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El tercer objeto interestelar identificado por la ciencia está desafiando lo que sabemos sobre el comportamiento de los cometas. Recientes análisis de las misiones Hubble y Webb han revelado que este objeto posee una anticola —un chorro que apunta directamente hacia el Sol— compuesta por partículas de un tamaño inusualmente grande.

Crédito: Dan Bartlett.
A diferencia de los cometas que solemos ver en nuestro sistema solar, cuyo brillo proviene de un polvo finísimo, 3I/ATLAS presenta un chorro de partículas que se extiende por 400.000 kilómetros hacia el Sol.
En un cometa normal, el «viento» de la radiación solar empuja el polvo pequeño hacia atrás, formando la cola clásica. Sin embargo, para que 3I/ATLAS pueda mantener un chorro tan largo apuntando hacia el Sol, las partículas deben ser lo suficientemente pesadas para resistir ese empuje, pero lo suficientemente ligeras para ser arrastradas por los gases del núcleo.
Los científicos han calculado que estas partículas tienen un tamaño de entre 1 y 100 micras. Aunque para nosotros suena diminuto, en el mundo de los cometas esto es enorme, ya que su brillo está dominado usualmente por polvo submicrónico (mucho más pequeño que la longitud de onda de la luz). En 3I/ATLAS no es el caso, pues está lanzando, en esencia, «escombros» mucho más masivos.
El hecho de que estas partículas se muevan a velocidades tan altas —unos 450 metros por segundo— plantea preguntas difíciles. En un cometa natural, el hielo se evapora y arrastra el polvo, pero el tamaño de las partículas de 3I/ATLAS sugiere que el mecanismo de expulsión es extremadamente eficiente o proviene de una zona muy pequeña y activa de su superficie.

Imagen del chorro estrechamente colimado de la anticola de 3I/ATLAS. Procesada mediante un filtro de gradiente Larson-Sekanina el 15 de diciembre de 2025. Crédito: Toni Scarmato.
«Mientras que en un cometa natural el límite de velocidad lo pone la evaporación del hielo, las características anómalas de 3I/ATLAS serían mucho más fáciles de explicar si la fuente fuera artificial, como el escape de un motor, capaz de lanzar materiales a velocidades arbitrarias», explicó el astrofísico Avi Loeb, quien sigue sosteniendo como probable la hipótesis que se trate de un objeto artificial o un cometa modificado como mensajero por alguna civilización extraterrestre.
En este sentido y ante los detractores de su hipótesis, Loeb recuerda lo dicho alguna vez por Erwin Schrödinger: «La tarea no es tanto ver lo que nadie ha visto todavía, sino pensar lo que nadie ha pensado todavía sobre lo que todo el mundo ve».
Para confirmar lo sugerido por el astrofísico de Harvard, los astrónomos tendrán que realizar mediciones de espectroscopía. Esto permitirá medir el efecto Doppler del chorro, confirmando su velocidad exacta y dándonos una pista definitiva sobre si estamos ante una roca helada muy extraña o algo que requiere una explicación totalmente nueva.
Por MysteryPlanet.com.ar.
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