En lo que ha sido calificado como el primer debate formal entre un astronauta del programa Apolo y un destacado escéptico del alunizaje, el general retirado Charles M. Duke, piloto del módulo lunar del Apolo 16, se sentó frente a Bart Sibrel, cineasta conocido por sus documentales que alegan que las misiones lunares fueron falsificadas.

Histórico cara a cara: Astronauta del Apolo 16, Charlie Duke, debate con escéptico sobre la veracidad del alunizaje

Charles Duke (izquierda) vs Bart Sibrel.

El encuentro tuvo lugar en el podcast de Danny Jones, quién durante casi 4 horas ofició de moderador en una discusión que osciló entre el respeto tenso y acusaciones personales directas, abordando los puntos más controvertidos de las teorías de conspiración lunar.

Denuncias de muertes sospechosas y el caso Baron

Sibrel basó gran parte de su argumentación en la supuesta existencia de crímenes encubiertos para mantener el secreto. Además del testimonio de un jefe de seguridad sobre una confesión en su lecho de muerte, Sibrel trajo a colación el caso de Thomas Ronald Baron, un inspector de control de calidad y seguridad durante la construcción del Apolo 1.

Según explicó el cineasta, Baron redactó un informe crítico y testificó ante el Congreso asegurando que el programa Apolo estaba en tal desorden que Estados Unidos nunca llegaría a la Luna.

Recorte de diario de la épica que habla sobre el «accidente» de Baron.

«Exactamente una semana después de testificar, el auto de Baron fue arrollado por un tren», relató Sibrel, calificándolo como una «muerte inoportuna y sospechosa» destinada a silenciar a quienes podían exponer el fraude.

El teórico alegó que el informe desapareció tras el accidente y sugirió que este tipo de incidentes eran tácticas de la CIA para eliminar evidencia.

La defensa de Charlie Duke: «Yo estuve allí»

Duke, quien a sus 36 años se convirtió en el décimo hombre en caminar sobre la Luna en 1972, mantuvo la compostura ante las graves acusaciones.

«No estoy mintiendo a nadie. Estoy diciendo la verdad. Aterricé en la Luna», afirmó categóricamente.

El astronauta describió su experiencia sensorial en la Luna, desde la emoción de ver el paisaje hasta la recolección de rocas. Asimismo, desestimó la idea del montaje, apoyándose en la evidencia física y la verificación por terceros. Mencionó las cientos de kilos de rocas lunares traídas a la Tierra y las fotografías del Orbitador de Reconocimiento Lunar (LRO) de la NASA, las cuales, junto a las imágenes de orbitadores de otras naciones, han mapeado y capturado los sitios de alunizaje y las huellas de los astronautas.

No obstante, Sibrel introdujo un contrapunto crucial en su argumento sobre la evidencia material, citando el caso de una roca que, si bien fue presentada como lunar por el programa espacial, luego resultó ser madera fosilizada. Aunque en el debate el escéptico se equivocó al vincular el incidente con el astronauta Buzz Aldrin, su intención fue poner en duda la autenticidad de toda la muestra de 270 kilogramos de material traído desde la Luna.

Charles M. Duke en 1972.

A estas pruebas irrefutables se suman los retroreflectores láser (espejos). Estos dispositivos, instalados por las misiones Apolo en la superficie lunar, permiten a los científicos de la Tierra apuntar con láser y medir con precisión la distancia de la Luna, una tecnología que solo funciona si los equipos fueron realmente instalados allí.

Los cinturones de Van Allen

El punto más técnico y acalorado del debate se centró en los cinturones de Van Allen, zonas de alta radiación que rodean la Tierra. Sibrel desplegó una serie de cálculos y archivos para intentar acorralar al astronauta, argumentando que la supervivencia humana a través de esa región era imposible con la tecnología de los años 60.

