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Un veterinario australiano vivió un suceso catalogado como de «uno en un billón» cuando un misterioso objeto impactó contra su Tesla nuevo mientras conducía por una remota autopista. Los expertos investigan si el proyectil fue un meteorito y, de confirmarse, sería apenas el segundo caso registrado en la historia.

El veterinario de Whyalla, Dr. Andrew Melville-Smith, conducía a casa en su Tesla nuevo cuando fue golpeado por algo que cayó del cielo. Crédito: Museo de Australia Meridional.
Andrew Melville-Smith, de Whyalla (Australia Meridional), relató a la Australian Broadcasting Corporation (ABC) que el objeto golpeó su parabrisas con una fuerza tan violenta que el vidrio pareció ablandarse y derretirse parcialmente, mientras las grietas se extendían como una telaraña desde el punto de impacto.
«Pensé que habíamos chocado, así de fuerte y violento fue, totalmente inesperado», dijo Melville-Smith.

Lo que fuera que haya sido, dejó una misteriosa abolladura similar a un cráter y derritió parte del vidrio. Crédito: Clínica Veterinaria de Whyalla.
Curiosamente, el vehículo, que según los informes se encontraba en modo piloto automático en ese momento, continuó su marcha «impasiblemente, como si nada hubiera pasado», ajeno al caos que se vivía en la cabina.
Melville-Smith reportó el incidente y su ubicación al Museo de Australia Meridional, que actualmente está investigando para determinar la procedencia del proyectil.
Si la teoría se confirma, se convertiría en el segundo caso documentado en la historia de un meteorito golpeando un vehículo en movimiento. El único precedente conocido data del 10 de diciembre de 1950, en St. Louis, Estados Unidos, cuando un meteorito también impactó contra un automóvil que estaba en marcha.
Aunque unas 5.200 toneladas de material espacial caen sobre la Tierra cada año, la gran mayoría es polvo microscópico. Es extremadamente raro que alguien vea aterrizar un meteorito, y mucho menos que sea golpeado por uno, lo que subraya la increíble singularidad de este posible segundo incidente.
El primer paso del museo es examinar el parabrisas en busca de partículas que puedan haber quedado incrustadas en el vidrio.
Kieran Meaney, mineralogista del Museo de Australia Meridional, señaló a la ABC el detalle más desconcertante: «Lo realmente inusual es que el cristal de su parabrisas se ha derretido un poco; había mucho calor en lo que sea que golpeó el parabrisas».
Este detalle es un rompecabezas. Los científicos creen que los meteoritos suelen estar bastante fríos cuando aterrizan, ya que el calor de la entrada atmosférica quema la capa superficial sin transferir mucho calor al interior. Sin embargo, teorizan que si un objeto se mueve lo suficientemente rápido, puede generar un calor intenso en el impacto al convertir su energía cinética en energía térmica.
A pesar de la fascinante teoría, los científicos se mantienen cautos y exploran otras explicaciones, como basura espacial, un objeto caído de un avión o «incluso una roca terrestre ordinaria».
«Puede que, una vez que investiguemos más, descubramos que es algo diferente, pero por el momento la teoría del meteorito es con la que estamos trabajando», afirmó Meaney. «Si la confirmamos, probablemente terminaremos yendo a donde esto sucedió e intentando encontrar el trozo de roca».
Australia Meridional tiene una larga historia de hallazgos de meteoritos que se remonta a 1875 con el descubrimiento del meteorito Yardea en la Cordillera Gawler (Gawler Ranges).
La legislación estatal dicta que todos los meteoritos encontrados son propiedad de la Corona y deben ser custodiados por el Museo de Australia Meridional (SA Museum), debido a su importante valor científico.
El museo cuenta con más de 150 meteoritos de Australia y del extranjero en su colección y reconoce todos los hallazgos con un medallón personalizado para el descubridor.
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