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Imagina que tu conciencia pudiera ser escaneada, procesada y «ejecutada» dentro de un ordenador. Lo que parecía una fantasía de ciencia ficción acaba de ocurrir en un laboratorio.
Científicos de la compañía Eon Systems PBC han logrado un hito histórico: realizar la primera «carga» completa de un cerebro biológico en un entorno virtual. No se trata de una Inteligencia Artificial imitando a un insecto, sino de la mente real de una mosca de la fruta (Drosophila melanogaster) operando dentro de un simulador físico.
Para conseguirlo, el equipo utilizó el conectoma «FlyWire», un mapa ultra detallado obtenido mediante el escaneo de más de 7,000 cortes del cerebro del insecto con microscopía electrónica. Esta proeza técnica permitió mapear 125.000 neuronas y 50 millones de conexiones sinápticas con una precisión sin precedentes.
Al igual que en The Matrix, donde los personajes perciben un mundo digital a través de una conexión neuronal, esta mosca virtual experimenta una realidad simulada. El cerebro digitalizado está conectado a un cuerpo en la plataforma MuJoCo, un motor que emula las leyes de la física.
El mundo virtual «entra» en el cerebro a través de sensores digitales que imitan los ojos y las antenas. Estas señales sensoriales viajan por el mapa de neuronas, permitiendo que el organismo digital procese obstáculos o estímulos y responda moviendo sus extremidades. Es un ciclo cerrado de percepción y acción que ocurre enteramente en el silicio.
«Lo que están viendo no es una animación», afirma el Dr. Alexander D. Wissner-Gross, cofundador de Eon Systems. «Es una copia de un cerebro biológico, cableado neurona por neurona, ejecutándose en una simulación y haciendo que un cuerpo se mueva. El fantasma ya no está en la máquina; la máquina se está convirtiendo en el fantasma».
El comportamiento de la mosca no fue programado; surgió de forma natural al ejecutar su arquitectura cerebral. Al cargar el mapa completo, el organismo virtual «supo» cómo caminar y limpiarse por sí mismo, demostrando que la identidad y la conducta residen en la estructura física de las conexiones.
El siguiente objetivo de Eon Systems es el cerebro de un ratón, que posee 70 millones de neuronas (560 veces más que la mosca). Si la tecnología mantiene este ritmo, el camino hacia la carga de un cerebro humano, con sus 86.000 millones de neuronas, dejará de ser una cuestión de «si es posible» para convertirse en una de «cuándo sucederá».

Las 50 neuronas más grandes del conectoma del cerebro de la mosca, por Tyler Sloan y Amy Sterling. Crédito: flywire.ai.
De probarse en humanos, estaríamos ante el nacimiento de la inmortalidad digital, rompiendo finalmente las cadenas de la fragilidad biológica. Sin embargo, el avance nos empuja a un abismo filosófico: si hoy somos capaces de crear una simulación perfecta para una mente biológica, ¿quién nos asegura que no somos nosotros los que ya habitamos una?
Quizás este experimento no sea el inicio de la Matrix, sino la prueba de que ya estamos dentro de ella, simulando una realidad neurointeractiva dentro de otra en un ciclo infinito de código y conciencia.
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Así como esta mosca “vive” en un mundo simulado que para ella es totalmente real (no tiene forma de saber que es código), nosotros podríamos estar experimentando exactamente lo mismo. Una civilización demasiado avanzada pudo haber simulado todo este universo, y para nosotros sería indistinguible de la realidad “base”. Nuestros sentidos, nuestras leyes físicas, nuestro tiempo… todo podría ser parte de una simulación de alta fidelidad.
No suena tan descabellado después de ver que ya podemos recrear un cerebro simple y hacerlo “vivir” sin que note la diferencia…