Mystery Planet es un sitio web que ofrece noticias y artículos sobre ciencia y misterios. Para estar al tanto de todo lo que publicamos, además de seguirnos en nuestras redes sociales o suscríbete a nuestro boletín de noticias, te invitamos a nuestro canal de Telegram.
Un nuevo estudio confirma que las enigmáticas pinturas del estilo del río Pecos se realizaron durante 175 generaciones, pero la morfología de una de sus figuras centrales aviva la teoría de los antiguos astronautas.
En los áridos cañones del Bajo Pecos, en la frontera entre Texas y el norte de México, un equipo de investigadores ha logrado datar con precisión una tradición de arte rupestre que persistió durante más de 4.000 años. El estudio, publicado en Science Advances por Karen L. Steelman y Carolyn E. Boyd, confirma que estas obras se adhirieron a un sistema de reglas estrictas desde hace unos 5.700 años hasta hace aproximadamente 1.000 años.
Sin embargo, más allá de la proeza científica, lo que realmente ha capturado la imaginación de observadores alternativos es una figura específica: un ser antropomórfico que parece haber sido pintado con un traje o armadura, lleno de extraños apéndices y que guarda un inquietante parecido con un robot o un astronauta.
Según la interpretación académica, estas figuras, halladas en los refugios rocosos de la zona, son representaciones de una «cosmovisión sofisticada» y de mitos fundacionales.

Por si el «robot» fuera poco, también se observa en otro panel un ser humanoide con con alas rectas en su espalda (arriba). La datación por radiocarbono arroja una fecha cercana a los 2960 años. Crédito: Steelman et al., Sci. Adv., 2025.
El estudio describe a la figura antes mencionada como un antropomorfo que porta un lanzadardos (atlatl), diversos «bultos sagrados» rituales y un tocado que asemeja «orejas de conejo». Para los arqueólogos, estos elementos son metáforas visuales de viajes chamánicos y rituales que sirvieron como precursores de creencias mesoamericanas posteriores.
Los investigadores enfatizan la sorprendente fidelidad de la tradición, señalando que la secuencia de aplicación de colores y la iconografía se mantuvieron casi inalteradas durante 175 generaciones, lo cual sugiere la existencia de un sistema de creencias sumamente arraigado.

Imagen mejorada digitalmente para resaltar la paleta de colores en un mural de 7 metros. Crédito: Steelman et al., Sci. Adv., 2025.
No obstante, al observar la imagen, la rigidez geométrica del cuerpo y los «adornos» que parecen artilugios mecánicos hacen que la explicación del «chamán con pieles» resulte insuficiente para muchos.
Esta figura de Pecos no está sola. Su morfología se suma a un fenómeno de arte rupestre global que evoca la teoría de los antiguos astronautas:

Ser dibujado en el techo de una cueva por los aborígenes australianos. Nótese la «aureola con rayos» en la cabeza, misma característica que aparece de manera más rústica en el «robot de Pecos». Crédito: Journals of Two Expeditions of discovery, por George Gray, 1938.
La existencia de estas figuras «tecnológicas» en geografías tan dispares plantea un interrogante: ¿fueron estas tres culturas —separadas por miles de kilómetros y milenios— inspiradas por la misma fuente?
El enigma se profundiza al considerar la cita del reconocido autor Graham Hancock, quien al analizar el estudio, destacó la paradoja que subyace en la descripción oficial de los artistas, a quienes por un lado se los trata de simple «cazazadores-recolectores nómadas desconocidos» y por el otro se los describe como «solucionadores de problemas altamente cualificados con una cosmología sofisticada y un sistema iconográfico robusto para comunicar esa cosmología».
Stuff just keeps on... keeping on: "The painters were nomadic hunter-gatherers, but their identity remains unknown...They were highly skilled problem solvers with a sophisticated cosmology and a robust iconographic system to communicate that cosmology."https://t.co/W7jMElm6Jx
— Graham Hancock (@Graham__Hancock) November 27, 2025
La pregunta es crucial: ¿Cómo pudieron unos grupos nómadas —que por su estilo de vida debían ser adaptables a las condiciones cambiantes— mantener un sistema iconográfico tan «robusto» y tan poco variable durante cuatro milenios?
La interpretación alternativa sugiere que la fidelidad extrema a las formas, incluyendo la estricta secuencia de colores y la representación de estos «seres», no fue un simple acto religioso, sino un esfuerzo por documentar con precisión la apariencia de seres tecnológicamente superiores que dejaron una marca imborrable en su cultura.

Comparación entre el «robot» de Pecos y robots clásicos de la ciencia ficción, como el de la película 'El Planeta Prohibido' (centro, 1956) y el robot de la famosa serie 'Perdidos en el Espacio' (derecha, 1965-1968).
Mientras la arqueología oficial enfatiza la «cosmovisión», el «robot» de Pecos, junto a sus «parientes» de Wandjina y Tassili, nos insta a preguntarnos si lo que contemplamos es un mito extraordinariamente persistente o el registro más antiguo de un contacto que la ciencia aún se niega a considerar.
Por MysteryPlanet.com.ar.
¿Te gustó lo que acabas de leer? ¡Compártelo!
Artículos Relacionados