Nuevas declaraciones y documentos sitúan a la Estación Aérea Naval de Patuxent River (conocida como «Pax River»), en Maryland, en el centro de una de las mayores controversias de seguridad nacional de la última década.

La base naval Pax River, en Maryland, ocultaría una nave de origen no humano

Un P-8A Poseidon de la Marina de los EE.UU. vuela junto a un P-3C Orion antes de aterrizar en la Estación Aérea Naval de Patuxent River en 2010.

Según fuentes citadas por el medio Liberation Times, un vehículo exótico de origen desconocido habría permanecido oculto en estas instalaciones durante décadas, desatando una serie de intentos fallidos por transferir el material a manos privadas para su análisis científico.

La elección de este emplazamiento no parece ser azarosa, ya que Pax River no es cualquier instalación; es la sede del Comando de Sistemas Aéreos Navales (NAVAIR) y un centro neurálgico para la investigación, desarrollo y evaluación de la aviación naval estadounidense.

Resulta relevante que, en 2020, la oficina de transparencia de NAVAIR se convirtiera en el repositorio oficial de los famosos videos Gimbal y GoFast, que capturaron fenómenos anómalos no identificados (UAPs) en pleno vuelo.

De acuerdo con los informes, ciertos departamentos dentro de esta sede podrían haber estado involucrados en esfuerzos para analizar y explotar materiales recuperados, incluyendo posibles programas de ingeniería inversa.

La conexión con Lockheed Martin y el bloqueo de la CIA

El exdirector del programa AATIP del Pentágono, Luis Elizondo, ha señalado directamente a Pax River en su testimonio ante el Congreso. Según él, se preparó un hangar específico para facilitar el traslado de materiales por aire y río. El objetivo era una transferencia que involucraba a empresas como Lockheed Martin y Bigelow Aerospace.

No obstante, el movimiento fue bloqueado por la Dirección de Ciencia y Tecnología de la CIA, bajo el mando de Glenn Gaffney en aquel momento.

"Representación artística de los presuntos hangares de ingeniería inversa en Pax River. Crédito: MysteryPlanet.com.ar.

Se cree que la CIA ha sido el custodio original de estos materiales, algunos recuperados incluso desde la década de 1950. La propuesta de transferirlos a organizaciones externas, liderada en su momento por James Ryder (exvicepresidente de Lockheed Martin Space Systems), surgió debido a los desafíos de reclutamiento en ingeniería dentro del gobierno, buscando un «avance tecnológico» en el sector privado.

Patentes de antigravedad y tecnología «exótica»

Un dato que añade peso a estas afirmaciones es la presencia del ingeniero aeroespacial Salvatore Pais en la base. Durante su tiempo en Pax River, Pais registró patentes para el gobierno de EE.UU. que describen:

  • Propulsión no convencional y efectos de campo.
  • Una nave con forma de diamante o triángulo capaz de generar un efecto de antigravedad.
  • Tecnología que coincide con las descripciones visuales de muchos UAPs reportados por pilotos militares.

Vigilancia actual y el enigma histórico de Chesapeake

La geografía de la base, situada en la costa este entre Virginia y Nueva Jersey, coincide con las zonas donde se reportaron masivas incursiones de drones en 2023 y 2024. Fuentes internas sugieren que estas actividades de vigilancia podrían dividirse en dos categorías: drones exóticos de origen chino y vehículos de origen no humano.

Bajo esta premisa, se especula que este aumento en la vigilancia podría estar directamente relacionado con el almacenamiento de materiales en Pax River o con posibles pruebas de vuelo de prototipos que utilizan tecnología derivada de dichas recuperaciones. Este patrón de actividad contemporánea, sin embargo, no es un hecho aislado, sino que parece ser la continuación de un misterio con raíces históricas mucho más profundas en la región.

Las tripulaciones de la Estación Espacial Internacional suelen utilizar la Estación Aérea Naval de Patuxent River como un punto de referencia geográfico y objetivo de entrenamiento fotográfico. Esta fotografía, tomada el 28 de abril de 2007 por astronautas, ilustra el motivo: el patrón distintivo de las pistas de aterrizaje y la ubicación de la base en la bahía de Chesapeake facilitan su identificación desde la órbita. Además, los límites tan definidos entre los diferentes tipos de superficies terrestres resultan ideales para practicar el enfoque de las cámaras.

Y es que la relación de la bahía de Chesapeake con lo desconocido no es nueva; ya en 1973 se registró un avistamiento masivo frente a la base, donde testigos afirmaron ver un gran disco metálico acompañado de luces menores. En aquel entonces, la reacción de las autoridades de la base —lejos de la sorpresa— mostró una familiaridad que sugería que este tipo de eventos eran, para ellos, habituales desde hace décadas.

Hoy, ese legado de secretismo se entrelaza con la participación de contratistas estratégicos como el Instituto MITRE y la famosa división Skunk Works de Lockheed Martin. Con estos actores operando en las instalaciones, el debate sobre qué se esconde realmente en los hangares de Maryland y su conexión con tecnología no humana está más vivo que nunca.

Fuente: LT. Edición: MP.

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