En plena efervescencia por el Mundial de la FIFA 2026, la analogía resulta perfecta. Los paleontólogos también viven su propia fiebre mundialista, pero en lugar de buscar figuritas para completar un álbum, buscan de forma incansable esas piezas fósiles únicas que les permitan completar el gran rompecabezas de la era prehistórica de nuestro planeta.

Hallazgo histórico en la Patagonia: encuentran el cráneo más completo de un plesiosaurio de 66 millones de años

Interpretación artística del Kawanectes lafquenianus. Crédito: CONICET.

Recientemente, un equipo de investigadores del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) logró un hito científico al describir el cráneo más completo jamás encontrado del Kawanectes lafquenianus, un singular reptil marino que habitó las aguas de la actual provincia de Chubut hace 66 millones de años.

«Esta especie perteneciente a los plesiosaurios, el Kawanectes lafquenianus, ya había sido registrado en la Formación La Colonia, en Chubut. Lo que hace excepcional a este hallazgo es que, por primera vez, se halló el cráneo casi completo de esta especie. El cráneo preservado mide unos 225 milímetros de largo y el animal habría alcanzado unos 4 metros de longitud total», detalló el doctor José O’Gorman, investigador del CONICET y líder de la expedición realizada en 2024.

El valor científico de una pieza única

Para la paleontología de vertebrados, desenterrar un cráneo en estas condiciones es el equivalente a encontrar un tesoro invaluable. Esta estructura ósea alberga prácticamente la mitad de la información necesaria para realizar los análisis de parentesco evolutivo.

«La distribución es muy asimétrica, porque el cráneo, que es en proporción muy chico, nos da muchísima información, como la capacidad encefálica, la alimentación y un largo etcétera. El resto del cuerpo, mucho más grande, tiene la otra mitad», explicó O’Gorman.

Uno de los paleontólogos en el lugar del hallazgo. Crédito: CONICET.

Los restos de este habitante de los mares prehistóricos fueron descubiertos durante una campaña financiada por la National Geographic Society y organizada por el Museo Paleontológico Egidio Feruglio (MPEF) de Trelew, institución que ahora custodia la valiosa pieza en su colección.

Aunque compartieron época, los plesiosaurios como el Kawanectes no eran dinosaurios. Eran reptiles marinos que nadaban gracias a cuatro majestuosas aletas y que, en muchos casos, poseían cuellos extremadamente largos. Su desaparición ocurrió de forma abrupta al final del Mesozoico, coincidiendo con la extinción masiva de los dinosaurios no avianos.

«Por lo que se sabe actualmente, eran de sangre caliente y vivíparos, porque hay registro de plesiosaurios embarazados. Sospechamos que había dimorfismo sexual, es decir, había diferencias marcadas en cuanto si el ejemplar era macho o hembra», describió el especialista.

El cráneo prehistórico descubierto. Crédito: CONICET.

A diferencia de sus parientes gigantes, el Kawanectes era notablemente más pequeño. Según los expertos, este tamaño reducido representaba una ventaja evolutiva clave para moverse con agilidad en estuarios y mares restringidos sin el riesgo de quedar varado.

Reescribiendo las rutas de la evolución

Más allá del valor de la pieza en sí misma, el descubrimiento abre una ventana al pasado para resolver incógnitas sobre las rutas de dispersión de estos animales. Mientras que estudios previos situaban el origen de la familia Elasmosauridae en el antiguo mar que dividía Norteamérica, el linaje específico de este ejemplar —los Weddellonectia— habría surgido directamente en el sur de Sudamérica.

«En el caso de esta especie, era una hipótesis propuesta, pero con la mitad de los datos faltantes. Ahora, con este hallazgo, pudimos llevar a cabo lo que se llama análisis paleobiogeográfico. Se trata de una herramienta que nos permite entender dónde apareció cada uno de los grupos tanto en tiempo como en espacio mediante modelización matemática», relató O’Gorman.

Este vínculo biogeográfico conecta estrechamente a la Patagonia con hallazgos realizados en la Antártida y Nueva Zelanda.

¿Quién «decapitó» al reptil?

La excavación en el yacimiento de Chubut tuvo su propio momento de suspenso. Tras casi dos semanas de un esfuerzo físico extenuante desenterrando la parte trasera del animal, los investigadores sufrieron una enorme sorpresa al notar que el esqueleto se interrumpía de manera imprevista en la zona del cuello.

Sin embargo, la agudeza de los estudiantes del equipo cambió el rumbo de la campaña. Un metro por encima del nivel de excavación original, hallaron una vértebra cervical que los guio de forma directa hacia el cráneo.

Crédito: CONICET.

«Un metro, si hablamos de forma estratigráfica, es un montón. Lo que pasó es que había una falla, una fractura en las rocas, que había, de alguna forma, desplazado los restos en el terreno. Así, pudimos seguir excavando hasta encontrar estos restos prácticamente completos del cráneo», recordó con entusiasmo el paleontólogo, aclarando el fenómeno geológico que separó las piezas con el paso del tiempo.

Este extraordinario hallazgo forma parte de un ambicioso proyecto internacional apoyado por el CONICET y National Geographic. El objetivo de fondo es comprobar si los modelos sobre la extinción masiva elaborados para el hemisferio norte se sostienen también en el sur del planeta.

«Este descubrimiento es apenas una partecita de todo un enorme proyecto que National Geographic busca entender si los modelos que se han propuesto para la extinción de dinosaurios y otros reptiles prehistóricos en el hemisferio norte son aplicables acá», puntualizó O'Gorman.

Para el científico, replantearse los escenarios geográficos es fundamental para entender el pasado de la Tierra: «Si uno se quiere preguntar cómo era el mundo, por ejemplo, a fines del Mesozoico, lo lógico es que también se pregunte en qué parte del mundo. Este proyecto propone toda una revisión de la fauna de vertebrados de Patagonia para intentar responder esas preguntas».

Fuente: Agencia CTyS. Edición: MP.

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