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La empresa de desextinción Colossal Biosciences ha marcado otro hito en la biotecnología al anunciar el nacimiento de 26 polluelos sanos utilizando un sistema de huevo artificial. Este avance es considerado por la compañía con sede en Dallas como un pilar fundamental para su objetivo final: resucitar especies de aves extintas como el dodo de Mauricio y el moa gigante de la Isla Sur de Nueva Zelanda.
El dispositivo consiste en un sistema de dos componentes: una membrana semisustentable a base de silicona alojada dentro de una copa de soporte hexagonal rígida.
«Es una membrana delgada muy especializada que permite un intercambio de gases realmente eficaz, que es para lo que la cáscara del huevo está increíblemente diseñada. Esto permite el ingreso de oxígeno mientras retiene la humedad y bloquea las impurezas externas», detalló Andrew Pask, director científico de biología en Colossal Biosciences.
Además, el diseño incluye una ventana transparente en la parte superior que permite a los científicos observar el desarrollo del embrión en tiempo real sin alterar su entorno.
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Hasta ahora, la incubación sin cáscara natural había fracasado debido a la necesidad de suministrar grandes cantidades de oxígeno concentrado en las etapas finales del desarrollo, lo que ponía en riesgo el ADN del embrión. El sistema de Colossal resuelve este problema mediante la difusión pasiva a través de su membrana de silicona, eliminando la necesidad de suplementación activa.
El objetivo de este invento no es reemplazar las fases iniciales de la reproducción, sino intervenir después. En el flujo de trabajo actual, los científicos extraen el contenido de huevos viables puestos por gallinas reales entre las 24 y 48 horas posteriores a la puesta, trasladándolo al contenedor sintético.
Para los planes de desextinción, el huevo artificial será un recipiente de incubación avanzado. Dado que un moa gigante —que llegaba a medir casi cuatro metros de altura— superaría rápidamente el tamaño de cualquier huevo de una especie sustituta actual (como el emú o el tinamú), este sistema flexible permitirá ajustar el tamaño del cascarón artificial a medida que el embrión crezca.
A pesar del entusiasmo, la comunidad científica internacional mantiene cierta cautela. Vincent Lynch, biólogo evolutivo de la Universidad de Búfalo, calificó el rediseño de la membrana como «un avance biotecnológico genial», aunque recordó que la estructura es solo un componente de un huevo completo: «No han desarrollado todas las demás partes», advirtió.
A este escepticismo se suma el hecho de que Colossal no ha revelado la tasa de éxito total del experimento ni ha publicado un artículo revisado por pares, lo que impide evaluar a fondo la metodología. Asimismo, expertos en conservación señalan que, para la mayoría de las aves amenazadas en la actualidad, la prioridad real sigue siendo combatir la pérdida de hábitat y la depredación en su entorno actual.
Sin embargo, incluso fuera del debate sobre la desextinción, la ventana de observación del dispositivo promete ser una herramienta valiosa para la investigación en biología del desarrollo, al permitir el estudio detallado de la formación de órganos y vasos sanguíneos en vivo.
Este potencial tecnológico es el que respalda la enorme proyección financiera de Colossal Biosciences. Fundada en 2021 por el director ejecutivo Ben Lamm y el genetista de Harvard George Church, la compañía cuenta ya con una valoración superior a los 10.000 millones de dólares, sosteniendo un portafolio que incluye los proyectos para revivir al mamut lanudo, al tilacino (tigre de Tasmania) y al lobo gigante, del cual ya nacieron tres cachorros en 2024.
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