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Durante una reciente revisión del polémico 3I/ATLAS, el telescopio espacial James Webb consiguió capturar, por primera vez, la huella química de un visitante surgido fuera de nuestro sistema solar.

La imagen compuesta muestra tres mapas contiguos de diferentes especies químicas. Los mapas son en su mayoría rojos con un centro naranja brillante, asemejándose a nubes pixeladas que brillan sobre un fondo negro. De izquierda a derecha, están etiquetados como «agua», «dióxido de carbono» y «metano». Crédito: NASA, ESA, CSA, STScI, M. Belyakov (Caltech), I. Wong (STScI), Imagen: A. Pagan (STScI).
El descubrimiento más sorprendente ha sido la detección directa de gas metano, un elemento que jamás se había registrado en un objeto interestelar. Los análisis indican que este compuesto se encontraba sepultado bajo la superficie del cometa, lo que le permitió permanecer a salvo de la evaporación hasta que el calor del Sol penetró en las capas más profundas de su corteza helada.
La cantidad de metano hallada en relación con el agua es sorprendentemente alta, alcanzando niveles que son extremadamente raros en los cuerpos celestes nativos de nuestro entorno planetario.
Además, las observaciones confirmaron que el 3I/ATLAS es inusualmente rico en dióxido de carbono, liberando una proporción mucho mayor de este gas que los cometas comunes de nuestro sistema solar. Los científicos encargados del estudio explicaron que ambos hallazgos apuntan a «un entorno de formación y una química muy diferentes» a la de los cometas que conocemos internamente.
Las mediciones fueron posibles gracias al Instrumento de Infrarrojo Medio (MIRI) del Webb. Su espectrómetro de resolución media descompuso la luz infrarroja para mapear la distribución exacta de los gases alrededor del núcleo. De esta forma, se descubrió que mientras el vapor de agua se extiende a gran distancia debido a los granos de hielo en la coma, el dióxido de carbono y el metano se concentran firmemente cerca del núcleo.
El telescopio realizó estas observaciones en dos fechas clave, justo cuando el cometa iniciaba su viaje de salida tras rodear el Sol. La primera sesión ocurrió entre el 15 y el 16 de diciembre de 2025, a unos 330 millones de kilómetros de nuestra estrella, seguida de una segunda mirada el 27 de diciembre, a 380 millones de kilómetros.
Este revelador hallazgo, que promete transformar nuestra comprensión sobre la química cósmica y el origen de otros sistemas planetarios, fue publicado recientemente en la revista científica The Astrophysical Journal Letters.
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