Mystery Planet es un sitio web que ofrece noticias y artículos sobre ciencia y misterios. Para estar al tanto de todo lo que publicamos, además de seguirnos en nuestras redes sociales o suscríbete a nuestro boletín de noticias, te invitamos a nuestro canal de Telegram.
Mediciones realizadas con el Very Large Telescope del Observatorio Europeo Austral (VLT del ESO) han revelado evidencias de lo que podría ser la primera «exoluna» o satélite natural hallado fuera de nuestro sistema solar. Sin embargo, la naturaleza del descubrimiento en el sistema CD-35 2722 plantea un dilema inédito para la comunidad científica a la hora de clasificarlo.
A diferencia de las lunas conocidas en nuestro vecindario cósmico, este nuevo objeto no orbita un planeta, sino una enana marrón —un cuerpo más masivo que cualquier planeta, pero sin la masa suficiente para encenderse como una estrella—. A su vez, esta enana marrón gira alrededor de la estrella principal del sistema, CD-35 2722, la cual posee aproximadamente la mitad de la masa del Sol.
Kevin Hoy, estudiante del ESO en Chile y autor principal del estudio publicado hoy en la revista Nature, calificó la arquitectura de este joven sistema como «súper extraña» al compararla con la nuestra. Y no es para menos: el cuerpo descubierto, denominado por el equipo como «exosatélite», es un gigante gaseoso que tiene al menos la misma masa que Júpiter, mientras que la enana marrón a la que orbita supera en más de 30 veces la masa joviana.

Esta imagen muestra la región del cielo alrededor de CD-35 2722, una estrella orbitada por una enana marrón que, a su vez, está orbitada por un objeto al menos tan masivo como Júpiter. CD-35 2722 es la estrella ubicada justo en el centro de la imagen. La enana marrón no es visible aquí, ya que se encuentra inmersa en el resplandor de la estrella, pero ha sido fotografiada de forma directa por otros telescopios. La «luna» que orbita la enana marrón tampoco es visible, pero ha sido detectada a través de la atracción gravitatoria que ejerce sobre esta. Crédito: ESO/Digitized Sky Survey 2.
«Este sistema es bastante difícil de definir utilizando palabras basadas en el sistema solar como planeta y luna», señala Hoy, afiliado a la Universidad Diego Portales y al Núcleo Milenio de Exoplanetas Jóvenes y sus Lunas (YEMS). «El exosatélite es claramente lo suficientemente masivo como para ser un planeta, pero no orbita una estrella, sino un objeto que a su vez gira alrededor de una. El hecho de ser la tercera rueda en este sistema nos lleva a querer llamarlo luna, aunque no se parezca en nada a las pequeñas lunas rocosas que tenemos en nuestro sistema».
A pesar de que la astronomía ha confirmado más de 6.000 exoplanetas hasta la fecha, la detección de satélites fuera del sistema solar ha sido esquiva durante años y la evidencia de candidatos solía ser sumamente limitada. Por ello, la confirmación de este hallazgo representa un punto de inflexión.
Alice Zurlo, directora de YEMS y colaboradora en la investigación, explicó la naturaleza del objeto señalando que «el satélite que informamos es un cuerpo gaseoso gigante que gira alrededor de un compañero de gran masa, el cual tiene a su vez varias veces la masa de Júpiter».
«Tenemos una delimitación clara entre los planetas y el Sol en el sistema solar, por lo que definir cosas como las lunas es sencillo. En el sistema CD-35 2722, donde estamos borrando las fronteras entre estrellas, planetas y lunas, todo se vuelve más complicado de describir», añade Zurlo, quien también es astrofísica en la Universidad Diego Portales.
Para conseguir esta detección, Hoy, Zurlo y su equipo emplearon el instrumento CRIRES+ del VLT del ESO. Aplicaron el método de velocidad radial —el mismo utilizado históricamente para descubrir el primer planeta extrasolar alrededor de una estrella similar al Sol— para medir las pequeñas oscilaciones que el objeto produce en la enana marrón sobre la que orbita.
«Por más exótico que sea, este sistema es verdaderamente único y representa un avance fundamental: la primera detección plausible de un exosatélite», enfatizó Zurlo.
Más allá de la fascinación que despierta este tipo de hallazgos, rastrear satélites en otros sistemas planetarios resulta crucial para comprender la inmensa diversidad en la formación y evolución de los mundos. Los científicos confían en que el futuro Extremadamente Grande Telescopio (ELT) del ESO, dotado con un espejo principal de 39 metros e instrumental de última generación, permitirá detectar exolunas aún más pequeñas y obligará a replantear definitivamente cómo etiquetamos los objetos cósmicos en el universo.
¿Te gustó lo que acabas de leer? ¡Compártelo!
Artículos Relacionados