Un equipo internacional de astrónomos ha descubierto una sorprendente estructura en el cinturón principal de asteroides. Se trata de (44) Nysa, un objeto espacial de tipo E y de gran brillo que ha resultado ser el primer asteroide con una anatomía trilobulada jamás observado, acompañado además por un pequeño satélite natural.

Identifican el primer asteroide de tres lóbulos en nuestro sistema solar... y posee su propia luna

Imagen de óptica adaptativa del asteroide (44) Nysa captada con el Gran Telescopio Binocular. La luna está señalada con una flecha. Crédito: Kate Minker et al.

Estudiado durante más de un siglo por su inusual brillo y una superficie rica en enstatita —un mineral que destaca por su resistencia al calor—, las observaciones previas de Nysa sugerían una forma alargada o bilobulada. Sin embargo, gracias a la óptica adaptativa de alta resolución del instrumento italiano SHARK-VIS, en el Gran Telescopio Binocular de Arizona, y al instrumento SPHERE/ZIMPOL del Very Large Telescope del Observatorio Europeo Austral en Chile, los científicos obtuvieron las imágenes de mayor nitidez jamás captadas de este cuerpo celeste.

Los nuevos datos revelaron dos imponentes valles que rodean la circunferencia del asteroide. Los investigadores interpretan estas características morfológicas como cuellos de conexión entre tres componentes diferenciados.

«Las imágenes revelan un objeto extraordinariamente inusual», señaló Kate Minker, autora principal del estudio e investigadora del Observatorio Lowell. «La explicación más probable es que Nysa sea un ternario de contacto, compuesto por tres componentes conectados, o un cuerpo coherente extremadamente irregular, diferente a cualquier otro que hayamos observado con anterioridad».

(44) Nysa.

Animación que muestra la rotación del asteroide (44) Nysa. Crédito: Kate Minker et al.

Para conseguir esta claridad visual y detectar detalles ocultos alrededor del asteroide, fue indispensable aplicar sofisticados algoritmos de procesamiento. Anthony Berdeu, uno de los autores principales de la investigación publicada en el servidor de preimpresión arXiv, explicó el desafío técnico: «Estas observaciones tuvieron que combinarse con técnicas de procesamiento de imágenes especialmente desarrolladas para enfocar aún más las tomas y eliminar el halo brillante que rodea al asteroide, el cual podía ocultar a compañeros tenues».

Por su parte, Minker destacó el hito alcanzado en la observación astronómica desde la Tierra, asegurando que estos registros representan «probablemente la competencia más cercana a la calidad de una sonda espacial que se haya logrado jamás desde la superficie terrestre, posible gracias a una combinación excepcional de instrumentación avanzada y complejas técnicas de reducción de datos».

Una pequeña luna oculta en las sombras

Junto a la inédita morfología de tres lóbulos, la investigación confirmó la detección de una luna desconocida hasta el momento, bautizada provisionalmente como S/2026 (44) 1. Este satélite fue identificado de forma independiente en dos campañas de observación distintas. Se estima que mide cerca de un kilómetro de diámetro y orbita a una distancia mínima de 170 kilómetros del asteroide principal, el cual posee un diámetro de 75 kilómetros.

Imagen del asteroide (44) Nysa y su pequeña luna, S/2026 (44) 1, captada con el instrumento SHARK-VIS del Gran Telescopio Binocular.

Detectar un objeto tan pequeño junto a una fuente de luz tan intensa requirió métodos de vanguardia. «Tomamos prestada una técnica especializada de otro campo de la astronomía, conocida como ‹imágenes de alto contraste›, para detectar la pequeña luna cuya tenue luz quedaba abrumada por el intenso brillo del asteroide principal», detalló Gianluca Li Causi, miembro del equipo de SHARK-VIS en el Instituto Nacional de Astrofísica de Italia.

Claves sobre los orígenes del sistema solar

Las futuras observaciones de este nuevo satélite permitirán calcular con mayor precisión la masa y la densidad de Nysa, lo que ayudará a dilucidar el origen de su peculiar estructura. Entre las hipótesis planteadas, los científicos sugieren que esta formación pudo originarse por la reacumulación a baja velocidad de fragmentos tras una colisión ancestral —quizás antes de que el cuerpo celeste llegara a su posición actual en el cinturón de asteroides— o bien que representa los restos de un violento impacto de rozamiento contra un progenitor de mayor tamaño.

Comprender la naturaleza de Nysa reviste un interés científico crucial, ya que los asteroides de tipo E preservan registros del sistema solar interior primigenio, ya sea como planetesimales primitivos o como fragmentos de la corteza de protoplanetas diferenciados.

En palabras de Al Conrad, del Observatorio del Gran Telescopio Binocular: «Estas nuevas imágenes parecen ser consistentes con varias pistas previas de que Nysa es realmente un objeto único. Por primera vez, podemos investigar directamente si esas pistas apuntan a un cuerpo con profundas hendiduras o a una verdadera estructura multilobulada».

De confirmarse definitivamente este modelo, Nysa se sumará a una categoría de objetos espaciales cuyas formas singulares conservan la huella de colisiones y fusiones ocurridas hace miles de millones de años, abriendo una ventana privilegiada hacia los orígenes de nuestro vecindario cósmico.

Fuente: Lowell. Edición: MP.

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