El rover Perseverance de la NASA ha confirmado de manera inequívoca la presencia de carbono macromolecular en Marte. Este descubrimiento aporta una prueba fundamental que consolida la evidencia previa y suma una pieza clave al rompecabezas científico que busca determinar si el planeta rojo albergó vida en el pasado.

La NASA ratifica con pruebas contundentes el hallazgo de moléculas orgánicas complejas en Marte

El rover Perseverance en Marte inspecciona una roca apodada «Cheyava Falls» con el instrumento SHERLOC (Scanning Habitable Environments with Raman & Luminescence for Organics & Chemicals) en su brazo robótico. Crédito: NASA/JPL-Caltech.

El hallazgo se centró en la formación Bright Angel, ubicada en el cráter Jezero. En este lugar, el rover analizó dos rocas específicas, destacando una bautizada como «Cheyava Falls». Un nuevo estudio publicado en la revista Science Advances detalla las características de la materia orgánica detectada en estas estructuras y confirma de forma contundente las potenciales biofirmas que se habían anunciado con bombos y platillos el año pasado.

Chances de origen biológico: 50 %

La investigación fue liderada por Ashley Murphy, investigadora posdoctoral del Planetary Science Institute, junto a Kyle Uckert, coinvestigador principal del instrumento SHERLOC. Este dispositivo, instalado en el brazo robótico de Perseverance, utiliza la espectroscopía Raman, una técnica no destructiva que emplea luz láser para mapear minerales y compuestos orgánicos en las rocas de forma sumamente precisa.

A través de esta tecnología, el equipo detectó carbono macromolecular, que consiste en grandes redes entrelazadas de átomos de carbono. En la Tierra, este tipo de estructuras se encuentra comúnmente en rocas sedimentarias y también en ciertos meteoritos, y puede tener un origen tanto biológico como geológico.

Hace miles de millones de años, un río transportaba agua y sedimentos hacia el cráter Jezero. Estas partículas finas se depositaron en el fondo y, con el tiempo, se endurecieron hasta convertirse en las lodolitas que el rover analizó.

Los anillos muestran los puntos en la superficie donde impactó el láser del rover y se detectó la señal más fuerte de material orgánico. Siguiendo la escala de intensidad de la extrema derecha, los círculos blancos y sólidos (100 % opacos) representan las concentraciones más altas. Por el contrario, las señales más débiles se muestran como círculos transparentes, lo que permite ver la fotografía original de la roca que se encuentra debajo. Crédito: A.E. Murphy et al., 2026.

El carbono macromolecular se encontró asociado tanto a estos sedimentos finos como a minerales de carbonato y sulfato que se formaron posteriormente por la alteración del agua. Esto sugiere que la materia orgánica pudo haberse establecido en dos o más eventos distintos a lo largo de la historia geológica de Marte.

«Aunque el mecanismo específico de formación del carbono macromolecular detectado en las lodolitas de Bright Angel aún es desconocido, este sigue siendo uno de los hallazgos más emocionantes hasta la fecha», afirmó Murphy.

Preservación extrema

Uno de los aspectos más sorprendentes del descubrimiento es que las moléculas se conservaron a solo unos micrómetros de la superficie marciana, una distancia menor al grosor de una hoja de papel. Se trata de la detección de carbono macromolecular más superficial jamás lograda en Marte, lo cual resulta asombroso debido a las condiciones extremas del entorno actual, donde la radiación y los factores ambientales suelen destruir la materia orgánica de forma acelerada.

«El entorno de la superficie marciana incluye radiación y oxidantes químicos que son destructivos para los componentes orgánicos», explicó Murphy. «El carbono macromolecular detectado en las lodolitas de Bright Angel es resistente a la degradación o ha sido suficientemente protegido por otros minerales, como arcillas o el suelo marciano rico en hierro».

(A) Ubicación de Bright Angel en el cráter Jezero. La línea blanca muestra la ruta completa que recorrió el rover y la estrella rosa marca el lugar exacto donde aterrizó en el fondo del cráter. (B) Vista ampliada del recuadro negro de la imagen anterior. Los triángulos azules señalan los puntos específicos que el rover analizó, mientras que la línea blanca punteada marca el límite aproximado entre dos tipos diferentes de terreno. (C) Una selfie del rover. Foto tomada por la cámara WATSON en el día marciano 1218, que muestra el sector exacto de rocas donde el robot estuvo trabajando. Crédito: A.E. Murphy et al., 2026.

Además, este material fue recolectado a más de 3.200 kilómetros de distancia de las detecciones orgánicas que realizó previamente el rover Curiosity en el cráter Gale, lo que demuestra que la presencia de estos componentes no era un hecho aislado o puramente local.

«Es algo muy alucinante para la habitabilidad marciana», señaló Murphy. «Esto indica que, hace miles de millones de años, la materia orgánica podría haber estado ampliamente disponible en los antiguos lagos y ríos de Marte, y no solo en un lugar aislado».

Futuro de la exploración

Actualmente, ni el Curiosity ni el Perseverance cuentan con los equipos de gran tamaño y alto consumo energético necesarios para determinar con certeza absoluta si estas muestras contienen restos de vida microbiana fosilizada. Sin embargo, el Perseverance fue diseñado precisamente con el objetivo de localizar estas biofirmas potenciales, lo que convierte este avance en «un triunfo rotundo para la ciencia marciana», en palabras de Murphy.

Para confirmar si el origen de este carbono es biológico o geológico, la comunidad científica internacional coincide en que será necesario traer estas muestras de regreso a la Tierra, donde podrán ser analizadas con los instrumentos de mayor sensibilidad y resolución disponibles en los laboratorios terrestres.

Fuente: PSI. Edición: MP.

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