El mes de julio arranca con una actividad frenética en las inmediaciones de nuestro planeta. Dos de las agencias espaciales más importantes de Asia, la japonesa JAXA y la china CNSA, están a punto de ejecutar maniobras de alta complejidad en dos asteroides del tipo NEO (objetos cercanos a la Tierra), marcando otro avance en la ciencia y defensa planetaria.

Encuentros cercanos en julio: Japón y China explorarán dos misteriosos asteroides en nuestro vecindario espacial

Crédito: MysteryPlanet.com.ar.

Encuentro cercano con el enigmático Torifune

La veterana sonda japonesa Hayabusa2 se prepara para realizar uno de los sobrevuelos más cercanos de la historia. Tras haber cumplido con éxito su misión principal en 2020 al traer muestras del asteroide Ryugu, la nave ha seguido operativa y el próximo 5 de julio pasará a una distancia de entre 1 y 10 kilómetros de Torifune, un asteroide cuya órbita se cruza de manera periódica con la de la Tierra.

La velocidad del encuentro dentro de nuestra región orbital será vertiginosa: 5.3 kilómetros por segundo. Debido a esto, el equipo científico tendrá una ventana de tiempo muy estrecha para capturar imágenes y recolectar datos sobre esta roca de aproximadamente 450 metros de ancho.

Satoshi Tanaka, miembro de la JAXA, destacó la hazaña técnica durante una reunión del Grupo de Evaluación de Cuerpos Pequeños de la NASA: «Esta es una de las aproximaciones a asteroides más cercanas jamás intentadas por una misión de esta clase. Al combinar técnicas de navegación avanzada y las capacidades de ingeniería de Hayabusa2, hemos hecho posible lograr un sobrevuelo a una distancia de solo un kilómetro».

Vistas superiores de la órbita de Torifune y la trayectoria de Hayabusa2 desde diciembre de 2020 hasta julio de 2026, observadas en un sistema de referencia en rotación con la órbita de la Tierra (a; izquierda) y en un sistema de referencia estacionario (b; derecha). Crédito: Hirabayashi et al. 2026.

Sin embargo, el riesgo es elevado. Patrick Michel, investigador principal de la misión Hera de la Agencia Espacial Europea (ESA) y miembro del equipo científico de Hayabusa2, advirtió que Torifune es un enigma y que se desconoce su forma exacta, sugiriendo que podría tratarse de un binario de contacto; es decir, dos cuerpos independientes unidos a baja velocidad.

«Sigue siendo una operación arriesgada, porque no la habían planeado. Lo segundo es que tenemos una gran incertidumbre sobre el tamaño del objeto», explicó Michel. A pesar de los desafíos, el científico se mostró entusiasmado por el valor del descubrimiento: «Vamos a descubrir cómo se ve. Y cada vez que hemos visto un nuevo asteroide, nos hemos sorprendido. Vamos a descubrir otra bestia para poner en el zoológico de asteroides».

Además del valor científico, este encuentro en nuestro entorno orbital servirá como un ensayo crucial para los conceptos de reconocimiento rápido en misiones de defensa planetaria, una estrategia vital en caso de que fuera necesario desviar un asteroide peligroso antes de lanzar un impacto cinético.

Rumbo a la «mini-luna» terrestre

Al mismo tiempo, la agencia espacial china está lista para iniciar una de las exploraciones más inusuales jamás intentadas. A principios de julio, la sonda Tianwen-2 llegará a Kamoʻoalewa. Este cuerpo celeste no se encuentra en el lejano cinturón principal de asteroides entre Marte y Júpiter, sino que comparte una resonancia orbital de 1:1 con la Tierra, lo que significa que viaja alrededor del Sol casi al mismo tiempo que nosotros, actuando como un cuasi-satélite o «mini-luna».

Kamoʻoalewa fascina a los astrónomos porque los estudios de la luz que refleja muestran una coincidencia casi exacta con las rocas lunares traídas por las misiones Apolo. Esto sugiere que podría no ser un asteroide común, sino un fragmento perdido de la propia Luna que fue expulsado al espacio tras el impacto de un gran meteorito hace millones de años.

Órbita simulada (en rojo) de Kamoʻoalewa (2016 HO3). Crédito: JPL/NASA.

Lanzada en mayo de 2025, Tianwen-2 pasará varios meses cartografiando el terreno de este objeto del tamaño de la Estatua de la Libertad para identificar zonas seguras. El ambicioso plan de China incluye el uso de maniobras de «toque y despegue» (Touch-and-Go o TAG), combinadas con un sistema de anclaje equipado con taladros, con el objetivo de recolectar entre 20 y 100 gramos de material para traerlo de regreso a la Tierra a finales de 2027.

El viaje de Tianwen-2 no terminará en nuestro vecindario. Tras soltar la cápsula con las muestras en nuestro planeta, la sonda utilizará la asistencia gravitatoria terrestre para impulsarse hacia una región más distante: el cinturón principal de asteroides, donde buscará su segundo objetivo, el cometa 311P/PanSTARRS, al cual tiene previsto llegar alrededor del año 2035.

Más que defensa planetaria

El interés en estos cuasi-satélites tan próximos a la Tierra va más allá de la ciencia pura. Al permanecer estables y accesibles en nuestra misma franja del sistema solar, se perfilan como los candidatos ideales para la futura minería espacial de agua congelada y metales del grupo del platino, un mercado global que, según estimaciones financieras, podría alcanzar los 16.000 millones de dólares para mediados de la próxima década.

Fuente: Space/Forbes. Edición: MP.

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