Un reciente estudio de la Universidad de Northwestern ha revelado que la comunicación en el reino animal no es una cacofonía de sonidos al azar, sino que sigue un tempo casi universal: aproximadamente dos pulsos por segundo.

Estudio sugiere que la Naturaleza tiene un ritmo universal de 2 hercios que une a todas las especies

Crédito: MysteryPlanet.com.ar.

Esta investigación, publicada en la revista PLOS Biology, propone que este compás de 2 hercios actúa como un «punto dulce» biológico. Según los científicos, los cerebros de los animales —incluidos los humanos— están naturalmente diseñados para procesar señales que llegan a ese ritmo, lo que permite una comunicación mucho más eficiente y rápida entre diferentes especies.

El descubrimiento se originó de una observación fortuita en Tailandia. Mientras el investigador Guy Amichay observaba enjambres de luciérnagas, notó que sus destellos y el chirrido de los grillos cercanos parecían seguir el mismo pulso. Aunque los análisis demostraron que las especies no interactuaban entre sí, ambas enviaban señales independientes a una velocidad asombrosamente similar.

Para comprobar si esto era un patrón global, el equipo analizó datos de comunicación de aves, ranas, mamíferos e incluso peces. Descubrieron que, a pesar de las abismales diferencias de tamaño, hábitat y mecanismos biológicos, la mayoría de los animales agrupan sus señales en un rango de 0.5 a 4 hercios.

«Parece haber una abundancia de organismos que se comunican en una banda de ritmos relativamente estrecha», explica Amichay, líder del estudio. «Físicamente, nada les impide comunicarse a, por ejemplo, 10 hercios, pero no lo hacen. Proponemos que este tempo de 2 hercios podría ser más fácil de entender porque resuena con el cerebro, ya sea el de un humano, una luciérnaga o un león marino».

Esquema de la metodología de modelado. Análisis de la «herencia» de frecuencias desde el nivel individual al de circuito y su dependencia de la arquitectura de conectividad. Se detalla la construcción de curvas de resonancia neuronal mediante estímulos externos, donde la respuesta medida (R) se interpreta como la resonancia del circuito. Crédito: G. Amichay et al., PLOS Biology, 2026.

La clave de esta sincronía parece estar en la arquitectura de las neuronas. La biofísica de una sola célula nerviosa requiere un tiempo específico para procesar información antes de activarse de nuevo. Esto crea una predisposición natural para responder con mayor fuerza a estímulos que ocurren cada pocos cientos de milisegundos.

Daniel M. Abrams, autor principal de la investigación, señala que este ritmo funciona como una base para captar la atención: «Sospechamos que colocar la señal en el rango de tempo adecuado es clave para comunicarse eficientemente. El tempo en sí mismo podría no transmitir información, pero sirve como una línea base para llamar la atención, con el contenido real enviado encima, como las notas musicales que siguen el ritmo de una canción».

Esta conexión biológica también explica por qué la música popular suele rondar los 120 pulsos por minuto (exactamente 2 hercios). Es un ritmo que encaja con nuestro caminar y con la forma en que nuestro sistema nervioso prefiere organizar el mundo sonoro.

El estudio concluye que este latido compartido podría ser una de las leyes fundamentales de los sistemas neuronales, sugiriendo que, en un nivel profundo y biológico, todos los seres vivos estamos sintonizados en la misma longitud de onda.

Fuente: Northwestern. Edición: MP.

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