Mystery Planet es un sitio web que ofrece noticias y artículos sobre ciencia y misterios. Para estar al tanto de todo lo que publicamos, además de seguirnos en nuestras redes sociales o suscríbete a nuestro boletín de noticias, te invitamos a nuestro canal de Telegram.
En noviembre de 2025, el número de asteroides cercanos a la Tierra (NEAs, por sus siglas en inglés) identificados superó la barrera de los 40.000. Este hito representa tanto un recordatorio de la vulnerabilidad de nuestro planeta como un testimonio del vertiginoso avance de la defensa planetaria en las últimas décadas.

El Centro de Coordinación de Objetos Cercanos a la Tierra (NEOCC) de la ESA, parte de la Oficina de Defensa Planetaria, ha diseñado un nuevo conjunto de herramientas astronómicas: el NEO Toolkit.
Un asteroide es un remanente rocoso de la formación del sistema solar, ocurrido hace más de cuatro mil millones de años. Aunque la mayoría orbita entre Marte y Júpiter, un NEA es aquel cuya trayectoria lo acerca a menos de 45 millones de kilómetros de la órbita terrestre, distancia suficiente para que los equipos de defensa planetaria mantengan una vigilancia constante. Estas rocas espaciales varían enormemente en tamaño, desde unos pocos metros hasta varios kilómetros de diámetro.
El camino hasta esta cifra ha sido exponencial. El primer NEA, Eros, fue descubierto en 1898. Durante casi un siglo, los hallazgos fueron lentos, pero la implementación de telescopios de rastreo dedicados en las décadas de 1990 y 2000 aceleró el proceso. De hecho, alrededor de 10.000 de estos objetos se han descubierto únicamente en los últimos tres años.
«El número de descubrimientos está creciendo exponencialmente, pasando de mil a principios de siglo a 15.000 en 2016 y 30.000 en 2022», explica Luca Conversi, director del Centro de Coordinación de Objetos Cercanos a la Tierra de la Agencia Espacial Europea (ESA). «A medida que entre en funcionamiento la próxima generación de telescopios, esperamos que el número de NEAs conocidos siga creciendo a un ritmo aún mayor».
Entre estas nuevas herramientas destaca el Observatorio Vera C. Rubin en Chile, inaugurado este año, que descubrirá decenas de miles de nuevos asteroides. Paralelamente, los futuros telescopios Flyeye de la ESA, con su visión gran angular del cielo, se encargarán de detectar aquellos que escapen a los sondeos actuales.
Cada vez que se descubre un nuevo NEA, los astrónomos utilizan todas las observaciones disponibles para predecir su trayectoria con décadas e incluso siglos de antelación. En la ESA, esta tarea recae en el Centro de Coordinación de Objetos Cercanos a la Tierra (NEOCC). Afortunadamente, ninguno de los 40.000 NEAs conocidos representa una amenaza preocupante para el futuro previsible.
Si bien casi 2.000 de estos objetos tienen una probabilidad distinta de cero de impactar contra la Tierra en los próximos cien años, la mayoría son muy pequeños y sus probabilidades de impacto son típicamente inferiores al uno por ciento.
Los asteroides más grandes —aquellos de más de un kilómetro de diámetro capaces de causar efectos globales— son los más fáciles de detectar y la comunidad científica confía en que la gran mayoría ya han sido encontrados. El foco actual se centra en hallar y rastrear los asteroides de tamaño medio, de entre 100 y 300 metros de ancho. Estos son mucho más difíciles de detectar y podrían causar graves daños regionales si golpearan nuestro planeta —de allí que a menudo se los apode «destructores de ciudades»—. Los modelos actuales sugieren que solo hemos descubierto alrededor del 30 % de estos objetos.
La ESA no solo se dedica a la observación, sino que también supervisa el desarrollo de capacidades de mitigación de asteroides. Un ejemplo clave es la misión Hera, que actualmente se dirige al asteroide Dimorfos. Hera estudiará en detalle las secuelas del impacto provocado por la nave DART de la NASA en 2022, ayudando a convertir la desviación de asteroides en una técnica de defensa fiable.
Además, la ESA planea la misión Ramsés al asteroide Apofis, para acompañarlo durante su acercamiento excepcionalmente próximo —pero seguro— a la Tierra en 2029. Mirando hacia el futuro, la misión NEOMIR, prevista para mediados de la década de 2030, cazará asteroides en el infrarrojo. Esto permitirá detectar objetos que se acercan desde la dirección del Sol, un punto ciego crítico que impide la detección con telescopios ópticos terrestres, ayudando a prevenir eventos como el de Cheliábinsk.

NEOMIR se ubicará entre el Sol y la Tierra, en el primer punto de Lagrange (L1). Utilizando un detector infrarrojo de alto rendimiento, encontrará objetos cercanos a la Tierra con un diámetro superior a 20 metros con al menos tres semanas de antelación a un posible impacto terrestre. Crédito: ESA/Pierre Carril.
Lo que comenzó con el descubrimiento de Eros hace más de un siglo se ha transformado en un esfuerzo global que fortalece nuestra capacidad para mantener seguro nuestro planeta.
¿Te gustó lo que acabas de leer? ¡Compártelo!
Artículos Relacionados