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Matthew Brown, exasesor de políticas del Departamento de Defensa de los Estados Unidos en el área de contramedidas para armas de destrucción masiva, ha desatado una fuerte controversia tras sus recientes declaraciones en el pódcast American Alchemy, conducido por el investigador Jesse Michels.
Brown, conocido por ser uno de los denunciantes que llevó ante el Congreso la existencia de «Immaculate Constellation» —un supuesto Programa de Acceso Especial para recopilar y centralizar datos de sensores militares sobre OVNIs—, afirmó haber tenido acceso accidental a dicha estructura clasificada durante su paso por el Pentágono.
Sin embargo, durante la entrevista, el excontratista fue mucho más allá del rastreo técnico de objetos no identificados y se adentró en un terreno todavía más inquietante: el marcado interés de los programas clandestinos por seres humanos que exhiben capacidades «PSI», término utilizado para englobar la percepción extrasensorial, la visión remota o la interacción directa entre mente y materia.
Brown cuestionó abiertamente las versiones populares que sostienen que estos individuos son utilizados únicamente como «cebo» para atraer fenómenos anómalos. En su lugar, planteó que esa narrativa podría ser tan solo la cobertura de una agenda biológica mucho más profunda.
«Me pregunto si esta historia de utilizar psiónicos o seres humanos como cebo es, en realidad, una cobertura para una agenda más profunda, y si eso podría tener algo que ver con la reproducción», señaló durante la conversación.
A continuación, el exasesor desarrolló una hipótesis extrema: estos individuos podrían ser integrados a proyectos clandestinos como una reserva genética destinada a reforzar facultades mentales a lo mecenas de sucesivas generaciones.
«Son esencialmente incorporados como material reproductivo. Tienen el potencial genético y, mediante sucesivas generaciones de reproducción, puedes concentrar ese potencial. Quizás la persona ya no sea realmente el activo, sino que el activo estaría tres o cuatro generaciones más adelante, cuando tengas una especie de niño superpsíquico», afirmó.
La teoría adquiere una dimensión aún mayor al discutir el funcionamiento de las tecnologías recuperadas. Brown planteó la posibilidad de que ciertos dispositivos de origen desconocido requieran una interfaz directa con la conciencia humana para poder ser activados u operados.
En este escenario, determinados linajes genéticos actuarían prácticamente como una «llave biológica» indispensable. Esta necesidad operativa explicaría el desmedido interés de ciertos sectores clandestinos por localizar a los llamados «activos rosas» (pink assets) —personas con atributos neurológicos o parapsicológicos inusuales—, asumiendo los severos riesgos físicos y psicológicos que sufren estas personas al interactuar con el fenómeno.
Esta dimensión genética se entrelaza con una «tradición oral» transmitida internamente entre los mandos del entramado histórico dedicado al estudio del fenómeno (el Programa Legado). Según reveló Brown, entre las administraciones de Harry Truman y Dwight Eisenhower, el gobierno estadounidense habría alcanzado un pacto secreto con una inteligencia no humana.
Este presunto acuerdo habría incluido dos compromisos fundamentales:
Brown aclaró que no vio documentos oficiales de este pacto y se mostró escéptico ante versiones populares hiperdetalladas como el mito del Tratado de Greada de 1954, precisando que se trata de una narrativa transmitida oralmente dentro de los círculos de inteligencia militar.
Las repercusiones por romper el silencio afectaron directamente su entorno personal. Según denunció, desconocidos ingresaron a su vivienda mientras él y su esposa dormían, fotografiando documentos personales, sustrayendo su pasaporte y arrojando la urna con las cenizas de su abuelo a la basura. A pesar de la intimidación, Brown cofundó la organización Vanguard para brindar protección legal y asistencia a futuros denunciantes del sector de la defensa.
El exasesor concluye que el eje de la investigación sobre los fenómenos anómalos no identificados debe dejar de enfocarse únicamente en las naves en el cielo para centrarse en nuestra propia especie. Para Brown, el verdadero enigma radica en averiguar qué capacidad latente de la humanidad atrae a esta inteligencia externa, concluyendo de forma enfática: «La cuestión humana es hacia donde debe dirigirse ahora la conversación».
Por MysteryPlanet.com.ar.
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