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Un equipo internacional de investigadores ha marcado un hito en la paleoantropología al analizar nuevos fósiles de homininos hallados en la Cantera Thomas I, en Casablanca. El término «homininos» se refiere al grupo que incluye a los seres humanos modernos y a todas las especies extintas que son nuestros ancestros directos.

Mandíbulas del norte de África que ilustran la variación entre homininos fósiles y humanos modernos. Los fósiles mostrados son Tighennif 3 de Argelia (arriba a la izquierda), ThI-GH-10717 de la Cantera Thomas I en Marruecos (arriba a la derecha) y Jebel Irhoud 11 de Marruecos (abajo a la izquierda), comparados con la mandíbula de un humano moderno reciente (abajo a la derecha). Todos los especímenes se muestran a la misma escala, lo que permite una comparación directa de su tamaño y forma. Crédito: Philipp Gunz, Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva.
Los restos han sido datados en 773.000 años, una cifra récord que sitúa a estas poblaciones en la base del linaje que dio origen al Homo sapiens. Este estudio, publicado en Nature, es el resultado de tres décadas de labor del programa Prehistoria de Casablanca, una colaboración entre instituciones de Marruecos y Francia que ha logrado identificar el ancestro común que compartimos con neandertales y denisovanos.
Para fijar la edad de los restos con tal rigor, los científicos recurrieron a la magnetostratigrafía, un método que analiza los cambios en el campo magnético de la Tierra grabados en el suelo. Lograron capturar la transición Matuyama-Brunhes, la última gran inversión magnética ocurrida hace 773.000 años.
«Ver este evento registrado con tal detalle nos permite anclar a estos homininos en un marco cronológico excepcional», destaca la investigadora Serena Perini, coautora del estudio. «Es extremadamente raro encontrar fósiles depositados justo durante un cambio de polaridad global, lo que otorga a este hallazgo una precisión científica indiscutible».

Serena Perini y Giovanni Muttoni durante el muestreo para magnetostratigrafía en los depósitos de la Cueva de los Homininos, en la Cantera Thomas I. Crédito: D. Lefèvre, Programa Prehistoria de Casablanca.
Entre los restos recuperados destacan mandíbulas de adultos y niños, vértebras y dientes. Un detalle fascinante es el hallazgo de un fémur con marcas de haber sido roído por carnívoros, lo que sugiere que la cueva funcionó en algún momento como una madriguera de depredadores donde terminaron los restos de estos antiguos parientes.
Mediante tecnología de escaneo avanzada, el equipo comparó la estructura interna de los dientes con otros grupos humanos. El investigador y coautor Matthew Skinner explica que estos análisis muestran que los habitantes de Casablanca eran distintos tanto del Homo erectus como del Homo antecessor encontrado en Atapuerca, España.

Cantera Thomas I, Cueva de los Homininos: mandíbula ThI-GH-10717 durante la excavación. Crédito: J.P. Raynal, Programa Prehistoria de Casablanca.
La forma de los dientes indica que, en este periodo, las poblaciones de África y Europa ya seguían caminos evolutivos diferentes. Esta separación fue posible gracias a un entorno donde el Sahara no siempre fue un desierto árido, con un clima que permitía que se abrieran «corredores verdes» que conectaban Marruecos con el resto de África.
Precisamente en este escenario de intercambio se sitúan estos fósiles, que son unos 500.000 años más antiguos que los de Jebel Irhoud —el yacimiento marroquí donde se encontraron los restos más antiguos conocidos de nuestra propia especie, el Homo sapiens—. Al ser mucho más viejos, los restos de la Cantera Thomas I llenan un vacío crítico en nuestro árbol genealógico.

Mandíbula ThI-GH-1 de 773.000 años de antigüedad de la Cantera Thomas I en Marruecos. Crédito: Hamza Mehimdate, programa Prehistoria de Casablanca.
Esa profundidad temporal es la que permite a los expertos proponer un nuevo origen compartido. Según concluye el líder del estudio, Jean-Jacques Hublin, estos individuos son hoy los mejores candidatos para representar a las poblaciones africanas situadas en la raíz de la humanidad, reforzando la visión de un origen africano profundo para nuestra especie.
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