A unos 73 años luz de la Tierra, el exoplaneta TOI-270 d ha sido objeto de un intenso debate científico. Si bien algunos investigadores sostenían que este mundo, aproximadamente del doble del tamaño de la Tierra, era demasiado caliente para albergar agua líquida, un nuevo análisis cambia el panorama.

El telescopio James Webb halla indicios de un océano y posibles biofirmas en el exoplaneta TOI-270 d

Interpretación artística de TOI-270 d. Crédito: NASA.

Un estudio reciente, basado en datos del telescopio espacial James Webb, refuerza la hipótesis de que TOI-270 d podría ser un mundo «hicéano»: un planeta con una atmósfera rica en hidrógeno que cubre un océano global de agua.

Un océano oculto bajo el hidrógeno

El pasado 22 de noviembre de 2025, un equipo de investigadores liderado por Savvas Constantinou de la Universidad de Cambridge presentó nuevos hallazgos que intentan definir las propiedades de este enigmático subneptuno. Según el artículo, aceptado para su publicación en la revista Astronomy & Astrophysics, los datos actuales favorecen el escenario de un planeta oceánico.

Sin embargo, este océano no sería como los de la Tierra. TOI-270 d presenta una característica fascinante debido a su anclaje de marea: una cara del planeta mira siempre a su estrella, mientras que la otra permanece en oscuridad perpetua.

Esto abre dos posibilidades para su estructura hídrica:

  • Océano global: Un cuerpo de agua que cubre todo el planeta.
  • Mundo hicéano «oscuro»: Un océano confinado principalmente al lado nocturno del planeta, donde las temperaturas permitirían la existencia de agua líquida.

La intrigante detección de sulfuro de dimetilo

Más allá de la presencia de agua, el Webb ha detectado tentativamente compuestos químicos en la profunda atmósfera de hidrógeno del planeta que han captado la atención de los astrobiólogos: etano (C2H6) y/o sulfuro de dimetilo (DMS).

Espectro de transmisión de TOI-270 d obtenido por el Webb. Crédito: S. Constantinou et al., 2025.

¿Por qué es importante el sulfuro de dimetilo? En la Tierra, el DMS es producido principalmente por organismos vivos, específicamente por el fitoplancton en los océanos. Por ello, se considera una «biofirma» potencial.

No obstante, los científicos piden cautela. La detección se encuentra en un nivel de confianza estadística de 2.1-2.5 sigma, lo que se considera una evidencia «tentativa». Este caso recuerda a la controversia del exoplaneta K2-18b, donde también se reportó la posible presencia de DMS en 2023, un hallazgo que sigue siendo debatido y verificado por la comunidad científica.

Un extraño mundo de «hielo a alta presión»

TOI-270 d es clasificado como un subneptuno: más pequeño que Neptuno pero más grande que la Tierra (con 4.2 masas terrestres). Orbita a su estrella enana roja cada 11.4 días.

Infografía del sistema TOI-270 distribuida por la NASA.

A diferencia de las supertierras rocosas, la composición interna de TOI-270 d es más exótica. Los modelos sugieren que, si existe un océano profundo, el «fondo marino» no sería de roca, sino de hielo a alta presión, comprimido por la inmensa gravedad y la atmósfera densa.

Próximos pasos

Si bien el estudio —disponible en su versión preliminar en arXiv desde mediados de noviembre de 2025— inclina la balanza hacia la existencia de un mundo acuático, la conclusión no es definitiva.

Se requerirán más observaciones de alta precisión con el Webb para confirmar si TOI-270 d es realmente un hogar para océanos alienígenas y si las trazas químicas en su atmósfera son señales de procesos geológicos o, tal vez, de algo más.

Fuente: Astrobiology. Edición: MP.

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