Un nuevo estudio publicado en la revista Astrobiology sugiere que las moléculas orgánicas descubiertas en el cráter Gale por el rover Curiosity son tan abundantes que las explicaciones químicas convencionales simplemente no alcanzan para justificarlas.

La NASA se está quedando sin explicaciones «no biológicas» para lo hallado en Marte

Panorámica del interior del cráter Gale tomada por el Curiosity. En el círculo, objetivo rocoso, denominado «Cumberland», perforado por el rover para recolectar una muestra de material pulverizado del interior. Crédito: NASA/JPL-Caltech/MSSS.

La investigación, liderada por Alexander Pavlov del Centro de Vuelo Espacial Goddard de la NASA, se centró en los restos de alcanos de cadena larga hallados en la formación Cumberland. En la Tierra, estas moléculas son piezas fundamentales para la construcción de membranas celulares, lo que convierte su presencia en Marte en un enigma de primer orden.

Aunque los niveles detectados actualmente son discretos, el equipo de Pavlov advierte que la clave no está en lo que vemos hoy, sino en lo que el tiempo ha borrado. El estudio revela un factor determinante: estas muestras han sido castigadas por la radiación cósmica durante 80 millones de años, un proceso que destruye la materia orgánica de forma implacable.

Representación de las moléculas orgánicas decano, undecano y dodecano, las más grandes descubiertas en Marte hasta hoy. Halladas en la muestra de roca «Cumberland» por el rover Curiosity (derecha), estas cadenas sugieren un pasado químico complejo en el cráter Gale. Crédito: NASA/Dan Gallagher.

Al reconstruir matemáticamente la degradación sufrida, los científicos llegaron a una conclusión asombrosa. Originalmente, la concentración de estos compuestos debió oscilar entre las 120 y 7.700 partes por millón (ppm).

Para poner esta cifra en perspectiva, se trata de una abundancia miles de veces superior a cualquier expectativa previa para un planeta que, hasta ahora, se consideraba geológicamente inerte.

¿De dónde salió tanto material orgánico?

Aquí es donde la NASA se queda sin respuestas sencillas. Los investigadores pusieron a prueba todas las fuentes «no vivas» posibles, refutando cada una de ellas:

  • Polvo cósmico y meteoritos: Aportan niveles un millón de veces menores.
  • Procesos en la atmósfera antigua: No logran generar tal acumulación.
  • Reacciones químicas en rocas: No alcanzan la complejidad observada.

«Argumentamos que concentraciones tan altas de alcanos de cadena larga son inconsistentes con las fuentes abióticas conocidas en el antiguo Marte», explican los autores en el documento.

La sombra de la biología

Ante la incapacidad de la química convencional para explicar estas cifras, la balanza comienza a inclinarse hacia procesos biológicos similares a los de la Tierra. De hecho, las concentraciones estimadas en Marte coinciden con los registros hallados en sedimentos de lagos terrestres antiguos, donde la vida microscópica era próspera.

A pesar del entusiasmo, los investigadores abogan por la prudencia. Reconocen que podría existir algún proceso químico aún desconocido que explique este fenómeno; sin embargo, admiten que cada vez es más difícil sostener la idea de que el planeta rojo fue siempre un desierto estéril.

Este hallazgo se convierte así en la pista más sólida sobre la habitabilidad marciana encontrada hasta la fecha. El debate ha cambiado de eje: ya no se trata solo de preguntarnos si nuestro vecino albergó organismos en el pasado, sino de encontrar una forma de explicar su rastro si, por alguna razón extraordinaria, no fue la vida la que lo dejó allí.

Fuente: Astrobiology. Edición: MP.

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