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El cielo nocturno se prepara para un doble espectáculo astronómico. Entre el 30 y el 31 de mayo, nuestro satélite natural alcanzará su fase completa por segunda vez en el mismo mes, un fenómeno conocido popularmente como Luna Azul. Sin embargo, este evento tendrá una peculiaridad añadida: será también una microluna, específicamente la luna llena más pequeña y distante de todo el año 2026.
Mayo comenzó con la Luna de las Flores el pasado día 1, y cerrará el mes con este segundo plenilunio. El momento de máximo esplendor ocurrirá exactamente a las 8:45 UTC del 31 de mayo.
Para quienes vivan en el continente americano, Europa o África, el mejor momento para observar el firmamento será durante la noche del sábado 30 de mayo. Por el contrario, en Asia, Australia y Nueva Zelanda, el satélite lucirá en todo su esplendor la noche del domingo 31 de mayo. Durante ambas jornadas, la luna compartirá protagonismo en el cielo con Antares, la brillante estrella que late en el corazón de la constelación de Escorpio.
A diferencia de las populares superlunas, que se aprecian más grandes y brillantes debido a su cercanía a la Tierra, esta microluna se encontrará cerca de su apogeo mensual, el punto de su órbita más alejado de nuestro planeta.
Nuestra compañera de baile se situará a una distancia aproximada de 406.134 kilómetros, una cifra considerablemente mayor en comparación con la distancia promedio habitual, que ronda los 384.472 kilómetros.
Esta lejanía provocará que el círculo lunar se perciba un 7 % más tenue que una luna llena promedio, y entre un 25 % y un 30 % menos brillante que una superluna. Aunque a simple vista el ojo humano difícilmente notará la diferencia de tamaño en la cúpula celeste, los astrónomos la catalogan formalmente como la luna más pequeña del año.
A pesar de su nombre, el satélite no se teñirá de azul. Las imágenes que circulan en internet con tonalidades azuladas suelen ser el resultado de filtros fotográficos o programas de edición digital para ilustrar el fenómeno.
Las lunas de color azul real son fenómenos extremadamente raros y no dependen de las fases lunares, sino de condiciones atmosféricas específicas. Ocurren cuando el aire acumula partículas de polvo o humo de un tamaño ligeramente superior a los 900 nanómetros, capaces de dispersar la luz roja de manera eficiente.
Históricamente, los seres humanos han podido presenciar lunas auténticamente azules tras catástrofes ambientales a gran escala, como la histórica erupción del volcán Krakatoa en 1883 o la del monte Santa Elena en 1980.
La definición moderna de la Luna Azul como la segunda luna llena dentro de un mismo mes calendario es, en realidad, el resultado de una equivocación histórica que terminó integrándose en la cultura popular.

El cielo de la noche del 30 al 31 mayo. Izquierda, hemisferio sur; derecha, hemisferio norte. Crédito: MysteryPlanet.com.ar vía Stellarium.
El concepto original proviene del folclore estadounidense y del almanaque agrícola de Maine, que llamaba Luna Azul a la tercera luna llena de una estación que tuviera cuatro plenilunios en lugar de los tres habituales.
Sin embargo, en marzo de 1946, el astrónomo aficionado James Hugh Pruett publicó un artículo en la revista Sky and Telescope titulado Once in a Blue Moon (‘Una vez en una Luna Azul’). Al intentar interpretar el complejo sistema del almanaque, Pruett simplificó la regla de forma involuntaria y escribió:
«Siete veces en 19 años hubo —y todavía hay— 13 lunas llenas en un año. Esto da 11 meses con una luna llena cada uno y uno con dos. A esta segunda en un mes, según lo interpreto, se la llamó Luna Azul».
Aunque Pruett cometió un error de cálculo, su interpretación era mucho más sencilla de comprender para el público general. Décadas más tarde, en los años 70 y 80, la divulgadora científica Deborah Byrd rescató esta definición para el programa de radio StarDate. Poco después, el término se masificó a nivel global gracias a libros de datos e incluso preguntas de juegos de mesa como el Trivial Pursuit.
Hoy en día, la astronomía y la cultura popular conviven con esta definición que, tal como señaló en su momento el folclorista Philip Hiscock, tiene una naturaleza muy particular: «No es “folclore antiguo”, pero sí es folclore real».
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