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Mucho antes de que existieran Las Vegas o los juegos de mesa modernos, los antiguos mayas ya vivían la adrenalina de la estrategia y el azar con el patolli, poniendo en juego desde sus cosechas hasta sus propias riquezas.
Ahora, un fascinante hallazgo en el sitio de Naachtun, una antigua capital maya en el Petén, acaba de revelar que esta pasión no era algo pasajero: el juego estaba tan arraigado a su cultura que fue incorporado a la arquitectura de las viviendas.
El patolli descubierto es excepcional porque fue elaborado como un sofisticado mosaico de cerámica. Sus creadores no lo dibujaron sobre una superficie ya seca, sino que incrustaron cuidadosamente cientos de fragmentos de cerámica en el mortero fresco del piso.
Este método evidencia una planificación intencional, muy distinta a los grafitis que se añadían a las estructuras con el tiempo. Para lograr el diseño, los constructores mayas reciclaron y seleccionaron cerca de 478 pequeñas teselas de tonos rojizos y anaranjados.
La elección de estos colores no fue casualidad. En la cosmovisión maya, el color rojo está simbólicamente asociado con el Este, sugiriendo que el juego pudo tener un significado ritual o astronómico.
Además de la técnica, el tamaño del hallazgo también impresiona. Con unas dimensiones estimadas de 80 por 110 centímetros, este tablero es considerablemente más grande que el promedio encontrado en la región. El hallazgo se realizó en un complejo residencial que probablemente perteneció a una familia de la élite o sirvió como centro administrativo local, lo que refuerza su importancia social.

Reconstrucción idealizada del tablero según los elementos restantes, indicando el número original de teselas calculado a partir de la distancia promedio entre los centroides de los fragmentos. Crédito: J. Hiquet y R. Méreuze, L.A. Antiquity, 2025.
Para la arqueología, este descubrimiento es una pieza clave porque resuelve un problema de datación. Al estar incrustado y ser una parte estructural del piso, el tablero de Naachtun es contemporáneo a la edificación. Los investigadores han determinado que la pieza data del periodo Clásico Temprano, alrededor del siglo V d.C. (entre los años 400 y 550 d.C.).
Este dato confirma que el patolli no era un simple pasatiempo. Fue una práctica culturalmente relevante, integrada desde los planos arquitectónicos en la vida diaria de los habitantes de la ciudad maya hace más de 1.500 años.
Las conclusiones del equipo de investigación fueron publicadas en la prestigiosa revista científica Latin American Antiquity.
Fuente: LA Antiquity. Edición: MP.
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