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Un equipo internacional de científicos ha logrado un hito histórico para la biología marina al registrar y confirmar las primeras filmaciones en estado salvaje del tiburón duende (Mitsukurina owstoni), una de las especies más esquivas y misteriosas de las profundidades del planeta.
Conocido popularmente como un «fósil viviente», este animal es el último representante de un linaje familiar que se remonta a unos 125 millones de años.
Destaca por una fisonomía casi alienígena. Posee una mandíbula retráctil que puede proyectarse hacia adelante como una catapulta para atrapar a sus presas, además de un enorme rostro en forma de cuerno. Esta prolongación está cubierta por las llamadas ampollas de Lorenzini, órganos sensoriales especializados rellenos de gel que conducen electricidad y le permiten detectar calamares, peces y crustáceos en la más absoluta oscuridad del abismo.
A diferencia de la mayoría de los tiburones, el duende tiene una piel de tono blanquecino fantasmal o ligeramente rosado, y puede llegar a medir entre tres y cuatro metros de longitud.
El extraordinario hallazgo fue documentado en un nuevo estudio publicado en
Según confirmó la nueva investigación —publicada en la prestigiosa revista científica Journal of Fish Biology—, este depredador fue capturado en video en dos ocasiones distintas en su entorno natural, algo que nunca antes se había validado formalmente mediante una revisión científica por pares. Anteriormente, solo se habían obtenido imágenes de ejemplares atrapados por redes de pesca que eran llevados a la superficie, donde morían al poco tiempo.
El primer avistamiento ocurrió a más de un kilómetro de profundidad cerca de la isla Jarvis, un territorio deshabitado en el Pacífico Central. Un vehículo operado de forma remota (ROV) del buque de investigación EV Nautilus filmó al espécimen de manera fortuita durante una transmisión en vivo.
Steve Auscavitch, científico del Museo Nacional de Historia Natural del Instituto Smithsoniano y testigo del momento, recordó la sorpresa del equipo: «En ese momento, nadie a bordo comprendía realmente la trascendencia de lo que acabábamos de ver». El encuentro fue breve, ya que las luces y el ruido del motor del robot asustaron al animal.
Tiempo después, Aaron Judah, autor principal del estudio y candidato a doctor en la Universidad de Hawái en Mānoa, descubrió la valiosa grabación oculta en los archivos digitales de su laboratorio tras escuchar rumores entre colegas.
«Me quedé impactado porque no se sabía de la presencia de esta especie en el Pacífico Central. Esto representa una enorme extensión de su distribución geográfica», explicó Judah.
El segundo registro se obtuvo gracias a una cámara con cebo sumergida en la fosa de Tonga, a unos 2.000 kilómetros del primer punto de avistamiento. Esta grabación no solo confirmó su presencia en la región, sino que rompió un récord absoluto de profundidad para todo el orden de los Lamniformes (el grupo que incluye al tiburón blanco y al tiburón mako), al ser detectado casi 700 metros más profundo de lo que se creía posible.
Alan Jamieson, profesor y coautor del estudio por parte de la Universidad de Australia Occidental, compartió su entusiasmo: «El tiburón duende es uno de esos animales carismáticos del océano profundo que nunca pensé que veríamos vivo. Lograrlo fue increíble».
Hasta ahora, la distribución del tiburón duende se consideraba sumamente limitada a estrechas franjas costeras de Estados Unidos, Australia, Japón y algunos puntos de los océanos Atlántico e Índico. Estos nuevos datos demuestran que la especie utiliza las montañas submarinas, ecosistemas que resultan vitales para la biodiversidad global.
James Lea, director ejecutivo de la Fundación Save Our Seas, destacó la relevancia de estos avistamientos: «Son tan raros que cada nuevo avistamiento nos ofrece destellos inéditos de sus vidas».
Por su parte, Danielle Castillo, curadora zoológica de acuarios en SeaWorld San Diego, señaló que la noticia ha sido «increíblemente emocionante» para la comunidad científica, aunque recordó que todavía queda mucho por aprender sobre su comportamiento, ciclo de vida y el estado real de su población.
Este descubrimiento llega en un momento crítico, en el que las flotas pesqueras operan a profundidades cada vez mayores y la minería submarina comercial comienza a ganar terreno en los fondos oceánicos.
Para Judah, identificar los hábitats de estas especies es el primer paso indispensable para su supervivencia: «Si no sabemos que los animales están allí, realmente no podemos hacer nada por ellos ni para protegerlos».
Fuente: EurekAlert/ABC. Edición: MP.
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