Sibrel postuló que estos cinturones comienzan a unas 1.000 millas de la Tierra y tienen un espesor de aproximadamente 30.000 millas. Calculó que, incluso viajando a la velocidad de escape de 25.000 millas por hora (aprox. 40.000 km/h), la nave Apolo habría estado expuesta a la radiación durante más de una hora en el viaje de ida y otra hora en el de vuelta.

Interpretación de los cinturones de Van Allen.

Para sustentar la letalidad de este viaje, citó supuestos informes originales del Dr. James Van Allen de 1959, alegando que los niveles de radiación alcanzan entre «10 y 100 roentgens por hora». Según la matemática del cineasta, dos horas de exposición total equivaldrían a recibir «250 veces una dosis letal», lo que habría matado a la tripulación.

Frente a esta avalancha de datos, Duke se mantuvo pragmático, apoyándose en la física del vuelo.

«Atraviesas tan rápido que simplemente es “¡bum!”, estás al otro lado», explicó el general.

Duke confirmó que la nave aceleró a más de 20.000 millas por hora para escapar de la órbita terrestre, minimizando el tiempo dentro de los cinturones. Por otra parte, admitió que no llevaban ningún blindaje especial contra la radiación en el casco exterior, pero insistió en que la trayectoria fue calculada por el control de misión para evitar las zonas más densas.

La controversia de las imágenes

El escepticismo de Sibrel también se centró en las fotografías y el metraje. Presentó un video del Apolo 11 que, según él, muestra a la tripulación falsificando una toma de la Tierra a distancia usando una transparencia en una ventana redonda, con el objetivo de simular estar a mitad de camino de la Luna cuando supuestamente aún se encontraban en órbita terrestre baja.

Duke, al ver las imágenes, comentó que nunca había visto ese metraje en específico y sugirió que lo que se percibía como una falsificación era probablemente la luz del sol o el brillo de la Tierra saturando la cámara.

«Para mí, eso parece la Tierra», reafirmó el astronauta, negando que se tratara de un truco cinematográfico diseñado para engañar al público.

Contexto histórico: ¿Por qué no hemos vuelto?

Uno de los momentos clave del debate surgió al discutir por qué, con mejor tecnología, no se ha regresado a la Luna en 50 años. Aquí intervino el presentador, Danny Jones, para ofrecer una perspectiva sobre las diferencias motivacionales entre ambas épocas.

Jones explicó que el contexto de los años 60 no puede compararse directamente con el actual. En aquel entonces, el objetivo principal era geopolítico: ganar la carrera espacial contra la Unión Soviética y demostrar superioridad tecnológica ante el mundo, lo que justificaba asumir riesgos inmensos.

El vuelo de prueba Artemis II enviará a 4 astronautas en un viaje alrededor de la Luna para traerlos de regreso a casa de forma segura. La misión, planeada para 2026, es el primer vuelo tripulado del programa Artemis de la NASA. Artemis llevará nuevamente a los estadounidenses a la superficie lunar y ayudará a la agencia y a sus socios comerciales e internacionales a prepararse para futuras misiones humanas a Marte. Crédito: NASA/Kim Shiflett.

«Hoy en día, en 2025, no tenemos las mismas máquinas, ni los mismos talentos... La economía ha evolucionado y los objetivos han cambiado», señaló Jones.

El presentador argumentó que actualmente el enfoque está en la seguridad y la sostenibilidad (cohetes reutilizables), y que la tolerancia al riesgo es mucho menor que durante la urgencia de la Guerra Fría, lo que explica las dificultades logísticas actuales sin necesidad de recurrir a teorías de conspiración.

Conclusión

El debate —disponible completo bajo estas líneas— finalizó sin consenso. Para Duke, la historia es clara y la evidencia es irrefutable: «Alunizamos seis veces... Si vas a falsificar algo, hazlo una vez y cállate. Nosotros seguimos yendo». Sibrel, sin embargo, mantuvo su postura escéptica, afirmando que solo creerá si la NASA lo envía a él mismo a verificar el sitio del Apolo 11.

Por MysteryPlanet.com.ar.

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