulo», describió una de las vecinas al notar cómo la disposición de las luces adoptaba una estructura definida. Ante la cantidad de objetos visibles, otra de las presentes comentó con asombro: «Son un montón, si te pones a ver algunos están más claros. Está lleno».
Aunque una de las acompañantes planteó inicialmente la posibilidad de que se tratara de un tren de satélites en órbita («Capaz que es un satélite»), la persona que sostenía la cámara descartó esa hipótesis de inmediato al notar el comportamiento anómalo del grupo: «Esos no son satélites, son un montón».
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«Se están alineando, son cinco y hay más», advirtió otra vecina antes de que el grupo decidiera acercarse a la orilla del río para obtener una mejor perspectiva. Durante la observación, la conducta de los destellos continuó desorientando a la multitud: «¡No te puedo creer, fijate que desaparecen y aparecen de vuelta! (…) cambian de color a cada rato», exclamó uno de los testigos, para luego añadir que «se alinean y ahí bajan», instante en que las luces finalmente se extinguieron.
Al analizar este suceso bajo la métrica de «las 5 observables» —los criterios físicos popularizados por el programa de investigación de Fenómenos Anómalos No Identificados (UAPs) del Pentágono—, el caso de Río Gallegos revela importantes matices. Estos parámetros evalúan la presencia de aceleración repentina e instantánea, velocidades hipersónicas sin firmas térmicas o acústicas, baja observabilidad, capacidad de viajes transmedio (desplazamiento fluido entre espacio, aire y agua) y elevación positiva sin medios de propulsión ni superficies aerodinámicas visibles.
En el caso santacruceño, las luces no realizaron movimientos bruscos ni aceleraciones que desafiaran las leyes de la física o la inercia, así como tampoco mostraron cambios de dirección intempestivos ni velocidades extremas. La única anomalía concreta reportada en el lugar estuvo vinculada a una posible interferencia electromagnética o baja observabilidad, manifestada en el bloqueo repentino de los cuatro celulares que intentaban filmarlas.
Al no presentar maniobras anómalas ni capacidad transmedio, el fenómeno de Río Gallegos se aleja de la definición técnica de un UAP verdaderamente avanzado, sugiriendo explicaciones más terrenales como enjambres de drones de iluminación coordinada.
Este episodio en el sur de Argentina invita a una comparación directa con otro avistamiento reciente ocurrido en la misma región patagónica, más precisamente en la pequeña localidad de Clemente Onelli, en la provincia de Río Negro. En aquel evento, una fotógrafa y varios pobladores presenciaron una misteriosa luz en el cielo que lanzó un potente rayo de energía de color blanco encandilante que iluminó todo el pueblo «como si fuera de día» durante apenas cinco segundos.
Las diferencias entre ambos acontecimientos son notables. Mientras que en Río Gallegos se trató de una experiencia de larga duración basada en alineaciones lentas, giros sutiles y alteraciones en dispositivos electrónicos, lo sucedido en Río Negro destacó por una descarga energética puntual y una descomunal intensidad fotométrica. Ambos casos, sin embargo, reafirman la persistente fascinación por las anomalías que continúan manifestándose en los cielos de la Patagonia.
Fuente: La Opinión Austral. Edición: MP.
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