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El asteroide Bennu continúa ofreciendo respuestas a algunas de las interrogantes más profundas de la ciencia sobre la formación del sistema solar y los orígenes de la vida.

Una partícula microscópica del asteroide Bennu, traída a la Tierra por la misión OSIRIS-REx de la NASA, es manipulada bajo un microscopio electrónico de transmisión. Para mover el fragmento y realizar análisis posteriores, los investigadores primero lo reforzaron con tiras delgadas de platino (la forma de «L» en la superficie de la partícula) y luego soldaron una microaguja de tungsteno a ella. El fragmento del asteroide mide 30 micrómetros (aprox. una milésima de pulgada) de diámetro. Crédito: NASA/UC Berkeley.
En el marco del análisis continuo de las muestras prístinas traídas a la Tierra por la misión OSIRIS-REx de la NASA, tres nuevas investigaciones publicadas esta semana en las revistas Nature Geosciences y Nature Astronomy han revelado hallazgos extraordinarios. Estos incluyen componentes biológicos clave, un material polimérico inédito y polvo estelar muy antiguo.
Los descubrimientos no solo demuestran la complejidad química presente en el sistema solar primitivo, sino que también refuerzan la idea de que los asteroides pudieron haber actuado como vehículos cruciales para sembrar los ingredientes de la vida en la Tierra.
El hallazgo más trascendental proviene de un equipo de la Universidad de Tohoku, en Japón, liderado por Yoshihiro Furukawa, quienes confirmaron la presencia de azúcares fundamentales para la biología terrestre en el material del asteroide.
Los científicos identificaron la ribosa, un azúcar de cinco carbonos que es un componente estructural esencial del ARN, junto con la detección por primera vez en una muestra extraterrestre de glucosa, un azúcar de seis carbonos que constituye una fuente de energía primaria para la vida en nuestro planeta.
La detección de la ribosa es particularmente significativa. Al sumarse a las nucleobases y los fosfatos ya encontrados, el equipo ha demostrado que el asteroide contiene todos los componentes necesarios para formar la molécula de ARN.
Esto refuerza la hipótesis del «mundo de ARN», que postula que la vida primitiva dependía de esta molécula para almacenar información genética antes de la evolución del ADN.
Paralelamente, una segunda investigación reveló la existencia de una extraña sustancia gomosa nunca antes observada en rocas espaciales. Este material, rico en nitrógeno y oxígeno, fue descrito por los investigadores como un antiguo «chicle espacial».
El equipo, liderado por Scott Sandford de la NASA, comparó su estructura química con la del poliuretano, calificándolo como una suerte de «plástico espacial». Se cree que este compuesto polimérico se formó en los albores del sistema solar, cuando el calor en el asteroide padre de Bennu provocó que compuestos solubles reaccionaran y se unieran en cadenas complejas e impermeables al agua.

Una visualización artística de la nave espacial OSIRIS-REx descendiendo hacia Bennu para recolectar una muestra. Este asteroide orbita alrededor del Sol en una trayectoria que se acerca a la órbita de la Tierra cada seis años, pero su ubicación actual es en el espacio exterior, entre las órbitas de la Tierra y Marte. Crédito: NASA/Goddard/U. Arizona.
Finalmente, los análisis dirigidos por Ann Nguyen del Centro Espacial Johnson también arrojaron luz sobre el origen estelar de Bennu. Los fragmentos estudiados poseen seis veces más polvo derivado de explosiones de supernovas (granos presolares) que cualquier otro material espacial examinado hasta la fecha, lo que sugiere que el cuerpo original se formó en una región del disco protoplanetario excepcionalmente enriquecida por la materia de estrellas moribundas.
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