Un reciente estudio ha revelado que el domo Prudhoe, un punto elevado y estratégico del casquete de hielo en el noroeste de Groenlandia, se derritió por completo hace apenas 7.000 años. Este hallazgo, publicado en la revista Nature Geoscience, demuestra que el Ártico es mucho más sensible a los cambios de temperatura de lo que la ciencia estimaba.

Groenlandia se quedó sin parte de su hielo hace 7.000 años: el hallazgo que enciende las alarmas para nuestras costas

Miembros del equipo de GreenDrill en el domo Prudhoe, un casquete de hielo clave que forma parte de la capa de hielo de Groenlandia. El primer estudio del proyecto revela que este casquete desapareció hace 7.000 años. Crédito: Jason Briner/Universidad de Buffalo.

Lo más inquietante es que este deshielo ocurrió durante el Holoceno, una época de clima relativamente estable en la que la humanidad comenzaba a expandir la agricultura. Si el hielo se retiró de forma natural en aquel entonces, el calentamiento actual provocado por el hombre podría estar empujando a los glaciares hacia un colapso mucho más rápido de lo previsto.

Esta fragilidad permite identificar los márgenes del glaciar que actúan como puntos críticos de ruptura. Al localizar estas zonas vulnerables, los científicos pueden predecir con mayor exactitud qué comunidades costeras enfrentarán inundaciones de manera más inmediata, ya que el domo Prudhoe funciona como un indicador temprano del estado de toda la región.

El ambicioso rescate de los secretos bajo el glaciar

Bajo esta premisa nació GreenDrill, una misión científica sin precedentes que busca «leer» la historia oculta bajo los glaciares. A diferencia de otras expediciones que solo analizan la superficie, este equipo perfora cientos de metros de hielo sólido hasta alcanzar la roca y el sedimento que han estado sepultados durante milenios.

El campamento de GreenDrill cerca del borde del domo Prudhoe, en la capa de hielo de Groenlandia. Crédito: Jason Briner/Universidad de Buffalo.

Lograr este acceso es vital, ya que el material rescatado constituye un auténtico tesoro científico. De hecho, actualmente poseemos menos muestras del suelo subglacial de Groenlandia que de rocas traídas de la Luna. Estos sedimentos funcionan como una «caja negra» del clima, pues conservan firmas químicas que revelan, con una precisión asombrosa, cuándo fue la última vez que la tierra estuvo libre de hielo y expuesta directamente al sol.

Para abrir esta «caja negra» y fechar los hallazgos, los investigadores recurrieron a la datación por luminiscencia. Este método mide la energía atrapada en los granos de mineral, la cual se libera en forma de luz al entrar en contacto con la claridad del cielo. Gracias a este brillo residual, se confirmó que el terreno estuvo al descubierto hace apenas unos pocos milenios, cuando las temperaturas eran solo ligeramente superiores a las actuales.

Un núcleo de lecho rocoso y sedimentos extraído a 300 pies (91 metros) bajo la capa de hielo de Groenlandia, cerca del borde del domo Prudhoe. Este estudio analizó otro núcleo extraído a 1.600 pies (488 metros) de profundidad. Crédito: Jason Briner/Universidad de Buffalo.

Una carrera contra el tiempo en el Ártico

La expedición para obtener estas evidencias fue una odisea marcada por el drama humano en condiciones extremas. Según se reporta en un comunicado, el equipo de GreenDrill trabajó desde campamentos remotos enfrentándose a tormentas de nieve constantes mientras las perforadoras luchaban por atravesar la densa capa helada para llegar al lecho rocoso.

Durante el tramo final de la misión, una fractura profunda en el hielo estuvo a punto de destruir la maquinaria y arruinar meses de trabajo. El riesgo de perderlo todo era inminente, ya que los investigadores debían ser evacuados por avión en una fecha fija y no tenían margen para nuevos intentos.

El Taladro Geológico Ágil Subglacial del Programa de Perforación de Hielo de la Fundación Nacional de Ciencias (NSF) se utilizó para perforar más de 1.600 pies (488 metros) de la capa de hielo de Groenlandia en la cima del domo Prudhoe hasta alcanzar el lecho rocoso. Crédito: Jason Briner/Universidad de Buffalo.

Gracias a una maniobra arriesgada de último minuto con una broca especial para rocas, lograron recuperar el sedimento justo a tiempo. Jason Briner, codirector del proyecto, comparó la tensión vivida en el campamento con un partido de fútbol que se decide en el último segundo bajo una presión máxima.

El éxito de la misión permite ahora a los expertos mirar hacia el futuro con datos reales en lugar de suposiciones. Al estudiar los restos de plantas antiguas encontrados en el suelo recuperado, el equipo podrá reconstruir cómo era el ecosistema verde de Groenlandia y perfeccionar los modelos que predicen cuánto subirá el nivel del mar para el año 2100.

Fuente: Buffalo. Edición: MP.

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